Reflexiones sobre la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor
Una fiesta que nos invita a adorar a Cristo en la Misa, en la
procesión con el Santísimo y con toda nuestra vida
Por El Padre Daniel Cardó (*)
Nos preparamos para celebrar una fiesta muy importante: Corpus Christi, la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor. Son muchas las fiestas que celebramos a lo largo del año; no sólo las religiosas, sino de todo tipo. Y valdría la pena –ante esta celebración— preguntarnos qué es una fiesta. Acaso no sea difícil ver que muchas de nuestras fiestas pueden abundar en diversión, pero carecer de auténtica alegría. Y con ello nos acercamos a lo que constituye el núcleo más profundo de lo que es una fiesta, que se expresa en una sencilla frase: “Donde el amor se alegra, allí hay una fiesta” (San Juan Crisóstomo).
Pues bien, ¿de qué se alegra el amor en este día de Corpus Christi? Al hacernos esta pregunta vienen a la mente unas palabras que escuchamos en un Salmo: “mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles”. El Señor nos ama, realmente nos ama, de modo personal y cercano, y no le somos indiferentes. Nuestros dolores, nuestros problemas, nuestras muertes le cuestan. Por eso a Dios no le ha bastado nunca con sólo mirar las tristezas de nuestra historia, sino que ha hecho todo por rescatarnos. Lo vemos en su Palabra: en esa alianza con su pueblo, sellada con la sangre de un sacrificio, que se hace pleno cuando la sangre que paga el rescate no es ya la de un animal, sino que es la sangre del mismo Cristo, que en el Evangelio se entrega con su cuerpo, dándose a sus amigos en la Eucaristía.
Precisamente, hoy nos alegramos porque en la Eucaristía Dios nos sigue rescatando. La obra de la reconciliación no es sólo un hecho del pasado que debamos recordar con aprecio, sino una acción que Dios sigue realizando hoy, de manera muy especial en la Eucaristía. Y curiosamente, lo que celebramos en la Fiesta de Corpus Christi es la Eucaristía. Celebramos lo que domingo a domingo celebramos, porque así se nos invita a pensar en ese don tan grande, al que con tanta frecuencia nos acostumbramos. En Corpus Christi debemos parar un segundo, dejar la rutina y mirar con calma: ¿qué recibimos en la Eucaristía? No es sólo una bendición de Dios, sino a Dios mismo. No es sólo un símbolo, un rito, es realmente Cristo en persona, presente de manera real, tan real como cuando estuvo con sus apóstoles, quien se nos da en la hostia. Un pedazo sencillo de pan en un momento deja de ser pan y pasa a ser Cristo. ¡A Dios le cuesta tanto nuestra muerte que es capaz de entregarse en cada misa para que tengamos vida! Así, cada vez que celebramos la Misa, se repite la entrega de Jesús; se nos da realmente; podemos tener a Dios en nosotros, de manera real, incluso física; recibimos como un poquito del cielo en el corazón.
Por eso ésta es una fiesta en la que sí hay motivos para la alegría: nunca estamos solos, nunca nos deben faltar las fuerzas, al poder estar unidos a Dios teniéndolo en nosotros. Debemos acoger este regalo, el más grande que existe en esta tierra. Y la mejor acogida es la adoración. Santo Tomás de Aquino decía en uno de sus himnos: “atrévete cuanto puedas a adorarlo”. Hay que adorar al Señor con todas nuestras fuerzas, atrevernos a darle lo mejor; nunca el tiempo o el descanso que nos sobre, sino lo mejor, porque en este pedacito de pan consagrado está el Señor del universo. Esta fiesta nos invita a adorar a Cristo en la Misa, en la procesión con el Santísimo, pero también con toda nuestra vida. Si recibimos a Dios, ¿no debemos respetar a quien tenemos dentro? ¿No debemos estar con Él en todo momento, como buenos amigos? ¿No debemos mantener un corazón limpio, donde se pueda quedar el Señor, como en un digno sagrario?
Ésta es la invitación de esta fiesta: estar con Jesús, como estuvieron quienes vivieron con Él. Estarnos con Jesús en la Eucaristía, recibirlo, acompañarlo en el Santísimo. El Señor nos pregunta lo mismo que oímos en el Evangelio: “¿Dónde está mi estancia en que coma la Pascua con mis discípulos?”. Y debemos decirle: “acá está mi corazón; allí estaré contigo en la Misa y en todo momento. Allí seremos amigos, allí te seré fiel”.
