
¡El Señor Jesús ha Resucitado!
La noticia profundamente gozosa de la Pascua
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.

En cada Pascua volvemos a los momentos que nos definen como un pueblo creyente. La Última Cena, la Crucifixión, la Resurrección –estas celebraciones sacramentales, más que la Navidad o cualquier otra fiesta del calendario cristiano, nos distingue de cualquier otra tradición religiosa en el mundo.
En cada una de las lecturas de las Sagradas Escrituras durante Semana Santa, nos encontramos con Aquél que vivió, sufrió, murió y resucitó de nuevo a una vida nueva para que también nosotros tengamos vida. Los días extraordinarios del Triduo Pascual, que acabamos de celebrar, no tienen comparación. Son “santos” en el sentido más profundo de la palabra, son completamente distintos a nuestra realidad cotidiana. Son eventos verdaderos históricos que sin embargo, están también por encima y fuera de la historia, y son nuevamente revividos de una forma nueva en cada Pascua a lo largo de los siglos.
La verdadera persona que es Jesucristo no es una figura plástica que puede ser moldeada y cambiada para encajar en las actitudes del mundo. El Evangelio es más que una colección de sentimientos cálidos sobre aquel hombre que vivió hace mucho tiempo y se convirtió en un modelo positivo para todos nosotros. El mensaje de la Pascua es mucho más hermoso que eso – y también mucho más exigente.
La Buena Nueva de Jesucristo es una mala noticia para los enemigos de Dios que es la fuente de toda verdad, misericordia, justicia y dignidad humana. Por eso es que ocurrió el Gólgota. Por eso que no existiría ningún mensaje de esperanza sin los sangrientos clavos de la cruz. No hubo “realidad virtual” en la crucifixión. La sangre y la muerte fueron brutalmente reales. Y es por ello que la resurrección no es una ilusión.
“La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”, y murió por nosotros, y resucitó nuevamente por nosotros, para que nosotros –en carne y espíritu– fuésemos redimidos; y para que cada uno de nosotros, sin importar cuan pecadores o confusos, o quebrados o incapacitados, seamos restaurados a la belleza que Dios quiso para cada uno de nosotros.
Sólo podemos ser las personas que Dios ha querido, sólo podemos ser plenamente humanos, mediante el seguimiento de Jesucristo. Eso quiere decir ser clavados con Él en la cruz y morir a nosotros mismos. Pero también significa la tumba vacía de Cristo y la Pascua. Esa son las Buenas Nuevas, la profundamente alegre nueva para cada persona de cada generación. Esa es la razón por la cual proclamamos a Jesucristo. Por eso predicamos sobre Él apasionadamente, sin concesiones, y con corazones encendidos de esperanza. Eso es lo que significa ser testigo.
Por eso es que debemos vivir como misioneros. Y eso es a lo que Jesús nos llama a cada uno de nosotros. ¡Qué Dios nos conceda a todos el don de una vida nueva en Su Hijo durante este maravilloso Tiempo Pascual, y a lo largo de todo este año!