Padre Nuestro …Our Father Como padres queremos y nos esforzamos para que nuestros hijos sean santos
Por Luis Soto
Todas las noches antes de dormir, hago oración con mi hijo mayor, de cuatro años y medio. Normalmente yo comienzo y él repite lo que yo digo, a veces improvisa, y esa se convierte en la mejor de todas las oraciones. Siempre había sido en español, mi hijo es completamente bilingüe y se maneja bien yendo de un lenguaje al otro con facilidad. Pero una noche, por razones que no recuerdo, decidí comenzar la oración en inglés. Nos hincamos los dos, él sobre la cama y yo a un lado. Yo comencé, “In the name of the Father, and of the Son, and of the Holy Spirit”. Me miró extrañado, pero repitió lo que yo decía con algo de duda. Después, uní mis manos y él hizo lo mismo, y dije: “Our Father, who art in heaven…” el repetía después de cada frase… Después de un momento se detuvo, me miró y dijo en inglés: “Papi, that is English and we are praying… prayer is in Spanish papi…” (papi, eso es inglés y nosotros estamos orando… la oración se hace en español papi) y se rió a carcajadas por el “error” de su papi.
Como padre que soy, y teniendo la educación de mis hijos y la vida de mi familia como el centro de mis prioridades, su reacción me dejó pensando por varios días. ¿Cuál es el objetivo último en la educación de mis hijos? ¿Qué tengo que lograr para poder decir que he cumplido con mi misión como padre? ¿Ser padre se trata sólo de proveer comida, ropa, educación, lujos, etc? ¿Habré cumplido con mi misión de padre si logro que mi hijo o hija se gradúe del colegio? ¿Seré un gran padre si alguno de ellos se convierte en presidente del país? ¿Me sentiré satisfecho si logran ser ricos? ¿Qué, a fin de cuentas, me dirá si hice o no un buen trabajo como padre?
Aun cuando todas esas cosas son importantes, yo creo y estoy convencido que mi misión como padre, o como madre en este caso, es sólo una: que mis hijos sean santos. No solamente que sean hombres y mujeres de bien, así era el joven rico del Evangelio (Mt 19, 16-22), era un buen hombre; sino que sean santos: santos hijos, santos padres, santos esposos o esposas, santos amigos, santo licenciado, santos sacerdote o religiosa, santo presidente, etc. Santos en toda la extensión de la palabra. O dicho de otra forma, que vayan al cielo y gocen de la amistad eterna con Dios. Allí quiero estar con ellos por siempre. Mis expectativas de ellos son eternas, no sólo pienso en ellos durante los años que tengan de vida, sino para la eternidad.
Seguro te preguntarás qué tiene que ver el primer párrafo con el segundo. La razón por la cual los he usado es para expresar una realidad. Es claro que estamos perdiendo católicos cada generación. Se calcula que 10% de católicos se pierden cada generación, eso significa varios millones. Lo más preocupante es que no dejan la Iglesia católica necesariamente para irse a otras iglesias. La “religión” de más rápido crecimiento hoy en día es el secularismo, es decir, el no tener religión.
En el ministerio con la comunidad hispana en los Estados Unidos, nos hemos empeñado en usar español en todos nuestros ambientes, incluso en la educación de la fe de nuestros hijos, y en la pastoral juvenil. Funciona muchas veces, pero yo creo que si mi hijo no aprende a hacer oración en inglés, y a vivir y explicar su fe en inglés, y a saber que su fe, la fe heredada por sus padres, también es algo que puede ser vivido en esta sociedad, la perderá. Así sucede y sucederá con millones de jóvenes si no cambiamos el rumbo. Me guste o no, debido a una decisión que yo tomé en mi vida, el primer idioma de mi hijo es y será el inglés. Lo hablará la mayor parte del tiempo. Lo usará con sus amigos, en su trabajo, en la escuela, etc. Si piensa que la fe católica es algo que sólo es vivido en el idioma de sus padres, en la privacidad de su casa y bajo el abrigo de sus padres, jamás podrá vivir y dar testimonio de su fe en su vida diaria. En otras palabras, el mundo se lo comerá y perderá su fe. O la vivirá sólo como ciertas celebraciones tradicionales que vale la pena repetir, no necesariamente por fe, sino por costumbre. No digo que olvide el español, me refiero a que aprenda a vivir y celebrar su fe en “su idioma”.
Si de verdad pienso que mi objetivo es que sean santos, debo asegurarme que su fe forme parte de toda su vida. Por lo tanto el inglés debe ser parte de ello. Lo que los hispanos más buscan hoy en día, no es tanto resonancia cultural y tradiciones, los hispanos estamos hambrientos de la vida de fe, de los sacramentos, de la Palabra de Dios. No pensemos que lo cultural lo es todo. La fe va mucho más allá de las expresiones culturales. Si quiero que mi hijo viva su fe católica y sea santo, tendrá que ser capaz de vivirla, expresarla y defenderla, en el idioma que, debido a una decisión mía, le ha tocado vivir. También puede orar, alabar y dar gracias a Dios en inglés. Gracias al cielo que Dios es políglota.