La Adoración Eucarística y los Dogmas
Pregunta la Sra. Petra Pérez de la Parroquia St.Therese, Aurora.
En México, teníamos la hermosa tradición de asistir todos los jueves y los primeros viernes de cada mes a una hora de Adoración Eucarística. Es una tradición que extraño mucho y quería saber primero si acá también tienen esa tradición y de dónde nace.
Desde el inicio de la Iglesia de Cristo, “la Eucaristía es la fuente, el centro y el culmen de toda la vida de la Iglesia”. Como memorial de la pasión y de la resurrección de Cristo Salvador, como sacrificio de la Nueva Alianza, como signo y causa de la unidad de la Iglesia, como actualización perenne del Misterio Pascual, como Pan de Vida eterna y Cáliz de Salvación, indudablemente la Eucaristía es el centro de la vida cristiana.
La devoción individual de ir a orar ante el Santísimo Sacramento tiene un precedente histórico en el monumento del Jueves Santo. La Iglesia celebra la institución de la Eucaristía el Jueves Santo y es por eso que tradicionalmente los jueves es el día dedicado a todo lo que se refiere a la Adoración Eucarística, incluso el día de Corpus Christi (Cuerpo de Cristo) es celebrado en jueves.
Los últimos ocho siglos de la historia de la Iglesia nos muestran que en los fieles católicos hay un crecimiento notable en la devoción a Cristo, presente en la Eucaristía.
El culto a la Eucaristía fuera de la Misa es parte de la piedad común del pueblo cristiano. Muchos fieles practican diariamente la visita al Santísimo. En las parroquias, con el rosario, viene a ser común la Hora Santa, la Exposición del Santísimo diaria o semanal, por ejemplo, en los jueves eucarísticos.
Hasta hoy, la piedad eucarística cumple una función providencial de la máxima importancia: confirmando la fe de los católicos en la amorosa presencia real de Jesús resucitado.
Muy probablemente la adoración eucarística en los primeros viernes de mes está asociada con la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Pregunta la Sra. Guadalupe de Alba de Saint John the Baptist, Longmont.
¿Qué son los dogmas y por qué debemos creer en ellos?
Entendemos por dogma una verdad que pertenece al campo de la fe o de la moral, que ha sido revelada por Dios, transmitida desde los apóstoles ya sea a través de la Escritura, ya sea a través de la Tradición, y propuesta por la Iglesia para su aceptación por parte de los fieles. En otras palabras podemos decir que “dogma” es una verdad revelada definida por la Iglesia.
Una verdad revelada se convierte en dogma cuando es propuesta por la Iglesia por medio de su Magisterio ordinario o su oficio de enseñar. El concepto de dogma, entonces, abarca una doble relación: con la revelación divina y con la enseñanza autorizada de la Iglesia. Toda doctrina definida por la Iglesia como algo contenido en la revelación se debe aceptar como algo formalmente revelado. Entonces, a partir de la definición del dogma de parte de la Iglesia, una vez que nuestra mente ha aceptado que Él nos habla, quedamos obligados a dar a Dios el honor de nuestro asentimiento a la verdad revelada.
Al hablar del dogma presuponemos la aceptación de la doctrina de la infalibilidad del oficio de enseñar de la Iglesia y del Pontífice Romano. Ahora pues, tomemos en cuenta estos dos puntos:
• La interpretación de la Escritura no está basada en el criterio individual, sino que la Iglesia y el Sumo Pontífice han sido revestidos por Dios con el privilegio de la infalibilidad para poder llevar a cabo su función como maestros universales en las esferas de la fe y de lo moral. Esta necesidad lógica constituye un argumento irrefutable de que los dogmas definidos y enseñados por la Iglesia son las verdades contenidas en la revelación divina.
• La fe católica sostiene que existen y existirán verdades eternamente inmutables como las que afirman que hay tres Personas en un solo Dios, que Cristo murió por nosotros, que resucitó de entre los muertos, que fundó la Iglesia, que instituyó los sacramentos. Podemos distinguir entre las verdades en si mismas y el lenguaje en el que estas se expresan. Puede ser que el significado pleno de ciertas verdades reveladas emerja sólo paulatinamente, pero la verdad permanece siempre. Puede variar el lenguaje, o puede ser que éste sea usado con diferente significado, pero siempre se podrá llegar a saber qué sentido se les dio en el pasado a las palabras.
Las verdades reveladas que componen la definición de nuestra doctrina de la fe son el sello característico del nuestro ser como católicos.
“El Pueblo Católico” agradece a Mons. Jorge De los Santos por sus respuestas.
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