
La grandeza de la madre, de la mujer
Por Luis Soto
Estamos en el mes de mayo, tradicionalmente un mes dedicado a nuestras madres, a la maternidad en general y de manera particular a la maternidad de nuestra Madre María. En muchos lugares todavía durante este mes se acostumbra llevar flores a la Virgen o dicho de mejor manera, ofrecer flores a la Virgen. Y hacemos bien, porque ella verdaderamente es nuestra Madre, madre de Jesús y madre nuestra, madre de la Iglesia y emperatriz del mundo. A través de Ella ha venido la redención, Jesucristo.
Para poder entender el verdadero rol de María en la obra redentora, tenemos que ir hasta al libro del Génesis. Allí, en el capitulo 3, después de la escena del pecado, Dios hace el mayor de los anuncios, la primera buena noticia, por eso los teólogos le llaman el Protoevangelio (proto=primero; evangelio=buena noticia): “pondré enemistad entre ti y la MUJER, y entre tu descendencia y la suya: ella te herirá en la cabeza, pero tu sólo herirás su talón.” (Gen 3, 15). Pensamos a veces, al leer esta cita, que el texto nos dice que la MUJER herirá la cabeza de la serpiente, imagen del mal y la idolatría. Pero en realidad cuando el texto dice “ella te herirá”, no se refiere a “ella” la mujer, sino a “ella” la descendencia de la mujer. En otras palabras, el texto anuncia que el Hijo de la MUJER, aplastará la cabeza de la serpiente, del mal, el maligno, de la muerte.
Y así ha sucedido, lo acabamos de celebrar en la Pascua. Este mismo término genérico, MUJER, aparecerá en los Evangelios. Muchos dicen que cuando Jesús lo usa es un signo de desprecio, pero esto está alejado de la realidad. Cada vez que Jesús se refiere a su madre como MUJER, le está diciendo que es la misma sobre la cual Dios anunció que su descendencia aplastaría la cabeza de la serpiente y traería la salvación al mundo. Al decirle MUJER, la pone en su contexto real.
Veamos algunos ejemplos.
En el evangelio de San Juan, de manera muy particular, Jesús usa el término MUJER en dos ocasiones con su madre: “fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara el vino, le dice a Jesús su madre: no tienen vino. Jesús le responde: ¿que a mi y a ti, MUJER? todavía no ha llegado mi hora” (Jn 2,2-4) y también cuando dice: “Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: MUJER, ahí tienes a tu hijo”.(Jn 19, 26).
Inteligentemente San Juan decide poner estas dos escenas en momentos claves. La primera, al inicio de la vida pública de Jesús, como el primero de los siete signos que nos contará San Juan sobre el Hijo de Dios y la segunda al final, en la misma cruz. Llamarle MUJER a María, es reconocerla como Madre de Dios y Madre nuestra, es darle su lugar en la obra de la redención. En otras palabras, en el mes de mayo, recordar a María es recordar a la mujer.
Y cuando digo mujer, me refiero también a la madre, a la esposa, a la que trabaja, a la que se sacrifica, a la que hace de todo, etc. Ustedes saben mejor que yo. Mi invitación para este mes de mayo es que recordemos que celebrar el día de las madres incluye celebrar a María, pero también incluye reconocer en la mujer toda la dignidad que le es propia. Una de las figuras que más se ha deteriorado con los cambios sin sentido de los últimos años es la de la mujer. Por un afán de feminismo ha descuidado su feminidad, su ser mujer. En este mes, cuando digamos felicidades a las madres, sepamos que estamos honrando uno de los procesos más llenos de divinidad, la creación, el inicio de una nueva vida. ¡Qué tan grande no será una madre, que hasta el mismo Dios quiso tener una! Felicidades a todas las mamás.