Todos debemos ser pro-vida
Por Luis Soto
Hace unos meses me encontré conversando con una persona cuya identidad prefiero guardar. La conversación se convirtió en un diálogo sobre el tema del aborto. Yo le dije, “no puedo entender lo que hacemos como sociedad, aprobamos el aborto para niñas menores de 18 años, pero no les permitimos comprar una cerveza”. Esta persona me miró y me dijo calmadamente, “¿Y qué es peor?”. Sin duda que para ella lo segundo es peor que lo primero.
Como católico está claro que no apruebo el matar a ningún ser humano, no importa su edad, condición, situación, o posibilidades de sobrevivir. Creo que Dios es el Dios de la vida, el dador de la vida, es suya y la da y la quita. Pero aún sin usar mi fe, el aborto no tiene sentido. Como humanidad, creemos que el más grande de todos los derechos, aquél que sustenta cualquier otro, es la vida. ¿Para qué luchar por justicia, por salud, por bienestar, educación, por inmigración, si ni siquiera tenemos derecho a vivir? La vida es el valor que fundamenta todos los demás que pueda pensar. Simplemente no tienen sentido las hipocresías que vivimos como sociedad. Formulamos leyes que protegen los huevos de tortuga, o los del águila. O creamos organizaciones que defienden la vida de animales, pero difícilmente vemos a esos mismos defendiendo la vida de seres humanos. Algunos dirán que es por estar en peligro de extinción, como alguien me argumentó una vez, pero alguien podría decirme ¿cuántos habitantes seremos para considerarnos que estamos en peligro de extinción?
El principal argumento parece ser que la mujer tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que le plazca. Y en cierto sentido estoy de acuerdo. El problema es que el bebé que vive en el cuerpo de la madre, y digo la madre, no sólo la mujer, dado que no es una mujer cualquiera, sino una madre, no es el cuerpo de la madre, es un ser independiente, con una formación genética única, irrepetible, perfecta, una creación de Dios. Todos sabemos que humanamente, ni se diga desde la fe en nuestro Dios, que matar es pecado, es un daño a la sociedad y a la vida misma que Dios ha creado, pero ¿a partir de cuando el matar a un bebe se convierte en algo aceptable? Algunos dirán que para qué traer niños al mundo si van a sufrir.
Pero el asunto es muy simple, matemos entonces a todos los elefantes, así no sufrirán la matanza de cazadores para robarles sus colmillos, para que no sufran. Pero no, al contrario, creamos leyes para proteger a los elefantes y mantenerlos vivos. Cuánto más con los seres humanos, si es lo que nosotros somos.
Como dije, matar es pecado, y no sólo pecado desde la fe, es un delito, es un crimen. Si tomo a un niño de 6 meses de nacido y lo mato, me voy a la cárcel. No importa si digo que la madre no podía mantenerlo, o no estaba casada, o se arrepintió. Digamos que puedo regresar el reloj un poco más, y el bebe en lugar de seis meses de edad, tiene diez días, ¿puedo matarlo? O bien, sigamos con ese ejemplo, el bebe tiene diez minutos de nacido, ¿puedo matarlo? Y si me regreso veinte y me encuentro con el bebé diez minutos antes de nacer, cuando el bebé está tratando de salir del vientre materno, ¿puedo matarlo? Y si me voy más atrás, tres meses antes de nacer, entonces ¿ya puedo matarlo? O si bien me voy seis meses antes de nacer, ¿puedo matarlo ya? La respuesta a todas esas preguntas, obviamente será no, es el mismo ser vivo, simplemente en diferentes etapas de gestación. Ni siquiera puedo argumentar que es que no puede valerse por sí mismo, que depende de la madre, dado que sabemos que el ser humano necesita a la madre hasta varios años de vida. Somos los más endebles de los seres.
Parece que el tema es claro, al menos para mí, pero como sociedad seguimos insistiendo en derechos que no existen, tal como el derecho a matar, algo que no tiene sentido.
Como hispanos, creo que no hemos despertado la conciencia a la importancia y trascendencia de este problema. Tiene implicaciones de todo tipo, sociales, políticas, religiosas, humanas, familiares, de salud, etc. Está claro que es el momento que los hispanos nos hagamos oír en este importante tema. Hay muchos que nos lo quieren presentar como algo normal, como algo de sociedades modernas, pero no puede ser. Está al corazón de nuestra esencia como humanos, como cristianos. El asunto no es exclusivo de aquellos envueltos en movimientos pro-vida, es de todos y espero que todos nos hagamos presentes.
Quiero terminar compartiendo que mi esposa y yo estamos esperando nuestro tercer hijo o hija. Como algunos saben, tenemos dos varones, ya veremos si Dios nos concede ser padres de una niña, será su voluntad. Felicidades a todas las mujeres embarazadas, las que están colaborando con Dios en la obra maravillosa de la creación. Sobre todo, un beso y felicitaciones para mi esposa y mis hijos. Estamos listos para decirle que sí a la vida, los invito a hacer lo mismo en todos los niveles y momentos.
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