
Corresponder al amor de Dios para poder verlo cara a cara
Cuando realmente conoces y experimentas el amor de Dios, es imposible no amarle, e imposible no seguirle
Por Karla Guizar
Desde el pasado mes de octubre Karla Guizar se integró al equipo del Centro San Juan Diego encargándose de la coordinación de la educación para adultos del programa de Bienestar Servicios Familiares. Ella es de Ciudad de México y vive en Denver desde Mayo de 2009. El Centro es para ella un lugar de despliegue y una bendición desde la que puede entregarse a los demás en servicio a Dios a quien ama profundamente.

Mi mamá con su testimonio nos ha inculcado desde siempre el gran amor a Dios y a María. Recuerdo que cuando era pequeña nos llevaba a mi hermana y a mí a visitar al Sagrado Corazón de Jesús, le llevábamos una curita para sus manitas sangradas y una goma de mascar.
Creo que siempre fui alguien que trataba de estar cerca de Dios, pero sin que implicara mayor esfuerzo para mí. En un momento de mi vida pensaba que la felicidad se resumía en viajar, estar en una de las mejores universidades de México, tener todo lo materialmente necesario, mi familia que me quería y me apoyaba, un novio, y portarte bien claro, pero ahondar más en los temas relacionados a la vida religiosa significaba para mí, que no tenías nada mejor que hacer en este mundo, por lo que este tema no se tocaba en mi vida.
Después de mucha insistencia de un par de amigas decidí aceptar la invitación en Semana Santa para irme de misiones en un pueblo en México, aquí Dios se encargó de cambiar mi concepto de lo que era la felicidad, cuando experimenté el vivir mil incomodidades como no tener agua, dormir en el piso, pasar frío por las noches, caminar muchísimo para poder llegar a cada casa a dar un mensaje de Dios.
Era impresionante, a pesar de no tener NADA experimentaba la felicidad más grande de mi vida, el darte a los demás sin esperar nada a cambio, el sacrificarte por los otros, el dar tu vida por Dios y poderle corresponder a su amor tan infinito.
Aquí empezaba a conocer más a fondo el gran amor y misericordia que Dios y María me tenían. No niego que fue difícil aceptar cómo TODO un Dios podía amarme tanto, a pesar de mis defectos y limitaciones, pero este amor fue tan grande y fuerte que llegué a plantearme el entregar mi vida totalmente a Dios en la vida consagrada.
Este tiempo de discernimiento no fue nada fácil, sin embargo fue una prueba de Dios para saber cuanto estaba dispuesta hacer por Él, para que lo conociera más, me enamorara más de Él y entendiera que cualquiera sea la vocación a la que Dios me llamara, el objetivo iba hacer el mismo: llegar a verlo cara a cara al final de mi vida.
Con los años, he aprendido que Dios nunca se deja ganar en generosidad, ya que en cada momento de mi vida he experimentado esto, siendo hasta ahora el mayor gesto de su amor generoso, el darme el regalo de conocer a mi esposo, con quien me casé el pasado mes de febrero. Sé que en estos tiempos no es fácil encontrar una pareja que quiera comprometerse, que tenga los mismos valores, que ame a Dios más que a nadie en el mundo y que se entregue sin esperar nada a cambio. Eso y más es lo que Dios me tenía destinado en Hugo, mi querido esposo. Sé que sólo con él de la mano de Dios y de María podemos formar el matrimonio como Dios lo pensó.
En México tanto mi esposo como yo teníamos la costumbre de ir a visitar a la Virgencita por lo menos una vez al mes y claro que antes de venir a Denver siempre le pedimos que estuviera cerca de nosotros, por lo que el trabajar para el Centro San Juan Diego es un regalito de ella, el saber que aunque no podemos ir a verla, Ella se hace presente.
Es increíble ver que cada cosa que Dios hace en nosotros aunque en ese momento no lo entendamos es porque nos está preparando para algo mejor en algún momento de nuestras vidas, ya que desde esas primeras misiones que hice Dios lleva formándome durante 12 años para ahora poder llegar a servirle mejor en el Centro San Juan Diego.
Realmente en el Centro he encontrado toda una familia, no son sólo compañeros de trabajo. En esta época es muy difícil encontrar un ambiente como el que se vive ahí, lleno de caridad, servicio y sobre todo que se preocupen por que cada día seas una mejor persona y a su vez nosotros en nuestro trabajo podamos dar lo mejor de nosotros para servir a nuestra comunidad.
Realmente estoy muy agradecida con Luis Soto y con todos los que confiaron en mí por darme la oportunidad de colaborar para la Gloria de Dios.
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

