Las razones de nuestro amor y devoción a la Virgen María
Este mes la pregunta viene de la Sra. Carolina Campos. ¿Por qué nosotros si veneramos a la Virgen María y los cristianos protestantes no lo hacen?*
El culto a la Santísima Virgen María se funda en la maravillosa decisión divina, como lo afirma el apóstol San Pablo, de que el Hijo de Dios, al hacerse hombre, nace de una mujer, María de Nazaret. El misterio de la maternidad divina y la cooperación de María en la obra redentora ha suscitado en los fieles de todos los tiempos la veneración hacia la mujer que engendró en el tiempo al Hijo de Dios, Salvador de los hombres Jesucristo Nuestro Señor, como lo podemos leer en los dos primeros capítulos del Evangelio según San Lucas.
Nuestro amor y gratitud a la Virgen María también va motivado por su maternidad universal, Dios la eligió como madre de su Hijo y la designó como madre de la humanidad entera, cuando en el monte Calvario, Jesús pronuncia las palabras: “ahí tienes a tu hijo” y “ahí tienes a tu Madre” como lo podemos leer en el capítulo 19 del Evangelio según San Juan.
La veneración a la Virgen María data desde los inicios de la Iglesia como queda plasmado en las palabras de Elizabeth, parienta de la Virgen María, cundo llena del Espíritu Santo ella responde al saludo de María: “Bendita tu entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿Quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a verme?” y continúa el Evangelio diciendo: “Bienaventurada tú, que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te anunciaron de parte del Señor” y otra grande prueba del culto a María es la parte del Magnificat cuando dice “desde ahora me llamarán bienaventurada todas la generaciones” todo esto lo encontramos en el primer capítulo del Evangelio según San Lucas. Entonces, los cristianos desde el inicio reconocían una grandeza única y esta grandeza sería proclamada por todos los hombres hasta el final de los tiempos.
Además de los Evangelios, tenemos testimonios de las primeras comunidades cristianas de una veneración profunda a María por su virginidad y la unían profundamente al misterio de la Encarnación. Testimonio desde el siglo III tenemos la oración “Bajo tu amparo nos acogemos…” En efecto, desde los tiempos más antiguos, se venera a la Santísi-ma Virgen con el título de Madre de Dios, bajo cuya protección se acogen los fieles suplicantes en todas sus necesidades. Ya desde el siglo II tenemos imágenes o iconos que nos hablan de la veneración a la Santísima Virgen María. En Roma, en las catacumbas de Santa Priscila, se puede admirar la primera representación de la Virgen con el Niño. Desde los primeros Padres se subraya la importancia de María en la obra de la Salvación y cómo no se separa el culto mariano del culto tributado a Jesús y que continuará a lo largo de todos los siglos cristianos.
El culto mariano se manifestó al principio con la invocación de María como “Theotókos” (Madre de Dios), título que fue confirmado en el Concilio de Efeso en el año 431.
El Concilio Vaticano II en la Constitución “Lumen Gentium” dice: “María exaltada por la gracia de Dios, después de su Hijo, por encima de todos los ángeles y hombres, como la santa Madre de Dios, que participó en los misterios de Cristo, es honrada con razón por la Iglesia con un culto especial”, continúa el documento afirmando que el culto a la Santísima Virgen, tal como ha existido siempre en la Iglesia, aunque del todo singular, es esencialmente diferente del culto de adoración que se da al Dios verdadero. La veneración de los fieles a María, aun siendo superior al culto dirigido a los demás santos, es inferior al culto de adoración que se le da a Dios, y es esencialmente diferente a éste.
Ahora bien, los fieles, cuando invocamos a María como Madre de Dios y contemplamos en ella la más elevada dignidad concedida a una creatura, no le rendimos culto igual al de las personas divinas. Hay una diferencia infinita entre el culto mariano y el que se le rinde a Dios.
Ahora, sobre la pregunta del por qué las demás denominaciones cristianas (los Ortodoxos si tienen una muy profunda veneración a la Virgen María) no rinden culto a María, pues después de saber todo lo expuesto, la verdad es que yo tampoco entiendo por qué no tienen un culto mariano.
* Agradecemos a Mons. Jorge De los Santos por su respuesta y constante colaboración con “El Pueblo Católico”.