Hablar y escuchar
De la importancia del silencio en tu vida
Por Abraham Morales
Vivimos rodeados de tantos sonidos, ruido, voces, aparatos electrónicos que aún cuando estamos solos, realmente no lo estamos porque siempre algo a nuestro alrededor está encendido, sonando; incluso en el auto cuando vamos manejando solos. Son realmente pocos los momentos que en estos tiempos modernos nos damos para apreciar algo tan básico pero elemental como lo es el silencio.
¡Y vaya que necesitamos el silencio! Más de lo que crees, y voy a tratar de explicarme en dos aspectos: silencio fuera de nosotros para encontrar paz, para interiorizar, para dedicarle ese tiempo de comunicación con Dios; y silencio de parte nuestra, para escuchar mejor, pero también para no dañar o arruinar algo con nuestra arma más peligrosa: las palabras.
En el proceso de comunicación, tú sabes, el que nos enseñan desde chicos que hay un emisor, un receptor y un canal, se considera que hay dos tipos de ruido que interfieren con la comunicación: ruido físico y ruido interno (también le llaman barreras). El físico es fácil de definir: que la TV esté prendida cuando te quiera hablar tu mamá y que tú veas a la TV en lugar de ponerle “mute” y voltear a verla y escucharla, ese es ruido físico. El ruido interior, usando el mismo ejemplo, sería que al momento que ella habla tu mente esté en otro lado y tengas una predisposición a no escucharla y sus palabras se escuchen en ti como hablaban los adultos en los comics de Peanuts (Charlie Brown): como un trombón desafinado, “mwa mwa”. Para encontrar el silencio necesario en nuestra vida para estar con nosotros mismos, Dios con nosotros y nosotros con Dios, necesitamos apagar todos esos ruidos de vez en cuando, sobre todo los internos que nos desvían del silencio o de la interiorización. ¿Te ha pasado que comienzas a rezar un Padre Nuestro y de pronto olvidas por donde ibas o comienzas a pensar en mil cosas diferentes? A eso me refiero.
Y si estamos hablando de un proceso de comunicación, con quien sea, con otra persona, contigo mismo, o con Dios, el silencio va ser clave para que esa comunicación sea efectiva, porque a través del silencio rompes las barreras que estorban para que el mensaje llegue del emisor al receptor. Tú, mejor que nadie, conoce cuales son las barreras o los ruidos que impiden que el silencio tenga un lugar en tu vida. Así que sin temor, a enfrentarlos y tratar de darle espacio a ese silencio necesario. Y digo sin temor porque sé de gente que le tiene miedo a estar en silencio, que siempre “necesita” algún ruido de fondo.
Y sobre el otro silencio, el que necesitamos hacer con nuestra boca para saber escuchar, ¡cómo nos hace falta en nuestra sociedad actual! Con eso que ahora puedes decir lo que piensas o sientes de manera inmediata actualizando tu facebook o en tu twitter, nos es más difícil callar, esperar, ser prudentes y reflexionar antes de decir una palabra. Es interesante que ahora haya páginas web y secciones en las revistas que destacan las metidas de pata de la semana sobre lo que políticos, o personajes conocidos, dicen y luego se echan para atrás. Lo que son las cosas. Hoy las figuras públicas pueden desmentir, o bien ofrecer disculpas que se ven más falsas que nada. Pero por qué no mejor tomar una pausa, como en la música, para que las notas, palabras, salgan mejor, sobre todo mejor pensadas; así nos evitamos ofensas, calumnias, sentimientos heridos. Para eso también necesitamos el silencio.
El silencio para escuchar pudiera resultar más simple, pero no lo es tanto cuando tenemos ruido dentro de nosotros hacia la otra persona. Dicen que el mejor amigo es que es capaz de escuchar con un rostro de empatía, que no juzga o se acelera.
Te dejo con dos máximas para tu reflexión sobre este tema del silencio; la primera es origen árabe y la segunda del escritor norteamericano Ernest Hemingway: “No abras los labios si no estás seguro de que lo que vas a decir es más hermoso que el silencio”. “Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar”.
Paz,
Abraham
Si deseas escribirle a Abraham lo puedes hacer a: paz_abraham@hotmail.com
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