Mes por el Respeto a la Vida
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.

Hace 12 años, este mes de Octubre, obispos americanos publicamos una Carta Pastoral llamada “Viviendo el Evangelio de la Vida”. Aún hoy, más de una década después, no se trata de un documento eclesial cualquiera. Yo creía entonces como creo ahora que es el mejor documento jamás publicado por los obispos norteamericanos sobre las prioridades de los católicos en la vida pública. Al escribirlo, los obispos quisimos aplicar la gran Encíclica del Papa Juan Pablo II “Evangelium Vitae” (El Evangelio de la Vida) a la realidad norteamericana. El corazón del mensaje, el párrafo 23, dice lo siguiente:
“La oposición al aborto y a la eutanasia no justifica la indiferencia a aquellos que sufren pobreza, violencia e injusticia. Cualquier política a favor de la vida humana debe trabajar para oponerse a la violencia de la guerra y el escándalo de la pena de muerte. Cualquier política a favor de la dignidad humana debe confrontar seriamente temas como el racismo, la pobreza, el hambre, el empleo, la educación, la vivienda y el sistema de salud. Por tanto, los católicos deberían comprometerse con entusiasmo en abogar por los débiles y marginados en todas estas áreas. Los funcionarios públicos católicos están obligados a responder a cada uno de estos asuntos en la medida en que buscan construir políticas consistentes que promuevan el respeto a la persona humana en todas las etapas de la vida”.
“Pero el estar en la posición ´correcta´ en estos asuntos jamás puede justificar una opción equivocada en el campo de los ataques a la vida humana inocente. En efecto, el fracaso en la protección y defensa de la vida en las etapas más vulnerables convierte en sospechoso cualquier esfuerzo por estar en lo ´correcto´ en otros asuntos que afectan a los más pobres y débiles en la comunidad humana. Si entendemos a la persona humana como el ´templo del Espíritu Santo´, la casa viva de Dios, entonces estos temas claramente se revelan como las columnas y las vigas de este templo. Todos los ataques directos a la vida humana inocente, como el aborto y la eutanasia, golpean los cimientos de este templo. Éstos violan directa e inmediatamente el más fundamental de los derechos de la persona humana: el derecho a la vida. El despreciar estos temas equivale a construir una casa sobre arena. Estos ataques sólo contribuyen a adormecer la conciencia social de una manera que es finalmente destructiva de otros derechos humanos” (énfasis en el original).
Esta es la razón por la que incluso en tiempos de constante fracaso económico y confusión, el aborto no es sólo uno entre otros asuntos urgentes. No puede olvidarse o cubrirse por tiempo prolongado, porque ataca a la piedra angular de toda la arquitectura de la dignidad humana. Cuando revocamos la protección legal de los niños no-nacidos, violamos el primer y más importante derecho humano, el mismo derecho a la vida. Y una vez que hacemos esto y creamos un sistema de coartadas para justificarlo, comenzamos a poner en riesgo cualquier otro derecho humano o civil.
El domingo 3 de Octubre, fue el Domingo del Respeto a la Vida. Octubre es el mes del respeto a la vida y es por tanto una buena ocasión para recordar el precioso valor de la vida humana incluso cuando esa vida está severamente discapacitada. Más del 80% de los niños diagnosticados en el vientre con el Síndrome de Dawn son actualmente “terminados” – el término antiséptico que algunos medios de comunicación usan para describir el asesinato de un inocente. Y este dato refleja algo profundamente preocupante y triste respecto a la dirección en la que va la cultura norteamericana.
El criar a un niño con discapacidades, no convierten a un padre o a una madre en candidato automático para la santidad. Pero ciertamente exige una silenciosa forma de fortaleza, sabiduría, personalidad, paciencia, sacrifico de sí mismo, confianza en Dios y discreto heroísmo. Los numerosos padres con niños con necesidades especiales que conozco, han descubierto algo importante respecto de lo que significa ser humano. La invitación de Dios a amar a un niño incapacitado cuyas imperfecciones son tan obvias, es su manera de hacer crecer nuestros corazones para que nos amemos unos a otros. A nosotros que frecuentemente llevamos nuestras propias imperfecciones, igualmente reales e igualmente discapacitantes, ocultas en nuestro interior.
Siempre hay dos tragedias en todo aborto: el asesinato de un niño no-nacido y el asesinato de la oportunidad de amar.