De las etapas de la vida, Adviento y Navidad
Por Abraham Morales
A finales de octubre cayó en el área de Denver una nevada considerable, pero era demasiado temprano, el ambiente no está preparado todavía. Recuerdo que cuando limpiaba la nieve de la banqueta de la casa vi debajo muchas hojas secas, un fenómeno que se me hizo simpático: la combinación de nieve y hojas secas. Como dos estaciones del año traslapadas, una encima de la otra. Esto me recuerda nuestra propia vida, en cada etapa que vivimos, sobre todo en los años de nuestra juventud.
La nieve llegó antes de que el medio ambiente estuviera preparado por completo. Los árboles tenían todavía hojas encima, por lo que fueron vencidos por la pesada nieve. El pasto aún no se secaba, por lo que en algunos lugares se quemó por la helada. Y la evidencia de que aún no estaba listo el medio ambiente para la llegada de la nieve estaba justo debajo de ella, al remover la nieve podías ver que aún no era su tiempo, las hojas de los árboles todavía no terminaban de caer. Dicen los que saben que este año estamos experimentando otra vez este tipo de cambios climáticos debido al fenómeno del efecto de “el niño”.
En la vida del joven suelen presentarse situaciones donde queremos que llegue el invierno antes que el otoño, o la primavera antes que el invierno. Queremos traslapar, o poner una etapa encima de la otra, antes de vivir por completo la temporada actual hasta que termine. Te puedo dar muchos ejemplos, los que tú ya conoces que son cosas que “antes” eran consideradas para vivirse en la etapa de adultos, o propias de un matrimonio, pero que por alguna razón algunos pueden considerar que es pasado de moda y ahora, en tu etapa de joven o adolescente sientas que ya estás “preparado” para vivir la temporada de tu vida siguiente en esta etapa que aún no termina. ¿Pero quién dijo que las cosas de adultos y elementos propios del matrimonio (como las relaciones sexuales) son ideas anticuadas y ya no tienen cabida en el mundo moderno? Los valores y principios cristianos y humanos no pueden ser arcaicos. Porque quien los creó nunca pasa de moda, mucho menos su amor, manifiesto de muchas maneras, entre ellas sus mandamientos.
De regreso a vivir cada etapa, así como el sembrador necesita esperar el tiempo preciso para colocar la semilla, para regar y para cuidar la siembra durante su crecimiento, y sobre todo para recoger la cosecha; de la misma manera es con cada etapa de nuestras vidas. Y la etapa de tu adolescencia y juventud son todavía etapas de crecimiento y de cuidado, de regar la siembra, para cuando llegue el momento, no antes, puedas recoger la cosecha de tu vida con éxito. Es difícil no adelantarse, es verdad. Estamos rodeados de muchas influencias que nos dicen lo contrario. Pero no le podemos echar la culpa a nadie de ningún efecto de niño o niña, porque nosotros somos responsables por nuestros actos. El supuesto amigo que te aconsejó mal no responderá por ti, sino tú mismo y sólo tú afrontarás las consecuencias. Precisamente porque es difícil la tentación de querer adelantarnos a vivir como lo que todavía no somos, necesitamos ayuda. Ayuda de Dios.
Encomiéndale tu juventud, que sea Él quien te guíe en cada paso que das en esta etapa. Y tratemos de vivir las virtudes (te recomiendo leer la sección del Catecismo de la Iglesia que las describe: los números de 1803 al 1845, lo puedes leer online en http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P65.HTM ).
Y a propósito de temporadas, este tiempo de Adviento en preparación a la Navidad es ideal para poner en práctica lo que aquí hemos hablado. La Iglesia también ha determinado tiempos para acompañarnos durante el año de manera especial, y este de adviento es de preparación y espera. Pero fíjate bien en la palabra: espera. Esperamos con paciencia el nacimiento de Jesús, y mientras ejercemos la virtud de la paciencia, nos preparamos en lo espiritual, en lo humano y en nuestra generosidad. El Adviento nos enseña a la perfección lo que debemos hacer con cada temporada o etapa de nuestra vida. Piénsala bien.
Te reto a que tengas una feliz Navidad, es decir que cuando digas “Feliz Navidad” este 25 de diciembre realmente sientas una felicidad en tu corazón porque has dejado que el Niño Jesús habite en él para que sea quien guíe tu vida de joven de acuerdo a cada etapa ¿Aceptas el reto?
“Acuérdate de tu creador en los días de tu juventud”. Eclesiastés 12,1.
Paz (y muy Feliz Navidad)
Abraham.
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