
Los católicos llamados a vivir la unidad
Somos una sola Iglesia a pesar de provenir de países, idioma, tradiciones diferentes
Por Monseñor Jorge De los Santos
La vida interior de la Iglesia católica se realiza en la comunión de los fieles con Dios y con los hermanos y hermanas. La Iglesia no es sólo la reunión de los fieles como personas individuales, sino que es algo más profundo, es decir, entre los miembros de nuestra Iglesia católica existe un vínculo espiritual que por medio de la gracia nos hace partícipes de la vida de Cristo en el Espíritu Santo. A esto llamamos la comunión espiritual de los fieles, que va más allá de una reunión de personas o de considerar la Iglesia como el tener una especie de membresía para pertenecer a un determinado club o grupo. La comunión espiritual une a nuestra Iglesia aún cuando las diferencias externas tienden a dividirla.
En el Capítulo 17 de Evangelio según San Juan, cuando Jesús se encontraba celebrando la última cena con sus discípulos, leemos: “No te ruego sólo por éstos, sino también por todos aquellos que creerán en mí por su palabra. Que todos sea uno, como tu, Padre, estás en mi y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”. Maravillosa exhortación a la unidad entre los hermanos y hermanas y con Dios. Excelso privilegio que tenemos de participar de la misma vida divina, pero no como miembros aislados sino como una sola Iglesia, esto es a lo que nosotros llamamos comunión.
Para entrar en este misterio de unidad eclesial necesitamos entrar en un proceso de conversión, y la conversión nos pone en el camino de asemejarnos cada vez más a Jesús, convertirnos cada vez más en la persona que Él es, y la esencia de Jesucristo como persona trinitaria es la unidad que forma con el Padre y el Espíritu Santo que los hace un solo Dios, así nosotros al asemejarnos a Jesús tomamos como esencial la unidad entre los hermanos y hermanas para participar de la vida divina en la unidad Trinitaria. Ahora comprendemos que la obra del Espíritu Santo es transformarnos a semejanza de Jesucristo, de esta manera la comunión divina de personas está actuando para cambiarnos, para transformarnos, para atraernos hacia sí.
Es así que la experiencia de la comunión está en el corazón de la Iglesia Católica. El misterio que se encuentra en la base de nuestra fe es el misterio del único Dios que se manifiesta en tres personas distintas Padre, Hijo y Espíritu Santo. De este misterio pasamos a la comunión entre las personas divinas y las personas humanas, para luego pasar a la comunión entre las personas humanas como hermanos y hermanas, ésta es la dinámica de la vida íntima de nuestra Iglesia.
La comunión entre los cristianos está en función a su participación como Iglesia en la misma vida divina. Si el Espíritu vive en mí, es el Espíritu del Señor quien me incorpora al único cuerpo de Cristo como una sola Iglesia, es decir, me incorpora a la unidad y me mantiene en la unidad por medio de su gracia.
Todos nosotros como discípulos de Cristo debemos caminar como una sola Iglesia, porque la Iglesia no puede ser sino una sola, que tiene un solo Señor, que profesa una solo fe, con un solo Bautismo que nos hace hijos e hijas de Dios, que a pesar de tener muchos miembros y cada miembro puede tener una función diferente, es un solo cuerpo cuya cabeza es Cristo. Somos una sola Iglesia a pesar de provenir de países diferentes, de tener idioma diferente, de tener tradiciones diferentes, esencialmente somos una sola Iglesia, Santa, Católica y Apostólica.
Recuerden hermanos que nos unen cosas más grandes e importantes que aquellas que nos separan.
Escribo este artículo en apoyo a One Family under God. ¡Qué tengan una muy feliz y santa Navidad!