
¡A fines de mes se clausura el Año del Sacerdocio
Aprovechemos estas últimas semanas para rezar más por nuestros sacerdotes
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.

Hace 10 años cuando nuestro Seminario San Juan Maria Vianney habría sus puertas por primera vez, escribí las siguientes palabras a los fieles de nuestra Iglesia local: “La Iglesia no es sólo un conjunto de individuos reunidos en torno a un texto sagrado, Ella es una comunidad. Una comunidad enraizada tanto en la Palabra de Dios como en los Sacramentos. No importa cuántas otras cosas den buenos frutos para el Evangelio en nuestros días. No existe presencia constante de Jesucristo en el mundo sin la Iglesia; y no hay Iglesia sin la Eucaristía; y no hay Eucaristía sin el sacerdote. Necesitamos sacerdotes: hombres nuevos, bien formados; hombres alegres y valientes; hombres que amen a Jesucristo, que amen a la Iglesia y deseen ardientemente servir al Pueblo de Dios. Y al mismo tiempo necesitamos una comunidad de fe que promueva y anime a estos hombres y que los apoye como una familia en sus sacrificios”.
He pensado en estas palabras muchas veces durante este Año del Sacerdocio, pero especialmente en estas últimas semanas. El 6 de mayo dediqué una nueva residencia del Año de Espiritualidad construida para hombres considerando ingresar al Seminario, un esfuerzo hecho posible gracias a la extraordinaria generosidad de grandes donantes laicos y fieles católicos a lo largo del norte de Colorado. Y el 15 de mayo tuve el privilegio de ordenar a cinco extraordinarios hombres como nuevos sacerdotes para nuestro pueblo. Los padres Matthew Book, John Green, David Nix, José María Quera y Michael Rapp. Otros cinco diáconos más educados en el Seminario Teológico San Juan Maria Vianney serán ordenados por sus propios obispos en otras diócesis de los EE.UU. este mes de junio. Juntos, nuestros dos seminarios arquidiócesanos –San Juan Maria Vianney y el Seminario Arquidiocesano Misionero Redemptoris Mater- se han convertido en una fuente de nueva vida en la Arquidiócesis formando una nueva generación de generosos sacerdotes. Estos nuevos hombres construirán sobre el legado de servicio creado por un sinnúmero de sacerdotes buenos y generosos que dirigen nuestras parroquias hoy y que las han dirigido en décadas pasadas.
No es prudente ni justo comparar una diócesis con otra. Como cualquier familia, cada Iglesia local tiene su propio conjunto de fortalezas, recursos, problemas y desafíos, pero podemos estar agradecidos porque Dios ha bendecido al norte de Colorado de una manera poderosa. En momentos en que la Iglesia pasa por numerosas dificultades, por distintas razones en algunas partes del mundo, nosotros tenemos una fraternidad de buenos sacerdotes, sólidos seminarios, trabajadores laicos y religiosos comprometidos y decenas de miles de generosas familias católicas que toman su fe en serio y se sacrifican para promover el Evangelio mediante la obra de la Iglesia. Estos son grandes dones. Nunca debemos darlos por descontado.
Menciono esto por dos razones. La primera es que en la medida en que nos acercamos a la clausura del Año del Sacerdocio este mes, necesitamos recordar las numerosas y grandes bendiciones que hemos recibido. La Iglesia siempre necesita renovación y reforma porque todos nosotros –sacerdotes, laicos y religiosos- somos humanos y por tanto pecadores. Como nos lo ha recordado el Santo Padre necesitamos ser vigilantes sobre nuestros propios corazones y acciones y necesitamos desarraigar el mal donde sea que lo encontremos, incluso dentro de la misma Iglesia. Éste es un deber serio. Pero ciertamente no es “noticia”. Al contrario ha sido la difícil realidad de la vida cristiana, de una forma u otra, desde el tiempo de los mismos apóstoles.
La segunda razón es que al haber celebrado recientemente la Solemnidad de Pentecostés – el gran día de celebración que conmemora el nacimiento de la Iglesia- pido a todos recordar a los sacerdotes de la Arquidiócesis de Denver en sus oraciones, especialmente los cinco recién ordenados. Sin la Iglesia, no existe testimonio de Jesucristo en el mundo. Sin la Eucaristía no existe la Iglesia. Y sin el sacerdote no hay Eucaristía. Por favor, agradezcan a Dios por los sacerdotes que nos sirven, denle gracias por enviar nuevos sacerdotes a su viña y pídanle a Dios que abrase a su Iglesia, sus sacerdotes y su Pueblo con su alegría y protección.