La necesidad de vivir la honestidad entre todos
Una virtud que implica que la persona se comporte y exprese con coherencia y sinceridad en unidad con los valores de verdad y justicia
Por Jorge Luna

Hace un par de años, una persona que jugaba la lotería cada semana encargaba al dueño del kiosco donde compraba los boletos que le jugara cada semana la misma combinación. El apostador pasaba cada sábado por el kiosco para pagar el billete de la lotería. Una semana, la combinación que jugaba este señor ganó un premio substancial y el dueño del kiosco en vez de ir a cobrar el premio, esperó al sábado para entregarle el billete al señor que jugaba la combinación todas las semanas.
Cuantas veces leemos este tipo de noticias, donde se nos cuenta acerca de la honestidad de una persona. Y si bien es cierto resulta gratificante leer este tipo de noticias. Da la impresión de que la virtud de la honradez es algo excepcional digno de resaltar, en vez de ser algo común en nuestra sociedad.
Sería bueno preguntarnos, ¿qué hubiéramos hecho nosotros si hubiésemos estado en la misma situación? ¿Hubiésemos cobrado el billete de la lotería para nosotros mismos, o no? ¿Hubiésemos optado por hacer lo que es justo y debido por encima de nuestro propio beneficio? ¿Cuán distinto sería el mundo si siempre optáramos por hacer lo mejor en vez de hacer lo que más nos conviene? De eso precisamente se trata la virtud de la honestidad.
¿En qué consiste esta virtud?
La honestidad es una de las características más apreciadas en una persona. ¿A quién no le gustaría estar rodeado de personas honestas, de personas en las cuales uno puede confiar? Sin embargo, la honestidad no parece estar muy difundida, pareciera que las personas honestas que conocemos fueran la excepción y probablemente todos estemos de acuerdo en que este no debería ser el caso. Todos tenemos la obligación de cultivar esta virtud.
Cuando nos referimos a alguien honesto normalmente nos referimos a alguien que dice la verdad, o alguien que ha actuado sin esconder nada, sin falsedad. O también a alguien que no se ha aprovechado de la situación para su propio beneficio, sino que ha hecho lo que estaba correcto o lo que era mejor para la sociedad.
Estos varios matices en el significado de la virtud implican que la persona honesta se comporte y se exprese con coherencia y sinceridad, y de acuerdo con los valores de verdad y justicia. Para esto la persona debe conocer y estar formada en la verdad. La verdad acerca de sí mismo y de la realidad que lo rodea. Y de poseer un adecuado discernimiento para poder decidir que es lo justo en cada situación que se le presenta.
Así vemos que en un primer sentido la honestidad requiere un respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas. Y en un sentido más amplio la honestidad también implica las relaciones entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo. Así vemos que la virtud es esencial en el aspecto relacional, ya que alguien honesto es alguien en quien podemos confiar porque sabemos que no va a esconder cosas de nosotros, alguien que va a actuar con transparencia, y a quien podemos conocer, alguien que no tiene doblez; por lo tanto alguien que nos brinda seguridad.
Esta cualidad humana que nos gustaría ver en todos los demás, hay que empezar por vivirla en primera persona. Y para hacerlo podemos distinguir dos dimensiones.
Medios para vivir la honestidad
La primera dimensión es formarnos. Para esto es necesario aprender a pensar siempre con objetividad, siempre buscando la verdad, formar adecuadamente nuestra conciencia. También necesitamos aprender a discernir que es lo justo, que es lo correcto, cual es la forma en la cual debemos actuar en las distintas situaciones. Parte de este conocimiento ya está inscrito en nuestro corazón, en nuestra conciencia, en nuestra naturaleza humana, pero también tenemos que esforzarnos por seguir creciendo en nuestro entendimiento de la verdad y de la justicia. No podemos olvidar que nuestra naturaleza ha sido opacada por el pecado y es necesario reconciliarla de acuerdo al ejemplo del Señor Jesús, modelo de toda virtud.
La segunda dimensión es el acostumbrarnos a actuar de acuerdo a lo que descubrimos como verdadero y justo. Debemos acostumbrarnos a ser coherentes con nuestra conciencia y con nuestros valores. Es en este sentido que entendemos que una persona honesta es coherente entre lo que piensa y cree y la manera en la cual actúa.
Así, el ejercicio de la honestidad nos debe llevar a hablar con sinceridad, incluso reconociendo nuestros errores y faltas, a actuar con transparencia, a no buscar nuestro beneficio por encima de los demás, a ser fieles a nuestros compromisos asumidos, a buscar siempre la justicia con generosidad. En el fondo la honestidad nos lleva a demostrar un profundo respeto por nosotros mismos y por los demás.
Esta cualidad humana, este valor, para que se convierta en virtud, en actitud de vida, la debemos ejercitar constantemente, hasta que se convierta en parte de nuestra propia naturaleza, hasta que sea la forma en que actuemos siempre. Y para esto debemos de ejercitarla tanto en situaciones importantes como en las más sencillas de nuestras vidas, en aquellas en las que nadie nos ve.
Nos queda claro, pero no está demás decirlo que nuestra sociedad sería muy distinta si esta virtud fuera más practicada. Como ya lo mencionamos, la honestidad es una condición fundamental para las relaciones humanas en todos los niveles, en especial para la amistad y para toda auténtica vida comunitaria. Debemos vivir la honestidad en nuestra relación con Dios, con nosotros mismos y con los demás. Si así lo hacemos seremos reconocidos como personas íntegras, rectas, decentes, y justas.
Con esto en mente debemos pensar en las maneras concretas en las cuales podemos crecer en esta virtud en los tres ámbitos relacionales que hemos mencionado mas arriba: con Dios, con nosotros mismos y con los demás.
Debemos desterrar de nuestras vidas todas aquellas cosas que nos lleven a actuar de manera contraria a la referida virtud. Debemos desterrar todo aquellos que nos lleve a ser deshonestos, a mentir, a estafar, a sacar provecho de los demás. Ya que la deshonestidad al final lo único a lo que nos lleva es a la infelicidad. Si somos deshonestos no vamos a estar en paz con nosotros mismos, ni con Dios y vamos a romper muchos de nuestros lazos de cercanía, amistad, confianza y respeto con los demás. Y al final, ese aparente bien que nos hace justificar nuestros actos deshonestos no hace más que llevarnos a la más profunda soledad e infelicidad.
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