
Sólo en Dios está puesta nuestra esperanza
Por Mons. Jorge De los Santos
En el Evangelio según san Mateo, en el capitulo 11 encontramos el pasaje que dice: “Vengan a mí todos lo que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Tomen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón y así encontrarán alivio”. No es nada nuevo que muchos de nosotros nos encontramos en una situación de aflicción y agobiados por el peso del sufrir. Pero para un verdadero católico el momento de fuego y de dolor lejos de separarlo de su Señor, lejos de hacerlo renegar de Él, lejos de hacerlo desconfiar de su amor y misericordia, esas circunstancias difíciles lo unen aun más fuerte a su Dios y Señor, lo hacen depositar en Él toda su confianza con mayor fuerza, lo hacen depender de Él totalmente y en Él refugiarse, hacen que su fe se fortalezca, lo hacen esperar con mayor certeza en el cumplimiento de las promesas del Señor. El verdadero católico en el momento de la prueba y del dolor se fortalece en su fe y aprende a no depositar su confianza en el poder de los hombres, sino a confiar solamente en el poder de Dios.
A propósito del pasaje del Evangelio antes citado, en una ocasión una persona me cuestionaba molesta: “¿Cómo es posible que en los momentos difíciles el Señor nos agregue un yugo? Por muy ligero que sea no deja de ser un yugo”. En ese momento, al ver el dolor interior de esa persona, mi mente se fue hacia los campos de cultivos de nuestros pueblitos de origen y me imagine a una yunta de bueyes unidos por un yugo para arar la tierra. Le di esa interpretación alegórica al pasaje evangélico y le respondí a la persona: el Señor te ve que estas solo en ese campo para arar tan lleno de problemas y se pone el “yugo” para estar contigo, para ayudarte a “arar” para que no lleves tu solo el peso de la fatiga, para que con su esfuerzo tu carga sea más ligera, es el Señor que se hace presente cuando más lo necesitamos, es el Dios que no nos abandona a nuestra propia suerte, pero para esto, debes dejarte que te ponga su yugo, y eso es algo que muchos rechazan y se quedan con el peso de su angustia lamentándose en su soledad.
Sé que son tiempos difíciles para nosotros los inmigrantes, pero este es justamente el momento de levantar la cabeza y seguir adelante con la mirada fija en el que todo lo puede, dejando nuestras cargas en sus manos con la plena confianza de que Él esta allí a nuestro lado, con nosotros, es un acto de confianza en Aquel que me ha creado y en el que está puesta toda mi esperanza. Espero en Él porque todo lo que tengo lo he recibido de su bondad, mi esperanza esta puesta en Aquel que nos consuela y nunca nos defraudará, es un acto de confianza basado en el amor infinito que Él nos tiene, un amor que tiene su origen desde la eternidad, un amor que lo llevó a entregar su vida para salvarnos, confío en Él porque me ama tal y como soy. Mi esperanza y mi confianza descansan en Dios, no es tanto la convicción de que mis planes se cumplirán, sino es la certeza de que el plan de Dios se consumará, la esperanza la vivo como presencia de quien lo es todo en esta vida. No es una esperanza que se identifica con la espera entendida como postura pasiva, pues cuanto más valioso es lo esperado, más activo estoy para acogerlo.
El hombre de fe y lleno de esperanza no tiene miedo, el temor no lo hace desfallecer porque aún en medio de la tempestad siente la presencia de quien lo cuida y lo protege.
En la Vigilia de oración para pedir por la fe, la esperanza y la confianza entre los fieles inmigrantes promovida en esta Arquidiócesis la reflexión estaba inspirada en la lectura de profeta Isaías del capitulo 41 que dice: “Pero tu Israel, eres mi siervo. Tú eres mi elegido, pueblo de Jacob, raza de Abraham, mi amigo, yo te traje de los confines de la tierra. Te llamé de una región lejana, diciéndote: ‘tu eres mi siervo, yo me fije en ti y te elegí.’ No temas, pues yo estoy contigo; no mires con desconfianza, pues yo soy tu Dios; yo te he dado fuerzas, he sido tu auxilio y con mi diestra victoriosa te he sostenido.” La Palabra de Dios nos está hablando directamente a nosotros que como su Iglesia somos su nuevo pueblo elegido, si somos sus fieles servidores entonces somos sus amigos esos que llegaron de tierras lejanas, no tengamos miedo pues Él está con nosotros, Él nos sigue dando la fuerza y siempre será nuestro auxilio.
Sólo en Dios está puesta nuestra esperanza.