
Con fe y nuestra ayuda la perla del Caribe saldrá adelante
Por Mar Muñoz-Visoso*
Mi familia pertenece a una de tres parroquias en la Arquidiócesis de Washington que tienen una comunidad haitiana bastante grande. La profesora de danza del programa extra curricular al que asisten mis hijas así como el papá de la mejor amiga de mi hija de seis años son los dos haitianos. Tras una semana de angustia y noticias contradictorias, ambos se cuentan entre los que han tenido suerte pues la mayoría de sus familiares cercanos han sido hallados sanos y salvos. Otros miembros de la comunidad no tuvieron tanta suerte. Han perdido a padres, hermanos, primos o amigos. Algunos nunca lo sabrán con certeza pues miles de cuerpos sin vida están encontrando su descanso final en enormes fosas comunes sin que nadie se detenga a identificarlos.
La semana pasada, tras pasar todo el día siguiendo las noticias que poco a poco iban llegando de Haití y respondiendo a llamadas de los medios sobre los esfuerzos de ayuda al pueblo haitiano por parte de la Iglesia Católica, tanto en ayuda de emergencia como legislativos, encontré este mensaje en mi correo electrónico:
“¡MISA POR NUESTRA HERMOSA PERLA DEL CARIBE!
Mis queridos hermanos y hermanas… tendremos una misa especial a las 7 p.m. por nuestro país, Haití, y su gente. Por favor, pasen la voz… Será un nuevo comienzo para unir a mucha gente y juntarnos a rezar unidos por esta catástrofe que ha afectado a nuestro país y a su gente. Pase lo que pase, Dios siempre tiene un plan para nosotros—y quiero decir para cada uno de nosotros: ¡Mantengan la fe, seguro cosas buenas vendrán! Espero verlos allí. ¡Viva Haití!!!!!!!”
El mensaje de la profesora de baile tratando de reunir a su gente y consolarlos en su dolor trajo lágrimas a mis ojos. Me hizo recordar el importante papel que tiene la fe cuando sucede una tragedia y, en especial, en la vida de nuestros hermanos haitianos que tanto han sufrido últimamente.
Más abajo, en el mismo email encontré el lamento inicial de la maestra y su llamado a reunir a la comunidad.
“Mis queridos amigos y familiares, ¿qué más puede soportar nuestro hermoso país? Hemos perdido más de lo que jamás hubiéramos podido imaginar y le pido a Dios que vuelva su mirada hacia nosotros y nos conceda la capacidad de entender su plan. Nosotros no hemos sabido todavía de nuestras familias pero espero que ustedes sí y que todos estén bien. ¿Qué podemos hacer desde nuestro pequeño rincón del mundo para ayudar? … Recen con nosotros y nos sobrepondremos a esto juntos. Viva Haití-- la perla del Caribe…¡Lo superaremos!”
Sus palabras hablan por sí solas. ¿Qué más le puede suceder a Haití. Pobreza extrema, varios huracanes seguidos y ahora un terremoto… Y sin embargo la respuesta de fe de esta mujer y de la comunidad haitiana frente a la devastación más absoluta, les merecerían en mi opinión las palabras de Jesús en el evangelio: “Mujer, ¡grande es tu fe!”
El primer domingo después del terremoto, vimos imágenes de haitianos asistiendo a misa entre los escombros de sus antiguas iglesias. “Rezan como el salmista en medio de la desolación y la desesperanza, volviéndose a Dios como su única esperanza,” dijo el padre Andrew Small, experto en Haití, quien trabaja en la Conferencia de Obispos de Estados Unidos. “Estamos en las manos de Dios”, repetían una y otra vez los entrevistados en Haití.
Estoy convencida de que reconstruir el tejido de la Iglesia en Haití será de importancia crítica para reconstruir el país mismo, cuya población es 80 por ciento católica. Además del cuidado espiritual de las almas, las iglesias, escuelas, clínicas, hospitales, estaciones de radio y proyectos de desarrollo católicos eran un poderoso faro de esperanza para una comunidad que trataba de salir de la pobreza y la necesidad extremas mucho antes de que sucediera el terremoto. Esta red de comunidades continuará siendo vital para la reconstrucción de Haití mucho después de que los esfuerzos inmediatos y la ayuda de emergencia hayan cesado.
Todos podemos ayudar con este esfuerzo donando a la Colecta para la Iglesia en Latinoamérica y al fondo especial creado para ayudar a reconstruir la Iglesia en Haití (http://www.usccb.org/haiti/). El esfuerzo de ayuda humanitaria continúa a través de Catholic Relief Services ( http://www.crs.org).
En la Misa especial por Haití una de las feligresas, quien perdió a su madre en el temblor, hizo entre lágrimas estos comentarios a un canal de televisión local: “Lo han perdido todo. Todo esto es demasiado para este pueblo. Rezo para que esto sea el comienzo de algo nuevo [para Haití]”.
Más de 800 personas, acudieron a la misa en mi parroquia para mostrar solidaridad con la perla del Caribe. Por todo el país miles más hicieron lo mismo. Mientras, en Haití, más de 300 empleados y voluntarios de Catholic Reflief Services—quienes se hallaban trabajando en el país ya antes del terremoto—hacían lo que podían en medio de los escombros por socorrer a los sobrevivientes mientras esperaban la llegada de la ayuda internacional.
La maestra tiene razón. El pueblo haitiano saldrá adelante por su fe y con la ayuda de sus hermanos y hermanas en Cristo que están con ellos en la oración y en la acción.
¡Vive Haití!!!
* Mar Muñoz-Visoso es subdirectora de prensa y medios en la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. Esta columna es publicada gracias al servicio mensual “Entre Amigos”.