ADiós y Gracias
De la vida, misiones y 183,400 palabras
Por Abraham Morales
La vida es un don de Dios. Un gran regalo que nos ha dado simple y sencillamente porque tiene un amor tan grande por ti, por mí y por toda la humanidad, que quizá nos sea imposible comprender; pero tal vez no es nuestra tarea comprender ese amor, sino vivirlo, disfrutarlo y compartirlo. Uno de los frutos del amor de Dios y del amor de pareja en un matrimonio es la procreación de otro ser, el dar vida.
Recibimos la vida como ese gran regalo pero con un propósito. De ese propósito o sentido de la vida hemos conversado en distintas ocasiones en este espacio. El gran regalo de la vida pues, es sagrado y no es nuestro. Por ello es que en nuestra Iglesia Católica nos esforzamos por respetar y defender la vida “desde la concepción hasta la muerte natural”. El particular énfasis ha estado en los más desprotegidos, los niños en el vientre de su madre, y en planificación natural de la familia como signo de apertura a la vida. Sobre el aborto, a pesar de que se ha dicho tanto, es importante recordarnos que aunque sea legal matar a un ser un humano en el seno de su madre, no quiere decir que sea moralmente permitido.
No hay excusa para el asesinato de un ser indefenso. Y no es derecho de su madre el decidir si esa persona vive o no. Este mes de octubre celebramos en Estados Unidos precisamente el respeto a la vida. Seamos portadores de ese mensaje de esperanza, pero no sólo de debate o de aspectos legales, sino sobre todo de vivencia en las acciones y decisiones que tomamos en nuestras vidas. Sobre todo los padres con los hijos tienen una excelente oportunidad de, con su ejemplo, demostrar lo que significa vivir en carne propia una vida a favor de la vida en todos los aspectos.
También octubre es considerado por la Iglesia como el mes de las misiones. Es un llamado a recordar nuestra identidad cristiana, puesto por el bautismo todos somos misioneros, hemos sido llamados a llevar el anuncio del Evangelio hasta los últimos rincones de la tierra. Aunque no todos somos llamados a dejarlo todo por ir a otro país lejano a llevar el amor de Dios a través del anuncio de su Hijo, nunca olvidemos que aquellos misioneros necesitan de nuestra oración y apoyo económico para continuar la obra iniciada por Jesús, continuada por los apóstoles y ahora comisionada a todos nosotros. Oremos por todas las vocaciones, en este mes de manera especial por las vocaciones misioneras.
Y a propósito de la vida, durante los últimos 16 años tuve la oportunidad de compartir algunas palabras contigo, amable lector, a través de esta columna. Los primeros 5 años y medio en mi natal Chihuahua para el periódico de la Arquidiócesis de Chihuahua, Notidiócesis; y desde marzo de 2000 para este periódico “El Pueblo Católico” de la Arquidiócesis de Denver.
Fueron aproximadamente unas 183,400 palabras las que pudimos compartir. Lo que buscamos con estas palabras fue ante todo tratar de ayudarte a encontrar el sentido de tu vida y contribuir con ideas para que vivieras una vida feliz. Pero después de todo este tiempo y de tantas palabras, en esta última contribución para El Pueblo Católico luego de casi 11 años, además de darte las gracias de todo corazón, solo 11 palabras son las que me gustaría que pudieras, no sólo recordar, sino hacerlas realmente tuyas.
Pero antes, tengo a muchas otras personas a quien darles las gracias: a mis padres, hermanos, amigos, a mis editores, a quienes me dieron la primera oportunidad de escribir para otros jóvenes cuando tenía yo 19 años y a quienes me permitieron continuar acá cuando llegué a Denver. De manera especial le doy las gracias a mi esposa Jacqueline, por su constante apoyo, presencia y paciencia; y a mi hija de 7 meses, Gianna Saraí, quien ha sido fuente de inspiración y energía para este espacio desde mucho tiempo antes de haber nacido. Gracias a Dios por esta oportunidad de haber podido compartir este espacio y estas palabras con quienes me hacían el honor de leerlas.
He aquí pues las 11 últimas palabras para ti: “Dios te ama. Tienes todo para ser feliz, aquí y ahora.” Bueno, 3 más: “Entonces, ¿qué esperas?”
Paz,
Abraham
A nombre del Equipo de Trabajo de “El Pueblo Católico” queremos darle gracias a Abraham por más de 10 años de servicio generoso. No sólo por su prontitud en escribir todos los meses unas palabras -siempre alentadoras- para los lectores, sino por su amor a la Iglesia y su testimonio de vida cristiana. ¡Muchas gracias a ti Abraham!