
¿Cómo debe ser la relación entre sacerdotes y laicos?
El esfuerzo del sacerdote debe ser el mismo del Señor Jesús por ser un buen Pastor, Amigo y Maestro para los demás
Por el Padre Luis Escandón*

A lo largo de los años o quizá desde el inicio de nuestra Iglesia católica, la gente se ha hecho esta misma pregunta, inclusive en tiempos de Nuestro Señor Jesucristo, la gente se sorprendía de la relación que Jesús tenía con sus apóstoles, discípulos y personas que lo seguían que como es bien sabido y lo podemos constatar en la Sagrada Escritura no era la misma para todos.
En las Sagradas Escrituras vemos como Jesús era un maestro y amigo cercano, comprensivo, cariñoso pero a la vez fuerte y tajante con sus apóstoles. Con ellos hablaba sin secretos, les explicaba las Escrituras, las profecías y convivía en todo momento, tratando de prepararlos para el futuro, ya que ellos serían los continuadores de Su Iglesia. Nuestro Señor oró por ellos, y los encomendó al Padre antes de morir, porque los conocía y sabía que su fe era débil y que necesitarían de fortaleza.
Con los discípulos, la gente que lo seguía, lo escuchaba pero no vivía con Él, nuestro Señor era un poco diferente. Vemos en las Escrituras como el Señor convivía con ellos, les hablaba en parábolas, sentía compasión por ellos, les daba de comer, curaba a los enfermos, les enseñaba, especialmente a orar y a tener una relación cercana con Dios Padre. También, Jesús dentro de este grupo tenía un grupo de amigos cercanos, como Marta, María y Lázaro, con quienes convivía, compartía los alimentos y le gustaba permanecer en su casa. Con los amigos cercanos, Jesús disfrutaba de la comida, de la compañía, hablaba con ellos, reía con ellos, inclusive llegó a llorar con ellos por la muerte de su amigo Lázaro.
Por otro lado, había un grupo de gente, que no estaba de acuerdo con la persona y las enseñanzas de Jesús, que no quería y no creía que Jesucristo era y es el Hijo de Dios. Ante esta situación nuestro Señor Jesús, no mostró falta de respeto o los insultaba por su conducta errónea. Al contrario, Jesús como buen Maestro y buen Pastor trataba que este grupo que no lo quería, que estaba en desacuerdo y que inclusive quería matarlo, entrara en razón y también fuera parte de la Iglesia. Vemos en los Evangelios, cuantas veces Jesús habló con ellos, respondió sus preguntas, aguantó sus acusaciones, perdonó sus groserías y maltratos e inclusive oró por ellos instantes antes de su muerte.
Como podemos ver Nuestro Señor compartió con mucha gente, siempre estuvo en medio de su pueblo, tuvo una familia, un grupo de amigos, un grupo de seguidores y un grupo de enemigos también. Para cada uno de ellos, Él tenía siempre una palabra, Él sabía como tratar a todos, siempre con amor y misericordia. Nunca salió de su boca una palabra de maldición o desaliento, al contrario siempre fue buen Hijo, buen Maestro y buen Pastor.
En la historia de la Iglesia católica hemos tenido pastores, santos y humildes que con su trato diario a los demás, su ejemplo de vida y consagración a Dios, dieron nuevas fuerzas y mostraron el camino correcto del amor de Dios y de Su Iglesia.
Así tenemos a grandes santos como San Francisco de Asís, San Juan María Vianney, San Juan Bosco, y muchos otros más que con su relación diaria con la gente, con los jóvenes, los pobres y los ricos mostraron que en la Iglesia Católica está la mano de Dios sosteniéndola y mostrándole el camino a la santidad.
En nuestros días muchas cosas han cambiado. La educación de los laicos, la gran influencia de los medios de comunicación en todos los niveles económicos, la apertura de la misma Iglesia al diálogo con otras religiones o grupos de diversas denominaciones, la educación teológica y espiritual que reciben nuestros sacerdotes y seminaristas, entre otros, han hecho que la relación entre los pastores y los laicos sea cada vez más compleja y requiera de más cuidado por ambos lados.
El sacerdote del siglo XXI es un sacerdote que debe esforzar siempre en conocer y entender la problemática de la sociedad en que vive, no ser ajeno a todos los problemas que se presentan día con día. Para él, esto representa un gran reto pero al mismo tiempo representa un peligro si no sabe como tratarlos.
Desde mi punto de vista, creo que nosotros como pastores del Pueblo de Dios debemos tener muy claro que en primer lugar y ante todo hemos sido llamados a la santidad, y desde esa perspectiva debemos tratar al Pueblo de Dios. En otras palabras, creo que la relación que bebe existir entre los pastores, sacerdotes, seminaristas y laicos debe ser una relación que nos acerque en este camino de la santidad a Dios.
Nosotros como sacerdotes no tenemos otro modelo más que la persona de nuestro Señor Jesucristo, a Él es a quien debemos imitar y seguir en nuestra vida diaria. Si conocemos la vida de Jesús y a lo largo de los años de nuestro ministerio la hemos meditado, la hemos proclamado y la hemos puesto en práctica creo que no tendremos ningún problema con nuestro trato diario con los demás.
Nosotros los sacerdotes estamos conscientes, que los tiempos de hoy son difíciles, que la gente sigue muchas veces caminos equivocados, que muchos jóvenes no obedecen a sus padres y mucho menos la Ley de Dios, que existen grupos que siguiendo falsas doctrinas y puntos de vista erróneos de la ley natural y de la ley divina tratan de confundir y de dividir a la Iglesia, por eso nuestra semejanza a Cristo debe ser aún mayor y más profunda.
Nuestro Divino Maestro, en su tiempo tuvo amigos con los cuales le gustaba estar, a cada uno de ellos le dio un trato especial con respeto, amor y misericordia. Yo estoy seguro que también los sacerdotes tenemos muchos amigos con los que nos gustar estar, algunos están cerca otros no. A todos ellos, desde mi punto de vista debemos tratarlos de la misma manera que Jesús, con mucho respeto, con amor de amigos y hermanos, y también cuando sea necesario con mucha misericordia.
A la gente que no es tan cercana al sacerdote, estoy hablando de los hermanos que asisten regularmente a la misa dominical, que comparten un poco de su tiempo con su párroco y en su parroquia, creo que ha ellos se les debe tratar con el mismo amor, respeto y cordialidad como lo hacemos con los amigos cercanos. No debe existir diferencia alguna, puesto que con Jesús no hubo diferencias entre los amigos cercanos y los que solamente lo seguían para escucharlo y para recibir algún milagro, pero después se alejaban y no volvían más.
Por último, en nuestra vida diaria también tenemos algunos hermanos a los cuales no somos completamente de su agrado, como en tiempos de Jesús los fariseos, escribas o maestros de la ley. A ellos, Nuestro Señor los trató siempre con respeto, con la dignidad que se merecían y con mucha paciencia, tratando de hacerles ver sus errores. Creo que nosotros debemos hacer lo mismo. Ayudar con nuestro ejemplo, con nuestro respeto y nuestras enseñanzas al hermano que nos critica, al que nos causa cierto problema.
En conclusión, creo que el trato del sacerdote con el laico debe ser el mismo que Jesús tuvo y tiene con todos nosotros.
* El Padre Luis Escandón es formador del Seminario Teológico San Juan Maria Vianney (Denver) encargado de la Casa parroquial de Santa Maria Magdalena.
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