Que María nos ayude a llevarlo dignamente en el corazón y a nunca dejar de alegrarnos por tenerlo tan cerca de nosotros.
* El P. Daniel Cardó es miembro del Sodalitium Christianae Vitae y Capellán de la Casa de Retiros Saint Malo en Allenspark.
A continuación, te ofrecemos algunos recursos que te ayudarán a prepararte para la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor. Para más recursos visita la página de ACI Prensa: http://www.aciprensa.com/Eucaristia/index.html
Himno “Adoro te devote” de Santo Tomas de Aquino
Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte. Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta Palabra de verdad. En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido. No veo las llagas como las vió Tomás pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame. ¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura. Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero. Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego, que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.
Oración para luego de la comunión
Gracias te doy, Señor Dios Padre Todo Poderoso, por todos los beneficios y señaladamente porque has querido admitirme a la participación del Sacratísimo Cuerpo y Sangre de tu unigénito Hijo. Te suplico, Padre clementísimo, que esta sagrada comunión no sea para mi alma lazo ni ocasión de castigo, sino intercesión saludable para el perdón, sea armadura de mi Fe, escudo de mi buena voluntad, muerte de todos mis vicios, exterminio de todos mis carnales apetitos y aumento de caridad, paciencia y verdadera humildad y de todas las virtudes, sea perfecto sosiego de mi cuerpo y de mi espíritu, firme defensa contra todos mis enemigos visibles e invisibles, perpetua unión contigo sólo, mi verdadero Dios y Señor, y sello feliz de mi dichosa muerte y te ruego que tengas por bien llevarme a mí pecador a aquel convite inefable, donde tú con tu Hijo y el Espíritu Santo, eres para tus santos luz verdadera, y satisfacción cumplida y gozo perdurable, dicha completa y felicidad perfecta. Por Cristo nuestro Señor. Amén
Breves oraciones y dichos de santos sobre la Sagrada Eucaristía
San Alfonso María de Ligorio: “Tened por cierto el tiempo que empleéis con devoción delante de este Divinísimo Sacramento, será el tiempo que más bien os reportará en esta vida y más os consolará en vuestra muerte y en la eternidad. Y sabed que acaso ganaréis más en un cuarto de hora de adoración en la presencia de Jesús Sacramentado que en todos los demás ejercicios espirituales del día.”
San Cirilo de Jerusalén: “Así como dos pedazos de cera derretidos juntos no hacen más que uno, de igual modo el que comulga, de tal suerte está unido con Cristo, que él vive en Cristo y Cristo en él.”
San Francisco de Asís: “Cuando no puedo asistir a la Santa Misa, adoro el Cuerpo de Cristo con los ojos del espíritu en la oración, lo mismo que le adoro cuando le veo en la Misa.”
San Francisco de Sales: “Los santos sienten que Jesucristo Sacramentado se difunde y comunica totalmente a sus almas y a sus cuerpos. él todo lo repara, modifica y vivifica; ama en el corazón, escucha en la cabeza, ve en los ojos, habla en la lengua; hace todo en todo y entonces no vivimos nosotros, sino que el mismo Jesucristo quien vive en nosotros”.
“Entre la prácticas de la religión, el Santísimo Sacrificio es lo que el Sol entre los astros; pues es verdaderamente el alma de la religión cristiana. Es el misterio inefable que comprende la caridad divina, por la cual Dios, uniéndose realmente a nosotros, nos comunica con su magnificencia sus gracias y favores”.
Santa Maria Goretti: “La Santa Eucaristía es la perfecta expresión del amor de Jesucristo por el hombre, es la quintaesencia de todos los misterios de su vida.”
Santa Teresa de Jesús: “Harta misericordia nos hace a todos los que quiere Su Majestad entendamos que es él, el que está en el Santísimo Sacramento. Mas que le vean descubiertamente y comunicar sus grandezas y dar de sus tesoros, no quiere sino a los que entiende que mucho desean, porque estos son sus verdaderos amigos”.
Santo Tomas de Aquino: “No hay lengua capaz de explicar las dulzuras de este Sacramento, pues en la Sagrada Comunión bebemos la dulzura en la propia fuente”.
“La Eucaristía produce una transformación progresiva en el cristiano. Es el Sol de las familias y de las Comunidades”.
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
