Tu Iglesia Responde
De ahora en adelante, consúltanos sobre cualquier pregunta que tengas sobre tu fe o tu vida. Nuestros expertos te responderán en esta nueva sección “Tu Iglesia Responde”.
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¿Cómo explico a mi hija, que contraiga matrimonio con su pareja?
Nada que se refiera a la fe debe ser impuesto por obligación, y esto vale especialmente para todos los sacramentos, la aceptación debe ser libre, de corazón, por lo tanto para atraer el corazón de alguien, hacer que algo le guste a una persona o desee eso que le proponemos, lógicamente primero hay que mostrar la bondad, lo bello, las cualidades y las ventajas precisamente de lo que le proponemos.
Yo creo que honestamente, debemos presentar el valor y la belleza de los tesoros de nuestra fe como lo que son, son de alta dignidad porque son muy buenos, todo lo que Dios hace es muy bueno; son hermosos, todo lo que Dios hace es bello; son útiles, todo lo que Dios hace es para nuestro bien; son sublimes, pues nos unen con Dios; trascienden el espacio y el tiempo, pues nos conducen a la vida eterna; fueron hechos por Dios precisamente para exaltar nuestra dignidad de ser sus hijos e hijas.
No hay duda que fuimos creados por Dios y los hombres y las mujeres hemos recibido una dignidad especial, fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y aún más, fuimos adoptados como hijos e hijas de Dios, aquí radica nuestra grande dignidad, por lo tanto el trato de nosotros mismos y nuestro trato hacia los demás debe ser en ese marco de respeto de la alta dignidad de la persona ya sea como valorarse a sí mismos como valorar a los demás. Después de la creación el Señor dijo: “por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán un solo ser”. Nosotros no sólo somos parte de la creación sino que somos parte de la Nueva creación realizada en Jesucristo, quien haciendo referencia a la cita anterior Él mismo agrega: “por eso lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”, si es Dios el que une, el matrimonio es una obra de Dios, él une con su bendición el consenso de amor de los cónyuges, esto es el matrimonio. El matrimonio es una bendición de Dios, rechazar el sacramento del matrimonio es rechazar la bendición de Dios.
Dios habla de una unión verdadera que es muy diferente a juntarse; juntar es poner una persona o una cosa cerca de otra persona o cosa; en cambio unir significa formar UNO, una unidad, y esta unidad sólo puede ser obra de Dios y fruto del amor. Formar una familia es algo muy grande y muy importante, es de las decisiones más importantes en la vida de ser humano y el objetivo de la pareja y de la familia no es el estar juntos o cerca el uno del otro sino es el formar una verdadera unidad de amor. El formar una familia no es un juego, es muy importante, las personas no son un juguete para experimentar “a ver si funciona”, como personas se merecen seriedad y respeto, las cosas serias y respetables son las que permanecen, las cosas no serias son las pasajeras, por eso el sacramento del matrimonio tiene el sello de permanente.
Esto es lo que nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica acerca del sacramento del Matrimonio: “La Sagrada Escritura se abre con el relato de la creación del hombre y de la mujer a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26- 27) y se cierra con la visión de las “bodas del Cordero” (Ap 19,7.9). De un extremo a otro la Biblia habla del matrimonio y de su “misterio”, de su institución y del sentido que Dios le dio, de su origen y de su fin, de sus realizaciones diversas a lo largo de la historia de la salvación, de sus dificultades nacidas del pecado y de su renovación “en el Señor” (1 Co 7,39) todo ello en la perspectiva de la Nueva Alianza de Cristo y de la Iglesia (cf Ef 5,31-32).
“La íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias, se establece sobre la alianza del matrimonio... un vínculo sagrado... no depende del arbitrio humano. El mismo Dios es el autor del matrimonio” (GS 48,1). La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador.
(Agradecemos a Mons. Jorge De los Santos, Vicario para el Ministerio Hispano)
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