En lo secreto de su corazón Dios lo llamaba
Erik, un joven valiente que siguió esa voz interior que lo invitaba a darlo todo
Erik Vigil ingresó al Seminario Teológico San Juan María Vianney, de la Arquidiócesis de Denver el año pasado. El llamado a ser sacerdote, era una pregunta que resonaba en su corazón desde temprana edad, y aunque no tenía claridad sobre esto, no dudó en lanzarse a explorar esta vocación y así responder al clamor de su interior.
Por Lara Montoya
Erik nació en Calvillo, Aguas Calientes- México, pero a los meses de su nacimiento, su familia emigró a los Estados Unidos, estableciéndose en California. Pero un accidente lo traería de vuelta a su tierra natal, “Cuando tenía 3 años- nos cuenta - un auto me atropelló y los gastos del hospital dejaron a mi familia muy endeudada, esto nos obligó a regresar a México, ahí inicié una vida nueva”.
En México, empezó a acercarse más a su abuelo, quien le abrió los ojos a un mundo nuevo, pues aunque su familia es católica, no era muy practicante, “su fe era nada más de domingos y devociones populares- nos comparte - en cambio mi abuelo, el padrastro de mi papá, era muy católico, siempre leía la Biblia. Yo lo admiro mucho, pues a pesar de no ser el padre de mi papá, lo crió con mucho amor”. Fue su abuelo, quien lo llevó a la Iglesia y despertó en él, el deseo de ser sacerdote.
Erik era muy tímido, no le gustaba salir de su casa, pero a los 7 años, empezó a ser acólito de su parroquia, desde entonces “me empecé a abrir más, hice amigos, entré al ambiente eclesial y me enamoré rápido de la vocación, convivía mucho con los sacerdotes y los admiraba, vivía en la Iglesia”, señala el joven, quien supo atesorar bien esos años en su corazón.
A los 15 años, Erik regresó a Estados Unidos, estableciéndose en Colorado, en donde ingresó a una escuela secundaria en Rifle. Al terminar la secundaria, Erik quería ser médico o dentista, “siempre tuve muy buenas calificaciones- señala- me ofrecieron becas en México, pero dentro de mí estaba la espina de la vocación. No quería morir o formar una familia con esa duda, o pensar que pude haber tenido vocación y no respondí, eso es lo que me llevó a buscar”.
Erik nos cuenta que siempre se vio atraído a las nuevas tecnologías y en su búsqueda por responder a su interior, supo valerse de ellas. “Empecé a buscar en Internet todo sobre la vocación al sacerdocio, encontré la página Web de la oficina de vocaciones de la Arquidiócesis y entré en contacto con ellos, quienes me empezaron a invitar a retiros, pero como vivía en Rifle, todo me quedaba muy lejos, además tenía miedo que no me aceptaran en el seminario debido a mi estatus migratorio”.
Empezó entonces a buscar opciones en México enviando correos a varias diócesis, “el Seminario en Matamoros, Tamaulipas, fue el primero en responderme, me empezaron a guiar un poco con la inquietud que tenía, y luego de un proceso de 7 meses de entrevistas, me invitaron a ingresar al Seminario”.
Erik hizo un gran acto de fe, intuía que Dios lo podía estar llamando, pero no estaba seguro y aún conciente de que salir del país podía significar el no volver a ver a su familia y arriesgarse a no poder regresar, no dudó en responder con valentía a ese hambre interior, partió hacia México venciendo todos sus miedos e ingresó al Seminario de Matamoros, en el que estuvo tres años.
“Al tiempo de estar en el seminario, empecé a ver la gran necesidad de sacerdotes hispanos en Estados Unidos, por otro lado empecé a tener nostalgia de mi familia, hablé de esto con mi Director Espiritual, pero me dijo que esa decisión no era mía sino de Dios y que en mi oración ahondara más sobre esa inquietud”. Erik, siguiendo los consejos de su Director Espiritual y abierto a los planes de Dios, se contactó con la Arquidiócesis de Denver y al cabo de un proceso de entrevistas y discernimiento, el Señor Jesús fue hablando: las puertas se abrieron pronto, incluso la de inmigración, la más difícil de todas. Para Erik era claro que Dios lo quería en Denver. “Todo se trata de seguir con docilidad la voluntad de Dios, es importante ser obediente a su Plan porque es justamente ahí donde radica nuestra felicidad”, señala finalmente el joven seminarista.
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