
Se hizo una promesa; ahora es necesario cumplirla
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.

Hace ocho semanas el Presidente Obama prometió durante una sesión conjunta del Congreso que “su” plan de reforma de salud no incluiría ni proporcionaría fondos públicos para el aborto. Esta promesa fue convincente porque tenía sentido. Como han demostrado las encuestas, la mayoría de los norteamericanos no quieren el aborto o su financiamiento incluido en cualquier plan de salud que use fondos públicos.
El apoyo del Presidente al “derecho” federal al aborto es algo tan evidente que él ya lo ha puesto por escrito. Guste o no, los votantes pueden asumir que el Presidente nombrará jueces que comparten su punto de vista. Por tanto, la causa principal por la que luchan los votantes “pro-choice” (a favor del aborto) está asegurada bajo el liderazgo de Obama.
Estas son malas noticias para nosotros, pero también le da espacio a la Casa Blanca para entrar en negociación y formar acuerdos. Excluir el financiamiento al aborto de la reforma de salud presentada por el Presidente – y quiero decir excluirlo verdaderamente y no disfrazarlo furtivamente bajo la cubierta de algún juego engañoso – debería ser una concesión fácil de hacer para el Congreso y la Casa Blanca. Es un precio modesto que ellos podrían pagar por obtener el apoyo de los católicos y de otras organizaciones pro-vida, o por lo menos por su neutralidad. También podría darle credibilidad a Washington, es decir, dejarían de ser palabras vacías cuando se habla sobre el “estar de acuerdo”.
Ocho semanas después, ya no existe un plan “presidencial”. En su lugar, desde el 1 de noviembre, el Congreso ha elaborado cinco propuestas diferentes, incluyendo una versión conciliada por los diputados, con un total de casi 2,000 páginas de una compleja y amplia legislación. Muy pocos ciudadanos han leído el texto. Y todavía mucho menos personas entienden realmente sus implicaciones. Pero todas las propuestas tienen algo en común: ninguna de ellas cumple con la promesa presidencial.
Recordemos que los Obispos Católicos de los Estados Unidos han insistido por décadas por una reforma nacional de salud nacional, mucho antes que los medios de comunicación lo sacaran a la luz como un tema importante. La Iglesia considera que el tener acceso a servicios básicos de salud es un derecho, no un privilegio.
Pero para que esto sea legítimo, los esfuerzos por una reforma de salud deben respetar la dignidad de la totalidad de la persona humana desde la concepción hasta la muerte natural. Esto incluye al ser que aún no ha nacido, al inmigrante y al anciano. Una reforma genuina también exige una fuerte protección al respeto de la conciencia de los profesionales e instituciones médicas. Y también exige que nuestros ideales se fundamenten en los cimientos de una razón objetiva. En otras palabras, la verdadera reforma debe ser económicamente realista y financieramente sustentable.
Desde agosto, los Obispos de los Estados Unidos y sus asesores han trabajado incansablemente con miembros del Congreso y personal de la Casa Blanca tratando de elaborar una legislación de reforma de salud que sea de mutua aceptación. La Iglesia en los Estados Unidos quiere encontrar un estar de acuerdo que permita a los católicos apoyar al Congreso y la Casa Blanca para asegurar el acceso a servicios básicos de salud a todo nuestro pueblo. Sin embargo, todo el esfuerzo de los miembros del Congreso preocupados por asegurar una legislación moralmente aceptable – a pesar incluso del extraordinario liderazgo del Diputado Demócrata Bart Stupak – ha sido rechazado, frecuentemente con una terminología política engañosa que parece deliberadamente creada para confundir.
Este es el resultado: El 28 de octubre el Cardenal de Chicago, Francis George y otros líderes de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (U.S.C.C.B. por sus siglas en inglés) han anunciado que todos los esfuerzos para enmendar adecuadamente las actuales propuestas de reforma de salud han fracasado. En otras palabras, ninguna de las actuales propuestas legislativas ofrece un “acuerdo común” legítimo en los temas que son vitales para los católicos. Y hasta la fecha, a pesar de la promesa original hecha por el Presidente, la Casa Blanca no ha hecho nada para resolver ese problema.
Hay que decirlo claramente: Todas las soluciones para una reforma de salud actualmente presentadas al Congreso violan potencialmente, en una forma grave, la dignidad humana. A menos que estas propuestas sean inmediatamente enmendadas para que reflejen las preocupaciones del congresista Stupak, de otros miembros del Congreso que piensan como él, y los líderes de la comunidad católica nacional, los católicos deben oponerse vigorosamente y ayudar para que esta peligrosa legislación no sea una realidad.
Monseñor James Conley y un servidor hablaremos directamente al pueblo de la Arquidiócesis sobre este asunto urgente a través de una carta que será leída en todas las Misas y en todas las Parroquias este fin de semana del 7 y 8 de noviembre. Las parroquias tendrán a su disposición material detallando los temas vitales que siguen pendientes en el debate sobre la reforma de salud, y que urge a los fieles a contactar inmediatamente a sus representantes federales.
El debate sobre la reforma de salud en el Congreso se ha visto enajenado por un cúmulo de afirmaciones confusas, complejas y en ocasiones francamente deshonestas contenidas las 2,000 páginas de legislación que actualmente están tomando su forma final y ya se acerca a su voto. No nos dejemos engañar.
Contacte a sus senadores y representantes. Exija que las actuales propuestas de salud sean cambiadas para respetar las preocupaciones católicas y pro-vida. Pero necesitamos hacerlo ahora mismo, esto es de vital importancia.
Información fundamental sobre el actual debate de salud puede encontrarse en: www.usccb.org/healthcare y www.archden.org. Información para contactar a los legisladores federales puede encontrarse en: www.nchla.org o www.usccb.org/action.
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