
La Verdad nos hace libres
Predicando a Jesucristo con toda la energía de nuestras vidas
La columna del arzobispo de este mes, es un resumen y adaptación de los comentarios que pronunció el 24 de agosto durante la XV reunión de la Asociación de Derecho Canónico de Eslovaquia, bajo los auspicios de la Conferencia Episcopal Eslovaca.
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.

Vivimos en una época en que la Iglesia está llamada a ser una comunidad creyente de resistencia. Necesitamos llamar a las cosas por su verdadero nombre. Necesitamos combatir los males que vemos. Y más importante aún, no debemos engañarnos a nosotros mismos, pensando que al seguir las voces del secularismo y la descristianización podemos de alguna manera mitigar o cambiar las cosas que están mal. Sólo la Verdad nos hace libres. Necesitamos ser apóstoles de Jesucristo y de la Verdad que Él encarna.
¿Qué significa esto para nosotros como discípulos? Permítanme darles algunas sugerencias.
Mi primera sugerencia proviene del gran testigo luterano que denunció el paganismo del Tercer Reich, Dietrich Bonhoeffer: “la renovación del mundo occidental depende exclusivamente de la renovación divina de la Iglesia, que la conduce a la fraternidad de Jesucristo vivo y resucitado”.
El mundo necesita urgentemente un despertar de la Iglesia a través de nuestras acciones y de nuestro testimonio público y privado. El mundo necesita que cada uno de nosotros logre una experiencia más profunda del Señor resucitado en compañía de nuestros hermanos en la fe. La renovación de Occidente depende decisivamente de nuestra fidelidad a Jesucristo y a su Iglesia.
Necesitamos creer verdaderamente en lo que decimos que creemos. Luego necesitamos demostrarlo a través del testimonio de nuestras vidas. Necesitamos estar convencidos de las verdades del Credo para que estemos verdaderamente encendidos por vivir estas verdades, por amar estas verdades y por defender estas verdades incluso hasta el punto de nuestra propia incomodidad y sufrimiento.
Somos embajadores de un Dios viviente ante un mundo que está a punto de olvidarlo. Nuestra tarea es la de hacer a Dios real, la de ser el rostro de su amor y proponer una vez más a los hombres y mujeres de hoy el diálogo de la Salvación.
La lección del S XX es que no existe la gracia a bajo costo. Este Dios en el que creemos. Este Dios que tanto amó al mundo que envió a su único Hijo a sufrir y morir por Él. Exige que vivamos el mismo tipo de vida intensa y sacrificial que nos mostró el mismo Jesucristo.
La forma de la Iglesia y la forma de cada vida cristiana es la forma de la cruz. Nuestras vidas deben convertirse en liturgia, en un ofrecimiento de nosotros mismos que haga realidad el Amor de Dios y la renovación del mundo. Los grandes mártires eslovacos del pasado sabían esto. Y mantuvieron esta Verdad viva incluso cuando el amargo peso del odio y el totalitarismo oprimió a su pueblo.
Estoy pensando especialmente en sus heroicos obispos de la era soviética como los beatos Vasil Hopko y Pavel Gojdic, y la heroica religiosa beata Zdenka Schelingová.
Necesitamos mantener este hermoso mandato de la hermana Zdenka cerca de nuestros corazones:
“Mi sacrificio, mi Santa Misa comienza en la vida diaria. Desde el altar del Señor voy al altar de mi trabajo, yo debo ser capaz de continuar el sacrificio del altar en toda situación, es Jesucristo a quien debemos proclamar a través de nuestras vidas. A él le ofrecemos el sacrificio de nuestra propia voluntad”.
Prediquemos a Jesucristo con toda la energía de nuestras vidas y animémonos mutuamente, a cualquier costo, de tal manera que formemos parte de los que son del Señor, para que así seamos contados entre los fieles y valientes, y no los cobardes o evasivos, o aquellos que concedieron tanto hasta el punto que ya no quedaba nada de sus convicciones; o aquellos que fueron silenciosos cuando debieron haber pronunciado la palabra correcta en el momento correcto.