
El desafío del liderazgo
Comprender la fe católica que te motiva así como las creencias, valores, principios e ideales
Por Luis Soto
Varias veces he escrito sobre liderazgo y muchos me piden que les dé cursos, talleres o retiros con este tema. La Iglesia necesita de líderes, líderes santos, no sólo buenos, sino fieles a la Iglesia y comprometidos con ella. Unos de los esfuerzos en los que dedicamos la mayor parte de nuestras energías y tiempo en nuestra oficina arquidiocesana del Ministerio Hispano, es precisamente a la promoción y formación del liderazgo. El problema sigue siendo el identificar qué es un líder y cómo podemos promover el liderazgo. ¿Cuáles son las características y virtudes que debe resaltar un líder genuino? Permítanme tratar de describir lo que desde mi humilde punto de vista caracteriza a un líder.
Los títulos y nombramientos se dan. Quizá te han nombrado coordinador de un grupo o director de una pastoral o comunidad especifica. Pero es la conducta de un individuo lo que le gana el respeto. En otras palabras, ser líder significa que debes dar el ejemplo, que debes vivir lo que predicas. Los líderes deben tener muy claros sus principios y deben vivir de acuerdo a valores. Se supone que los líderes deben defender ciertas creencias y valores. Y no se trata solamente de las creencias y valores del líder, sino los de la institución que representa. Los líderes, sobre todo los líderes católicos de hoy en día, deben estar en sintonía con los ideales, principios, valores y verdades de la Iglesia Católica. Líderes distintos a esto, no los necesitamos, al contrario, desvirtúan el trabajo de la Iglesia.
El líder debe también saber que trabaja con personas y que una función fundamental de su liderazgo es inspirar a los miembros de su grupo, o comunidad, a vivir y defender los mismos valores que el vive y defiende. El líder genuino logra que los miembros de su grupo lo sigan no porque tienen que, sino porque quieren hacerlo y están convencidos de ello.
Piensa en un líder que haya dejado huella en tu vida o en su tiempo. Te aseguro que todos ellos fueron personas con creencias muy firmes y con principios muy claros. Sin duda que todos ellos tenían unos valores que consideraban parte esencial de su ser. Te aseguro que todos ellos eran muy apasionados defendiendo estos valores. Las historias de liderazgo que puedas encontrar serán siempre historias de personas que se mantuvieron firmes en sus valores
Las personas esperan que sus líderes hablen fuerte en temas que envuelven sus valores y su conciencia. Pero para poder hablar, hace falta que sepas de lo que vas a hablar. Esta bien que defiendas tus valores, pero antes deben entender lo que estás defendiendo. Para ser un líder de verdad, debes profundamente comprender las creencias, los valores, los principios, la moral, los ideales, la fe católica que te motiva.
De ahí que la formación del liderazgo sea esencial. Y la formación no puede ni debe ser solo un trabajo intelectual, a final de cuentas la formación tiene que ver con la profundización y personalización de las creencias que se tiene. El conocer tu fe te debe llevar a saber que hay ciertas verdades que son precisamente eso, verdades y no se negocia con ellas. El líder se quema por dentro deseando ser fiel a su verdad. A final de cuentas, se trata de esa verdad que sólo existe plenamente en Jesucristo. Sólo el conocer profundamente y hacer tuyos los ideales, las creencias, los valores promulgados por la fe cristiana y católica te convertirá en el líder que la Iglesia necesita y a fin de cuentas, te permitirá tomar las riendas de tu vida y no dejar que otros decidan por ti, sino que tú mismo pondrás en práctica lo que crees y predicas. Por eso decimos que Jesucristo es el único que llena todas las aspiraciones más profundas de cada hombre y mujer.
En nuestra Arquidiócesis, tenemos un claro ejemplo de un líder así: el arzobispo Charles J. Chaput. Nuestro arzobispo cumple sin duda con las características que he mencionado arriba del liderazgo. Incluso no han faltado quienes quieren nombrarlo la personalidad del año 2009 en el Estado de Colorado. Pero cuando nuestro líder es así, nosotros no debemos tener más remedio que imitarlo. En nuestra Arquidiócesis, debido al gran ejemplo que tenemos de nuestro pastor, tenemos un compromiso mayor de ser líderes como él.
Para la formación de este liderazgo, nuestra Oficina Hispana ha comenzado en este 2009 el programa de Licenciatura en Ciencias Religiosas. Catorce individuos están inscritos en este programa. Hoy tuve la oportunidad de hojear sus tareas después del primer semestre. Además de sentirme profundamente orgulloso de lo que han logrado, quisiera comprometerlos a ser los líderes que nuestra Iglesia necesita.
Quisiera también en esta columna rendirles un homenaje, no han logrado nada todavía, pero están en franco camino a hacerlo y mi corazón salta de gozo por verlos pronto cumpliendo el desafío de liderazgo que se han propuesto. Felicidades y adelante.