Los caminos de Dios son misteriosos
Daniel llegó a Denver en Septiembre de este año para iniciar su formación como sacerdote en el Seminario Teológico St. John Vianney
Por Lara Montoya
Daniel Pérez, nació en Merida-Yucatán, México, un 11 de julio de 1980. Durante su adolescencia Daniel nunca se preguntó sobre el tema de su vocación, la idea de ser sacerdote no era una posibilidad para él, estaba distraído con las cosas del mundo y sus habilidades personales le habían permitido conocer muy pronto el éxito, “antes de ingresar a la universidad, señala Daniel, cuando terminé el bachillerato me dedique a trabajar para una compañía americana "Pizza Hut" como Gerente General. Ahí logré una carrera exitosa y gané varios premios nacionales e internacionales, entre ellos, fui premiado para asistir a un congreso en Orlando, Florida, donde asistieron Gerentes Generales de Canadá, Bahamas, Brasil, México, Costa Rica, Salvador, Puerto Rico, entre otros países”. Aunque Daniel había visitado antes los Estados Unidos, nunca se imaginó que viviría aquí, mucho menos como seminarista. Pero los caminos de Dios son misteriosos y sin que Daniel lo presintiera, el Señor iba preparando su corazón para aquel momento en el que llamaría a su puerta a pedirle que lo siguiera.
Años más tarde, Daniel decide empezar una carrera universitaria, se muda al Estado de México, en Texcoco, donde ingresa a la Universidad Autónoma Chapingo, para estudiar Economía Agrícola. “Gracias a ello, señala el joven seminarista, tuve la oportunidad de conocer casi toda la república mexicana; esto me abrió la posibilidad de relacionarme con diferentes tipos de personas, culturas y razas”.
Daniel comparte que cerca de la Universidad había una Iglesia, donde se involucró con el grupo de jóvenes universitarios “poco a poco me fui comprometiendo más con las actividades de la parroquia y al pasar de los años los sacerdotes me empezaron a invitar a pláticas de discernimiento, cuando de pronto me di cuenta que gran parte de mi tiempo lo pasaba en la Iglesia” señala Daniel. Es a partir de esa experiencia que Daniel empezó a preguntarse “¿por qué no darle mi vida a Dios si me hace tan feliz estar aquí?”.
Sin embargo, comenta que al principio esa pregunta le causó mucho miedo y rechazo, “tenía una vida social muy activa y no quería dejar mis comodidades, dice Daniel, pero Dios sabe cómo conquistarnos. Me invitaron a participar de un viaje de misiones a la sierra de México y ahí encontré otra realidad, me di cuenta que para ser feliz no necesitaba nada de lo que tenía y creía importante, era la Semana Santa de 2007”. Pocos meses después, Daniel ingresó al pre-seminario y en septiembre del mismo año entró formalmente al seminario de Texcoco, estado de México.
Al poco tiempo de estar en el seminario, la mamá de Daniel sufrió un accidente automovilístico, por ese motivo, Daniel regresó a Mérida para acompañarla y ayudarla. “Este tiempo fue muy difícil para mí, no sabía si regresar al seminario de Texcoco, me decía a mí mismo, para que regresar a México si en el seminario de acá que está a 15 minutos de mi casa, acá puedo estar cerca de mi familia. El padre encargado de las vocaciones me dijo que para ingresar al seminario de Mérida necesitaba volver a empezar el proceso, eso me desanimó un poco”.
Sin embargo, Dios se vale de nuestras debilidades y dificultades para forjarnos más y para llevar a cabo su Plan de amor, las dudas y obstáculos que Daniel encontró en ese momento de su vida iban preparándolo para su venida a Denver, “para Dios no hay coincidencias, pues justo en ese momento, un familiar del Padre Luis Escandón estaba en Mérida, ella me contactó con él y me dijo que el Padre se encontraba en Denver, no sé porque decidí escribirle, pero así lo hice. El padre Luis me puso en contacto con Mons. Jorge De Los Santos. Las cosas sucedieron bien pronto y fueron bastante sencillas, me comuniqué con él contándole mi historia vocacional y él me dijo que deseaba entrevistarse conmigo, casualmente, por esa época, mi mamá y yo fuimos de vacaciones a Houston, así que decidí aprovechar ese viaje para venir a Denver, conocí a Mons. De los Santos, al Arzobispo Chaput, y ese fue el inicio de todo, el proceso para entrar a este seminario. Fue muy rápido, saqué mi cita para solicitar una visa de estudiante y en dos semanas ya estaba acá”.
Lo curioso, como señala Daniel, es que ahora se encuentra aún más lejos de casa y tendrá que esperar pasar el examen TOEFL para iniciar nuevamente el proceso de formación. “Dios tiene un buen sentido del humor, de eso no hay duda. Pero las ganas de querer empezar otra vez es la fuerza que me ha lanzado a vivir esta aventura, sé que si no empiezo ahora, tal vez ya no lo haré más y lo que más anhelo es ser sacerdote por que si he de entregar mi vida quiero que sea al servicio de Dios, para poder ayudar a las personas más necesitadas, pues desde mi estancia en el seminario quedé mas enamorado de la vocación y de Jesús”.
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