
¡Padre por toda la vida!
Fernando Aguirre, es de Hidalgo del Parral, Chihuahua, tiene 12 años viviendo en Colorado y es parroquiano de Reina de la Paz. Hace 5 años se casó con Liliana Flores, coordinadora de Pastoral Juvenil Hispana de la Arquidiócesis de Denver, a quien Fernando describe como la “mujer que Dios me regaló como esposa y a quien amo tanto”. Fruto de su matrimonio es Fernanda, “una hermosa niña de casi 2 años, dice Fernando, quien se ha convertido en nuestra razón de vivir y literalmente es la niña de nuestros ojos”.
Por Fernando Aguirre
Cuando me invitaron a escribir este artículo tengo que admitir que lo dude y no necesariamente por no querer compartir mi experiencia de ser papa si no que me resulta complicado poner en palabras todo lo que ha significado para mí. Sin duda me ha cambiado la vida radicalmente, de hecho tengo que confesar que desde antes de casarme sentía un poco de temor sobre la paternidad, tener una responsabilidad tan grande sobre mis hombros no resulta tan sencillo, es decir, procurar la educación, salud, alimentación, vestido, etc. de una persona que dependa totalmente de mi no es poca cosa, esto sin contar que vivimos en un país extranjero lejos de nuestras familias. Pero todo esto queda de lado cuando ves a tu hija nacer, al ver el fruto del amor de nuestro matrimonio contenido en una bebita, entonces te invade una alegría indescriptible, es cuando realmente contemplas la grandeza de Dios y te preguntas ¿cómo es posible? Es un milagro del cual tú eres el custodio, que Dios te ha confiado y deposita en tus manos. Entonces pensé: ¡voy a ser papá toda mi vida!
Mi hija Fernanda es mi alegría, no se imaginan lo mucho que la gozo, a veces estoy jugando con ella y cuando la veo sonreír me dan ganas de llorar de felicidad, porque puedo ver como ella es tan feliz a nuestro lado, cada día que pasa es un día más para disfrutarla y aprender más de ella y de cómo Dios también tiene mayor amor por nosotros que somos sus hijos.
Es ahora cuando reflexiono más profundamente sobre el amor de Dios, la vocación que tenemos como padres, la invitación que nos hace a ser partícipes de su Plan Divino y también a tratar de amar como Él lo hace. La vida tiene otro sentido, otra dimensión, aprendes a morir más a ti para poder dar vida a otros puesto que es de suma importancia lo que le transmita a mi hija desde ahora para que crezca con todas las herramientas necesarias, para que afronte la vida con éxito, me refiero a la fe, los valores, el respeto, etc. Todo esto que a su vez la definirá como persona y la ayudará a ser quien está llamada a ser.
No es fácil mantener un equilibrio entre todas las ocupaciones que tengo respecto a la familia pero sé que es necesario hacer el esfuerzo porque eso es lo correcto, mi esposa me ayuda mucho y enseña a mantener este balance, ciertamente ya no tengo tanta participación en un ministerio específico como cuando era más joven, pero aún trato de ayudar en cuanto me sea posible. Sin duda alguna tengo la certeza de que Dios está de nuestro lado y Él nos muestra el camino a seguir, nos da la fuerza y el ánimo a través de nuestra hija cuando nos sentimos débiles, nos lleva al límite para sacar lo mejor de nosotros, la vida sacramental como la oración nos ayuda mucho para mantenernos en la lucha.
Nos ha tocado compartir esta bendición de ser papás con nuestros amigos ya que ellos también han recibido esta bendición, este grupo de amigos salió del seno de la comunidad del grupo de jóvenes en la parroquia, ha sido un proceso de 5 a 8 años, es sorprendente ver como Dios ha marcado nuestras vidas, ahora cuando nos reunimos el tema de charla por lo general son nuestros hijos y es que es de gran alegría el poder compartir con las personas que han caminado a tu lado en la vida de fe esta experiencia.
También he descubierto cosas nuevas en mí que no creía que podría hacer, a veces me toca ser un niño cuando juego con ella, a veces doctor cuando se enferma, otras maestro para enseñarle, a veces cocinero cuando le preparo la comida, también arquitecto para construirle una vida con oportunidades, pero sobre todo y lo mas importante es el mostrarle a Dios que es el verdadero Padre.
Ciertamente se dice que no hay padre perfecto o que nadie nos enseña a ser papás, sin embargo, basta con poner nuestra mirada en Dios para que Él ilumine nuestra perspectiva y nos aliente a imitar su paternidad, es decir, ser papá al estilo de Dios.
¡Dios bendiga a todos los papás del mundo!