
La Cuaresma y la justicia
Servimos a la justicia entregándonos y llevando la luz de Cristo a los demás
“La justicia ´distributiva´ no proporciona al ser humano todo "lo suyo" que le corresponde. Éste, además del pan y más que el pan, necesita a Dios”, Benedicto XVI, Mensaje de Cuaresma 2010
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.

Uno de los momentos decisivos del ministerio público de Jesús tiene lugar antes de comenzar su vida pública. En los Evangelios de Mateo y Lucas el espíritu de Dios impulsa a Jesús al desierto para el ayuno y la oración. Una vez ahí, Satanás lo ataca con las tentaciones de la vanidad, el poder del mundo y la gloria. En efecto, la conciencia que Jesús tiene de sí mismo y su mesianidad son puestas a prueba. Presionado por el Demonio para que convierta las piedras en pan un Jesús hambriento y debilitado responde sin embargo: “está escrito, ´no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios´” (Mt. 4, 4).
Leer el Nuevo Testamento nos recuerda una y otra vez que el seguimiento de Cristo tiene implicancias sociales. Tenemos obligaciones de caridad, misericordia y justicia con todos los que formamos parte de la única familia humana. No nos salvamos solos. Demostramos nuestra fe y marcamos nuestro camino hacia Dios a través del servicio a los otros, especialmente los pobres y los débiles. La Epístola de Santiago nos advierte especialmente que las palabras piadosas por sí solas no nos hacen cristianos. Santiago nos exhorta a que “seamos hacedores de la palabra y no sólo oyentes” (Stgo 1,22). E insiste en que “la religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo” (Stgo 1,27).
Estamos en el mundo, y tenemos el deber de ayudar a aliviar sus necesidades. Estamos llamados a hacer de él un lugar más virtuoso y humano. Pero es vital comprender que no somos del mundo. Como dice el Papa Benedicto en su mensaje de Cuaresma de este año, la dimensión material de la justicia evangélica fluye de una verdad espiritual más profunda e importante: que fuimos creados por Dios. Y no podemos ser felices o plenos sin Él.
Los seres humanos somos mucho más que meros animales o sistemas bioquímicos interesantes, tenemos almas. A través de Jesucristo viviremos para siempre. Por tanto tenemos necesidades y anhelos que nunca podrán ser satisfechos por cosas puramente materiales. No puede existir auténtica “justicia” divorciada de las preguntas sobre el destino final del hombre y de las hambres espirituales más profundas de la humanidad. Cualquier orden social que niega a Dios o que se niega a permitirle un lugar en la vida pública de su pueblo ataca fundamentalmente su propia legitimidad porque niega la realidad y trivializa la amplitud de la persona humana.
El Miércoles de Ceniza, los católicos alrededor del mundo han comenzado la Santa Cuaresma uno de los periodos más sagrados del año cristiano. La Cuaresma es un tiempo de negación de sí mismo y de oración, un tiempo para reconectarnos con la Escritura; un tiempo para purificarnos y reconciliarnos con Dios a través del sacramento de la penitencia. Es una invitación a la humildad, a perdonar a otros, a un honesto autoexamen y arrepentimiento; pero también para crecer en el gozo, porque con la Pascua nuestra redención estará a nuestro alcance.
Este es un tiempo precioso y un don; una oportunidad única para reorientar nuestras vidas hacia aquellas cosas invisibles pero perdurables que realmente importan. Que este año Dios nos conceda la sabiduría para usar bien estas semanas de Cuaresma, recordemos que servimos mejor a la justicia al entregarnos nosotros a Dios, trayendo luego la luz de Jesucristo a los demás a través del testimonio de nuestras vidas, nuestras palabras y nuestras acciones. No hay justicia sin verdad y sólo Jesucristo es el camino, la verdad y la vida.