
La estructura de la Iglesia
Las Cortes, Los obispos norteamericanos y la Santa Sede
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.

En el mundo de la estructura de la Iglesia, la provincia de Denver incluye las Diócesis de Pueblo y Colorado Springs en Colorado y la Diócesis de Cheyenne en Wyoming, y la sede metropolitana (o mayor) de la provincia: la Arquidiócesis de Denver. Eso hace que el obispo de Denver sea un “arzobispo” y como arzobispo, nunca pasa mucho tiempo sin que por lo menos dos o tres fieles insatisfechos crean que yo tengo la autoridad para “poner en línea” a su encargado de liturgia o director o párroco, o algún otro problema local, dentro de la provincia, pero fuera de mi diócesis.
Suelen irritarse aún más cuando se enteran que no tengo ni autoridad, ni la falta de sentido común como para interferir en la vida de otra hermana Iglesia local. Tampoco voy a entrometerme en el ministerio de otro hermano Obispo. El título de “arzobispo” ciertamente implica algunos derechos y deberes en la vida de la provincia, pero éstos están estrictamente limitados. En realidad cada diócesis es una comunidad separada y autónoma de creyentes católicos. Cada obispo en una provincia es un igual. Cada uno es sucesor de los apóstoles. Y cada uno es la suprema autoridad de enseñanza y gobierno en su propia Iglesia local.
Obviamente, el Obispo de Roma es único y diferente: él es el primero entre los hermanos; sin embargo también tiene la autoridad real como Pastor de toda la Iglesia. Pero él no es una especie de “gerente general” global y los obispos católicos no son, ni nunca han sido, sus agentes o “empleados”.
Esto es importante recordar hoy en día cuando existen abogados que astutamente están tratando de arrastrar al Vaticano en el drama de los abusos sexuales de la Iglesia en Estados Unidos. En el caso legal llamado O’Bryan vs. la Santa Sede, actualmente discutido en la Corte Distrital de Kentucky, los abogados de los acusadores están tratando de interrogar a funcionarios del Vaticano, incluyendo potencialmente al mismo Papa para determinar qué es lo que habían y supuestamente ignoraron o cubrieron respecto del manejo de los casos de abusos sexuales de obispos norteamericanos. El argumento legal se basa en la premisa de que los obispos son, en la práctica, empleados o funcionarios controlados por Roma. Pero este argumento no sólo es falso en su práctica, sino que es revolucionario en sus consecuencias. En la práctica, está tratando de redefinir la naturaleza de la Iglesia para favorecer a los abogados de los acusadores, definición que es totalmente ajena a la actual estructura e identidad. Para ponerlo en otras palabras, los abogados quieren que una Corte Federal le diga a la Iglesia qué es lo que realmente es. Le parezca a la Iglesia o no, para luego penalizarla por aquello que la Iglesia no es.
Cada Obispo de los Estados Unidos tiene un amor filial por el Santo Padre y un respeto fraterno por sus hermanos obispos. Pero estas palabras de tono familiar -filial, fraternal, hermano- no son una simple pantalla. Ellas van al mismo corazón de cómo la comunidad católica entiende y se organiza a sí misma, y aún más importante, cómo la Iglesia se conduce, guiada por su propia teología y su propia ley canónica”. La Iglesia es mucho más próxima a una suerte de confederación de familias que a una corporación moderna. Y esto tiene consecuencias reales y cotidianas. En la práctica la influencia de la Santa Sede en la vida diaria de la Arquidiócesis de Denver es fuente en materias de fe y moral. Estamos profundamente agradecidos por el liderazgo y las maravillosas enseñanzas del Santo Padre, pero en las decisiones operativas de nuestra Iglesia local la influencia de la Santa Sede es remota. En 22 años como obispo, mis problemas jamás han incluido un Vaticano que sea intrusivo o controlista.
Vivimos en tiempos irónicos. Los detractores de la Iglesia católica en el siglo XIX solían conjurar una Iglesia romana monolítica para asustar a las masas protestantes norteamericanas. Hoy en día, cuando el espantapájaros romano es menos creíble, prefieren la idea de una Iglesia católica como un monolito controlado por el Vaticano, sin importar, cuan lejos ese mito está de la verdadera vida de la Iglesia, con tal que sea bueno para demandarla.
El texto original y completo se publicó en la edición del 26 de Mayo de la página web “First Things On the Square”. Publicado con permiso de “First Things First.”