
Cuaresma, tiempo de conversión
Por Rossana Goñi
La Iglesia, que es nuestra Madre y es “experta en humanidad”, nos ofrece todos los años un tiempo especialmente dedicado a la conversión de nuestras vidas como preparación para los días más santos del año: el Triduo Pascual, la celebración de la pasión, muerte y resurrección de Señor Jesús.
La Cuaresma es un auténtico camino por el que desde los primeros siglos la Iglesia avanza en busca de un corazón cada vez más puro y dispuesto para acoger el amor de Dios. Es un tiempo en el desierto: así como el Pueblo Elegido anduvo por cuarenta años en busca de la tierra prometida, y ése fue el tiempo de su purificación y de la conversión de los corazones, así la Iglesia, como nuevo Pueblo de Dios avanza con paso renovado durante estos cuarenta días en busca del corazón resucitado de Jesús, que es la nueva y definitiva tierra prometida.
¿Cuántas Cuaresmas hemos vivido? ¿Cuánto hemos cambiado durante estas Cuaresmas? Sea cual fuera la respuesta, en realidad lo que más importa es el hoy: ¿cómo voy a vivir esta nueva Cuaresma que se me ofrece como tiempo de gracia y conversión? De manera aún más sencilla: ¿qué debe cambiar en mi vida? ¿Qué será distinto y mejor cuando llegue, luego del desierto de estos cuarenta días, al gozo de la noche de Pascua? ¿Qué le podré ofrecer al Señor para acompañarlo en su pasión y así participar más cercanamente de su resurrección?
La Iglesia nos ofrece para ello muchos medios que están a nuestro alcance. Tres son tradicionalmente las rutas del camino cuaresmal: la oración, el ayuno y la caridad. Estas tres armas contra el pecado son ocasiones de acercarnos más a Dios, a nosotros mismos y a los demás. De cada uno depende cuánto más rezaremos en estos días, sobre todo en la meditación de la Palabra de Dios y en la participación en la Sagrada Liturgia. Asimismo, cada uno debe pensar cómo puede vivir el ayuno, que a la vez de invitar a la penitencia y al dominio de uno mismo, abre la puerta a compartir con quien no tiene qué comer. Finalmente, en la caridad que “cubre multitud de pecados” (1Pe 4,8), Cristo sale a nuestro encuentro a través de nuestros hermanos que más sufren, para que seamos nosotros la mano cercana de Dios que cuida de sus hijos más pequeños.
En Cuaresma es importante renovar nuestra participación en nuestras parroquias y comunidades. No se puede ser buen cristiano solo y la Iglesia se hace concreta para cada uno en la Iglesia local, en sus parroquias y comunidades, donde caminamos con otros hacia el encuentro con el Señor. En nuestras parroquias podemos participar de la Eucaristía y visitar al Señor en el Santísimo Sacramento; podemos recibir la Reconciliación al ser perdonados en el sacramento de la penitencia; podemos también participar más activamente en grupos de oración y en obras de caridad y apostolado.
Quiera Dios que cada uno de nosotros camine con alegría y generosidad cada día del desierto cuaresmal, para que con María, lleguemos con un corazón más convertido a participar de esa Noche Santa, en la que todo dolor se transforma con la alegría de la resurrección.
No dejes de ir a tu parroquia con más frecuencia en esta Cuaresma y participar de todos los medios que pone a tu alcance para que puedas santificarte en el camino de la vida cristiana.