
Una ley equivocada muestra sin quererlo la urgente necesidad de una reforma migratoria
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.
La semana pasada distintas personas de la arquidiócesis han pedido ayuda para reflexionar sobre la nueva ley de inmigración en Arizona. Como consta a los lectores, he usado este espacio en numerosas ocasiones en el pasado para urgir a una reforma migratoria integral y sensible. Los ciudadanos de este país tienen el derecho a su seguridad y a la solvencia de sus instituciones públicas pero socavamos esos mismos objetivos si ignoramos los derechos humanos básicos de los trabajadores inmigrantes y sus familias.
En el caso de la ley estatal de Arizona, los católicos deben escuchar primero a los líderes de la comunidad católica de Arizona por obvias razones. Ellos conocen la situación mejor que nadie, Mons. Thomas Olmsted Obispo de Phoenix, Mons. Gerald Kicanas, Obispo de Tucson y Mons. James Wall, Obispo de Gallup, New México (cuya diócesis incluye una parte de Arizona), son todos excelentes pastores. Su liderazgo en las semanas y meses que vienen deberá marcar el tono de nuestra propia respuesta.
Habiendo dicho esto vale la pena ofrecer algunas observaciones básicas:
Primero, la inmigración ilegal no es correcta y es peligrosa para todos los involucrados. No hay nada de “bueno” en el hecho que gente arriesgue su vida con el propósito de ingresar a los Estados Unidos. No hay nada de “bueno” en el hecho que nuestra nación no sepa quién cruza nuestras fronteras y porqué están acá, especialmente en una era de terrorismo, drogas y crimen organizado violento. No hay nada de “bueno” en que la gente viva en las sombras, o familias que se ven separadas, o personas decentes que son deportadas y que tienen que comenzar su vida de nuevo, muchas veces en un país que ya no conocen o que nunca conocieron.
Segundo, la nueva ley de Arizona a pesar de sus defectos, involuntariamente logra algo bueno. Gracias a Arizona, la urgencia de una reforma migratoria y los aspectos humanos que están involucrados – trabajadores honestos deportados, familias divididas, la ansiedad de niños que crecieron aquí pero que no tienen ciudadanía- ha pasado nuevamente al primer lugar de nuestro debate nacional. Es obvio que nuestro actual sistema migratorio no funciona. El Congreso necesita actuar.
Tercero, ninguna reforma migratoria creíble tendrá lugar si el esfuerzo se convierte en un ejercicio de maniobras partidarias. Los dos principales partidos políticos han llevado a nuestro país al actual desastre migratorio. Ambos partidos comparten la responsabilidad de corregirlo. Ninguno de ellos lo resolverá por si mismo. Desafortunadamente el reciente debate nacional sobre la reforma de salud ha dañado la confianza pública en algunos de nuestros más importantes legisladores federales. Al haber forzado una ley de salud nacional profundamente errada y que ha despertado serias preocupaciones y un disgusto público masivo, el Congreso enfrenta ahora una tarea igualmente dura ante un tema igualmente volátil. Esto exigirá transparencia, paciencia, un espíritu de acuerdo bipartidario raramente visto en Washington, aun en sus mejores momentos, y ausente por completo en el reciente debate de salud.
Para decirlo de otra forma: si el debate migratorio se divide por líneas de ventaja partidaria o de consignas, o si se ve complicado con temas completamente diferentes e innecesarios como las uniones entre personas del mismo sexo, entonces gente real sufrirá y ningún fruto duradero resultará de esto.
Finalmente, necesitamos recordar que los Estados Unidos, es una nación construida por inmigrantes. Para casi todos nosotros, nuestros ancestros fueron inmigrantes; y los inmigrantes, incluyendo los inmigrantes latinos de hoy, son una bendición para la sociedad norteamericana en cualquier sector: nuestra economía, cultura, y nuestra vida religiosa y moral. La comunidad Católica norteamericana tiene una larga tradición de acoger inmigrantes y ayudarlos a integrarse para así enriquecer la vida de nuestra nación. Aquí en Colorado la Iglesia continuará esa tarea con toda su energía.