
En Pascua de Resurrección: ¡ALÉGRATE!
A vivir la alegría de la Resurrección del Señor Jesús y que nuestros
corazones lo contagien
Por Mons. Jorge De los Santos
Cada Semana Santa que celebramos, nuestra comunidad Católica Hispana, se identifica profundamente con la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, pero no sé si nos hemos dado cuenta que no nos identificamos mucho con la alegría de la Resurrección del Señor, y es tal vez porque somos un pueblo que ha sufrido mucho, siempre ha tenido una historia difícil, llena de dolor y sacrificio y es por eso que vemos nuestra vida reflejada en la Pasión de Cristo, y es el dolor y el peso de la vida, los obstáculos y las caídas lo que identifica nuestras vidas.
El Viernes Santo nos acercamos a Jesús y lloramos con Él su dolor, pero el Domingo de Resurrección no nos regocijamos con Él en su Victoria, nos quedamos melancólicos en nuestro sufrimiento y como si no fuéramos dignos o capaces de sentir felicidad o no nos permitiéramos alegrarnos con su Resurrección.
La Resurrección de Cristo es el acontecimiento central de la historia de la humanidad, y la Pascua es una profunda y sincera invitación a la alegría cristiana, es la grande alegría por la victoria de Jesucristo sobre el mal, sobre el pecado, sobre la muerte, es la alegría de la redención del género humano como una nueva y todavía más maravillosa creación. Tenemos que ir sembrando el regocijo, la alegría, la felicidad de la Pascua en los corazones de los hispanos católicos. Los apóstoles cuando recibieron el anuncio de la Resurrección y recibieron al Espíritu de Vida pasaron de la tristeza y el miedo a la alegría de la vida nueva en Cristo.
Somos un pueblo que puede ser feliz, que puede superar el sufrimiento y el dolor, somos un Pueblo que puede cargar la cruz e incluso ser crucificado pero sólo para resucitar a la verdadera vida que es una vida de amor y felicidad en el Señor. Así como pedimos identificarnos con Jesús en los sufrimientos de su Pasión y Muerte también podemos identificarnos con Jesús en la alegría de su Resurrección, somos un Pueblo que merece ser feliz y puede dejar atrás la tristeza, el miedo y el dolor de la noche y pasar a la claridad, la paz y belleza de la luz de un nuevo día, ese nuevo día que nos anuncia que el sepulcro de Cristo está vacío, que nos invita a no buscar entre los muertos al que vive para siempre. La alegría es fruto del Espíritu y esa alegría es una importante característica de la vida cristiana.
Nosotros, en forma especial durante la Semana Santa, celebramos el Misterio Pascual en su integridad, que abraza la Muerte y la Resurrección de Cristo, los momentos culminantes de su misión salvífica y redentora.
Y el motivo de nuestra alegría es éste: que Jesús, en su muerte y resurrección, llevó al cumplimiento la obra de salvación que le había confiado el Padre: la redención humana y la perfecta glorificación de Dios. En efecto, "muriendo destruyó la muerte y resucitando nos ha devuelto la vida" asumiendo la naturaleza humana y venciendo la muerte con su muerte y resurrección, ha redimido al hombre y lo ha transformado en una nueva criatura, con su muerte y resurrección completó en sí los misterios de nuestra salvación y de la restauración universal, en la cruz llevó a cabo la obra de la redención, con lo que adquirió para los seres humanos la salvación y la verdadera libertad. Así pues, el misterio Pascual es el fundamento de la salvación cristiana. Esta salvación es ofrecida a todos los hombres.
Hermanos alegrémonos en el Señor pues es el momento de la Luz y no de las tinieblas, es el momento de la Vida y no de la muerte, es el momento del Amor y no del odio, es el momento de la Salvación y no de la condenación, es el momento de la Gracia y no del pecado, es el momento de la justificación y no de la culpa, es el momento del triunfo y no del fracaso, es el momento de la confianza y no del temor, es el momento de la fortaleza y no de la debilidad, es el momento de la Verdad y no de la mentira, es el momento de la alegría y no de la tristeza.
La cruz es un camino, no el término de un camino, ya que el objetivo del plan divino es que los hombres sean partícipes de la vida y de la felicidad eterna de la Trinidad.
Revivamos ese saludo de los primeros cristianos: ¡el Señor ha resucitado! Y respondían: ¡Verdaderamente ha resucitado!
El Señor resucitó y estamos alegres.