Del rostro de Jesús, la esperanza y los vegetales Por Abraham Morales
Durante la Semana Santa pasada estuvo saliendo un reportaje en la televisión sobre los estudios científicos que trataban de reconstruir el rostro de Jesús a partir de la imagen de su cuerpo en la Sábana Santa de Turín. El Papa Benedicto XVI visitó Turín a principios de este mes y nos envió varios mensajes, perfectos para nuestro tiempo; unos sobre la esperanza y el otro sobre el vivir. Abajo los comentaremos un poco.
En ese reportaje van armando a través de las computadoras, estudios antropológicos y otros métodos lo que sería el rostro de Jesús. Los científicos buscaban obtener lo que sería como una fotografía, la más cercana, al verdadero rostro de Jesucristo.
Lo que los científicos no sabían es que los seguidores de Jesús no han necesitado a través de la historia que llegáramos a este punto donde con la tecnología pudiéramos conocer su rostro, porque su rostro lo hemos conocido desde hace mucho tiempo, y no me refiero solo a su rostro físico, sino su rostro espiritual, reflejado en las otras personas, sobre todo en los más pequeños y débiles. El rostro de Jesús, lo debiéramos ver reflejado en cada persona que nos topamos por el camino de cada día de nuestra vida. Y digo que lo deberíamos ver porque es verdad que no siempre lo vemos. A veces olvidamos que la sonrisa que no ofrecimos, el favor que no hicimos, la mentira que contamos, es como si se lo hiciéramos al mismo Jesús. A veces no vemos su rostro en los demás porque nos olvidamos de mirar como Jesús, en lo profundo del alma de las personas. Su rostro también se ve en nosotros, y debemos de ser un rostro que realmente refleje Su amor, Su compasión, Su interés auténtico por los demás.
Comentaba al inicio sobre el mensaje de esperanza del Papa desde Turín. Sobre la Sábana Santa dijo: “En ella vemos, como reflejados, nuestros afanes y sufrimientos en los sufrimientos de Cristo… por lo mismo ella es un signo de esperanza: Cristo ha afrontado la Cruz para ponerle una barrera al mal, para hacer ver, en su Pascua, el anticipo de aquel momento en el que también para nosotros, toda lágrima será enjugada y no habrá más muerte, ni luto, ni lamento ni afán”.
En estos tiempos de mensajes o noticias que pudieran hacernos sentir desalentados o desesperanzados, el Papa nos recuerda que en el Señor debe estar siempre nuestra esperanza. En un mensaje al inicio de 2008 nos decía al respecto: “Dios es el fundamento de la esperanza; pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular y a la humanidad en su conjunto”. ¡A ti y a mi!, ¡Qué bello, y qué cierto!, ¿no crees?
En el segundo mensaje que comentaba al inicio, el Papa hace un llamado claro y actual: “Como joven estás llamado a vivir y no vegetar”, recordando que ese era el lema del beato Pier Giorgio Frassati. Ya en otro momento hemos platicado de esto, tú llamado como joven es mucho más allá, tú tienes una vocación, un propósito en la vida que debe trascender. A diferencia de un vegetal que está ahí nada más, tu eres llamado a no solo vivir de paso, o indiferente, sino intensamente en el sentido que el Santo Padre motiva: a llevar un testimonio intenso del verdadero amor en un mundo que niega la existencia del compromiso. Los vegetales tienen un propósito, están al servicio del hombre. Tu propósito en la vida es un llamado de Dios a mucho, pero mucho más. Trabaja en descubrirlo, y trabaja en convertir tu vida en algo más grande, con sueños, aspiraciones, defendiendo y viviendo tus ideales, que deben ser los mismos de Cristo. El Papa reconoce que esto no es fácil, cuesta trabajo, pero nos recuerda la esperanza de que: “con Cristo todo es posible”.
Termino con un mensaje final del mismo Papa Benedicto XVI que creo engloba excelentemente lo que hemos tratado de reflexionar. Ante la imagen de Jesucristo en la Sábana Santa te dice a ti y a todos los jóvenes del mundo: “Que la Sábana Santa sea para ustedes una invitación a grabar en su espíritu el rostro del amor de Dios, para ser ustedes mismos, en sus ambientes y con sus contemporáneos, una expresión creíble del rostro de Cristo”. Trabajemos para que así sea.