
El domingo de mi padre
Dios nos ha prestado los bienes que tenemos para administrarlos y servir
Por Luis Soto
Si hay un recuerdo que tengo claro de mi niñez, es que esperaba con ansia a que llegara el día Domingo. Los domingos, además de ir a Misa todos juntos, íbamos a comprar algo al salir de la Iglesia y probablemente a pasear.
Mi padre me daba algo que en lo países latinoamericanos llamamos, el “domingo”. No era mucho, las condiciones no lo permitían, pero para mí era todo lo que necesitaba. Esa era mi fuente de ingresos, era la bendición que mi padre me compartía, de su dinero, de lo que era suyo y que compartía conmigo.
Por una vez en la semana, yo me convertía en administrador de lo que para mí era una fortuna. Mi padre, en su inmenso amor, compartía sus bendiciones conmigo y me consideraba digno de confianza como para administrarlo. Por eso, yo me sentía profundamente agradecido.
Por insistencia de mi madre, yo tomaba una porción de lo que mi padre me daba y la guardaba, la ahorraba. Decía mi madre que algún día lo necesitaría. Pero la razón por la cual lo guardaba era para devolverle un poco de lo que ellos me habían dado.
En el día de las madres y el día de padre, usaba esos ahorros para comprarles un regalo. Era algo muy simple, aunque debo admitir que no siempre ahorraba lo que debí haber ahorrado, creo que siempre tuve algo que comprarles, aun cuando fuera un pan dulce, o una flor, o incluso un año hasta compré una decoración más cara para mi madre, no se me va a olvidar.
La razón por la cual comparto esta historia es porque a nosotros, a todos, hoy en día, de adultos, nos pasa algo similar. Nuestra primer y más importante identidad es que somos hijos de Dios. Nuestro Padre nos bendice día a día, aun en medio de carencias y dificultades. Nos da nuestro “domingo” todos los días. Confía en nosotros para que seamos los administradores de una porción de este mundo que es suyo, que es su creación.
A final de cuentas, no somos dueños de nada, somos sólo administradores por algunos años de una pequeña porción de la creación. Nuestra actitud y respuesta debe ser similar. ¿No deberíamos acercarnos a Él cada domingo y devolverle una parte de lo que es suyo y que nos da para cubrir nuestras necesidades? Yo creo que sí.
Cuando vamos a misa y pasa la canasta, no se trata de poner allí una limosna, lo que nos sobra. Al contrario, se trata de decirle al Señor ¡gracias! ¡Es una ofrenda! Es un acto de acción de gracias y de amor, porque El nos ha amado primero dándonos todo eso. Lo que somos, lo que hacemos, nuestros talentos y lo que económicamente tenemos no es nuestro. Es suyo, nos lo ha prestado para que lo administremos y hagamos bien con ello. El bien de alimentar y proveer lo necesario para nuestra familia y para nosotros mismos. Pero Él espera que separemos un poco para decirle gracias y devolvérselo. A fin de cuentas es suyo.
De una manera muy especial, en este mes de marzo y durante el mes de abril, estaremos hablando de la Colecta Anual del Arzobispo. Cada año, el Arzobispo de Denver nos escribe una carta y nos pide que seamos generosos, que colaboremos a realizar las obras de la Iglesia.
No tenemos que donarlo o ponerlo en el sobre el mismo día que recibimos la carta, al contrario sólo nos pide que hagamos un compromiso. Yo entiendo, a la mayoría de nosotros no nos gusta hacer ese tipo de compromisos. ¿Qué tal si pierdo mi trabajo? ¿O si ya no hay tanto trabajo y no puedo cumplir con el compromiso?
Pero todo lo que el arzobispo nos está pidiendo es que colaboremos en la misión de la Iglesia de manera activa. Piensa, ¿cuánto podría devolverle a Dios y contribuir para ayudar a la evangelización y a mis hermanos en necesidad si todo siguiera como hasta el día de hoy? Si las cosas se complican y ya no puedes hacerlo, ya lo sabemos y lo sabe bien el arzobispo y sobre todo Dios, pero hace falta hacer compromisos y de eso se trata la hojita y el sobre que recibimos.
Imagínate como te sentirías tú si tu hijo ahorra un dólar cada vez que le das su domingo y al final del año, en el día del padre o de la madre, va a la tienda y compra un regalo para ti. A fin de cuentas fue usando tu dinero, pero se acordó de ti, se acordó que es parte de tu familia, y que tú eres su padre y te lo dice de esta manera.
Este es el espíritu de la Colecta, abre tu corazón y tu bolsillo para trabajar juntos por una más dinámica y evangelizadora Iglesia. El Centro San Juan Diego, el programa de Televisión Fe Católica Viva, los muchos programas de evangelización necesitan tu ayuda, no cierres tus manos y tu corazón. Dios quiere también su “domingo”, a fin de cuentas es suyo.