El Papa a los catequistas en Inglaterra
Por Ursula Jimenez*
De los muchos discursos que el Santo Padre dio en su reciente viaje al Reino Unido quiero enfocarme en lo que nos dijo, a nosotros catequistas, indirectamente en su discurso a cuatro mil estudiantes de escuelas y universidades católicas.
El Santo Padre empezó su discurso diciendo “Espero que, entre quienes me escucháis hoy, esté alguno de los futuros santos del siglo XXI. Lo que Dios desea más de cada uno de vosotros es que seáis santos. Él os ama mucho más de lo que jamás podríais imaginar y quiere lo mejor para vosotros. Y, sin duda, lo mejor para vosotros es que crezcáis en santidad”. Y con hermosa sencillez explicó en que consiste la santidad.
El Papa les habló sobre los anhelos profundos y sobre la búsqueda de felicidad que todos tenemos. Mencionó como tendemos a buscar esa felicidad en lugares equivocados, pero que nada puede satisfacer nuestra sed de infinito solo Dios.
“La clave para esto es muy sencilla: la verdadera felicidad se encuentra en Dios. Necesitamos tener el valor de poner nuestras esperanzas más profundas solamente en Dios, no en el dinero, la carrera, el éxito mundano o en nuestras relaciones personales, sino en Dios. Sólo él puede satisfacer las necesidades más profundas de nuestro corazón”.
Benedicto XVI además les habló sobre la grandeza del amor de Dios por ellos, un amor que es profundo e intenso e invitó a responder a ese amor. Luego, el Papa dijo: “Dios quiere vuestra amistad. Y cuando comenzáis a ser amigos de Dios, todo en la vida empieza a cambiar. A medida que lo vais conociendo mejor, percibís el deseo de reflejar algo de su infinita bondad en vuestra propia vida”. La amistad con Dios nos hará mejores personas y nos ayudará a ver cosas desde una perspectiva diferente, se trabajará con mayor empeño por vivir la virtud y por amar a nuestros hermanos y hermanas. Ese es el camino a la santidad. Desde ese lugar de encuentro y amistad con el Señor, el anhelo por la propia santidad se enciende naturalmente.
Estas palabras aunque fueron dirigidas a los niños y jóvenes del Reino Unido resuenan en los corazones de cada cristiano y en especial de los que nos hemos comprometido con el Señor a predicar su palabra. Nosotros catequistas, somos los primeros que deberíamos esforzarnos por vivir el hermoso horizonte de la santidad. Si queremos que nuestros niños se encuentren de verdad con el Señor Jesús tenemos que esforzarnos primero nosotros mismos en ese encuentro con él, en ser sus amigos como dice el Papa. Y desde ese encuentro y esfuerzo por nuestra santidad personal brotará la principal fuerza de nuestro apostolado, el testimonio.
¿Que más podemos traer a nuestras clases? El concepto de santidad no es un tema común en nuestros hogares. Lo padres normalmente se preocupan porque sus hijos sean buenas personas pero no necesariamente santas, y ser santo es mucho más que ser bueno. Es ser totalmente de Dios, cumpliendo su amoroso plan por nosotros y trabajando por conformarnos cada día más con Él hasta poder decir como San Pablo “vivo yo, más no yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal. 2, 20).
Como catequistas tenemos el privilegio de poder mostrarles a nuestros jóvenes este hermoso ideal para sus vidas. Es importante explicarles qué significa ser santos, que es la única manera en que podremos ser realmente felices. La meta de la santidad no es una lección a enseñar entre otras, es un ideal que debe permear todas nuestras lecciones. Plantando esas semillas cuando ellos están pequeños los frutos de santidad florecerán cuando Dios lo permita.
Enseñar educación religiosa es hermoso y tiene muchas recompensas. La misión del catequista es darles el contenido de la fe, pero más importante que eso es ayudarlos a vivirla. Una fe integral debe ser entendida en la mente, adherida al corazón y puesta en práctica en la acción, sino, se convierte en una fe vacía que será olvidada fácilmente. El reto es muy grande, tenemos que ser creativos y apelantes, pero sobretodo tenemos que hacer nuestro mayor esfuerzo para ayudarlos a tener una relación profunda con Dios, desde Él la búsqueda por la santidad se dará naturalmente.
* Ursula Jiménez es laica consagrada de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación y trabaja como Coordinadora de Evangelización y Catequesis en la Arquidiócesis de Denver.