
El límite del mal es la misericordia de Dios
“Estar en la escuela y haber aprendido a leer y a escribir es una victoria de Dios”, señala Manuela
Manuela Gallegos siempre soñó con ir a la escuela como muchos niños lo hacen, sin embargo, no tuvo la misma suerte. Su madre era soltera y desde muy pequeña Manuela tuvo que trabajar para ayudar al sostenimiento de su familia. A sus 53 años, por fin puede cumplir su sueño, actualmente asiste a las clases de educación para adultos del Centro San Juan Diego, está a punto de culminar su secundaria y según sus maestras es una alumna muy dedicada y responsable. En esta edición Manuela comparte con nosotros sobre su vida y cómo Dios entró en ella para rescatarla y abrirle nuevos horizontes.
Por Lara Montoya
Manuela es de Durango México, y con cierta tristeza nos cuenta que su madre tuvo seis hijos, todos ellos de diferentes padres. Ella nunca tuvo la oportunidad de conocer a su padre y desde muy pequeña tuvo que vivir una vida llena de penurias y sacrificios, el mayor de ellos fue dejar de ir a la escuela para poder trabajar y ayudar en el mantenimiento de su hogar.
A los 15 años, Manuela emigró junto con su familia a Chicago, dónde empezó a trabajar en diversos lugares.
Manuela empezó a trabajar como cocinera, y descubrió que tenía un gran talento, cocinaba muy bien y decoraba muy bonito, sin embargo, cuando querían promoverla al puesto de chef principal, ella siempre rechazaba la oportunidad porque se avergonzaba de no saber leer ni escribir.
Su vida era muy difícil. Tuvo tres hijos y era madre soltera, cuando su hijo mayor entró en la etapa de la adolescencia, empezó a tener problemas en su barrio y su vida empezó a correr mucho riesgo, lo que la llevó a mudarse a Denver, pero al llegar acá, su hijo empezó a involucrarse en pandillas al punto de costarle la vida.
“Por mucho tiempo me sentí culpable por la muerte de mi hijo - señala Manuela- pues no le había dado la atención que necesitaba, tenía a mi familia de un lado, andaba todo el tiempo muy ocupada porque trabajaba muchísimo, quería darle a mis hijos todo lo que yo no había tenido, sobe todo educación. Pero con la muerte de mi hijo me di cuenta que estaba equivocada, que lo material no es lo más importante”.
Sin embargo, el amor de Dios vence toda tiniebla y dolor, sin que Manuela lo esperara, Dios entró en su vida para traerle un mensaje de reconciliación e invitarla a volver a su regazo. Manuela no conocía la fe, no había sido bautizada ni había oído hablar sobre Dios, hasta ese día providencial en el que encontró una luz de esperanza. “Mi hijo y yo habíamos tenido una pelea muy fuerte- nos comparte Manuela- nos habíamos faltado el respeto como nunca antes, al día siguiente no tuve fuerzas para ir a trabajar, así que me quedé en casa, estaba muy triste, entonces prendí la radio para distraerme y escuché que alguien estaba contando como Dios le había cambiado la vida. Yo había ido a psicólogos, había hecho de todo para buscar ayuda y ya no sabía que más hacer. Esta persona mencionó la Parroquia del Sagrado Corazón en Denver, de inmediato supe que tenía que ir ahí”.
Manuela llegó a dicha parroquia en busca de un sacerdote, en ese entonces se encontraba allí el Padre Ángel Molina, quien le ofreció catequesis todos los lunes. “Cuando empecé a ir a la Iglesia, me di cuenta de todo lo que llevaba en mi corazón; me odiaba a mí misma, odiaba a mi mamá y había cometido muchos errores en mi vida. Lo que me salvó la vida fue entender que Dios me amaba a pesar de todo lo que había hecho”. Encontrarse con ese amor incondicional y la misericordia de Dios dio un giro a la vida de Manuela.
“El Padre Ángel me cuenta que cuando falleció mi hijo me preguntó que iba a hacer, y yo le contesté que nadie iba a separarme del amor de Dios”, Manuela no recuerda de dónde salieron esas palabras, la única explicación es tal vez que la gracia de Dios encontró un corazón dispuesto para dejarlo actuar. “Con un deseo renovado de salir adelante, decidí entrar a la escuela para aprender a leer y escribir, escuché del Centro San Juan Diego y del programa de educación para adultos que tenía, así que empecé mi primaria y ahorita estoy por terminar la secundaria y me gustaría continuar con el bachillerato, es mi sueño, para estudiar no se necesita ser joven”, señaló.
Manuela es ahora parte del Camino Neocatecumenal en Denver, se ha casado bajo la bendición de Dios y es una fiel comprometida con la Iglesia, su vida, según dice, es un milagro de Dios.
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