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November 2, 2009
A promise was made; now it needs to be kept
Archbishop Chaput outlines the dangers of the current health-care reform bills and urges Catholics to contact Congress (www.usccb.org/action) and demand that current health-care proposals be changed to respect all human life -- including the unborn, the elderly and the immigrant.
Eight weeks ago President Obama promised a joint session of Congress that “his” health-care plan would not include or provide public monies for abortion. This seemed persuasive because it made sense. As polling has shown, most Americans do not want abortion or its funding included in any publicly supported health plan.
The president's support for a federal “right” to abortion is a matter of record. Like it or not, voters can assume that he'll appoint judges who share that view. Therefore, the main concern of his “pro-choice” constituency is safe under his leadership. This is bad news for the rest of us, but it does give the White House room to compromise. Excluding abortion funding from the president's health-care efforts - I mean really excluding it and not sneaking it in under the cover of some bureaucratic shell game—would be an easy concession for Congress and the White House to make. It's a modest price to pay for Catholic and similar pro-life support, or at least their neutrality. It might also put some meat on the bones of Washington's talk about “common ground."
Eight weeks later, there is no “president's” plan. Instead, as of Nov. 1, Congress has produced five different proposals, including a merged House version totaling nearly 2,000 pages of complex and sweeping legislation. Few citizens have actually read the text. Even fewer really understand its implications. But all of the proposals have one thing in common: Not one of them lives up to the president's promise.
Let's remember that America's Catholic bishops have pushed for national health-care reform for decades, long before our mass media discovered it as a theme. The Church regards access to basic health-care services as a right, not a privilege. But to be legitimate, reform efforts need to respect the dignity of the whole human person from conception to natural death. That includes the unborn child, the immigrant and the elderly. Genuine reform also demands strong protections for the conscience rights of medical professionals and institutions. And it also requires that our ideals rest on a foundation of sound reasoning. In other words, real reform must be economically realistic and financially sustainable.
Since August, the U.S. bishops and their staff have worked tirelessly with members of Congress and the White House staff, trying to craft mutually acceptable health-care legislation. The Church in the United States wants to find the common ground that would enable Catholics to support Congress and the White House in ensuring access to basic health services for all our people. But every effort by concerned members of Congress to ensure morally acceptable legislation — despite the outstanding leadership of Democratic Rep. Bart Stupak — has been rebuffed, often with the kind of political doubletalk that seems deliberately designed to confuse.
Here's the result. On Oct. 28, Chicago's Cardinal Francis George and other leaders of the U.S. Conference of Catholic Bishops (USCCB) announced that all efforts to adequately revise current health-care proposals have failed. In other words, not one of the current legislative proposals offers legitimate “common ground” on the issues vital to Catholics. And to date, despite the president’s original promise, the White House has done nothing to fix that problem.
To put it bluntly: all of the health-care reform solutions currently facing Congress violate human dignity in potentially grievous ways. Unless these proposals are immediately changed to reflect the concerns of Congressman Stupak, other like-minded members of Congress, and leaders of the national Catholic community, Catholics need to vigorously oppose and help defeat this dangerous legislation.
Bishop Conley and I will speak directly to the people of the archdiocese on this urgent matter through a letter read at all Masses in all parishes this weekend, Nov. 7-8. Materials will be made available to all parishes outlining the vital issues that remain in the health-care reform debate, and urging parishioners to immediately contact their federal representatives.
The health-care reform debate has been dogged by a pattern of misleading, complex and at times flatly dishonest claims in Congress about the content of the 2,000-page legislation now taking final shape and nearing a vote. Don't be fooled. Contact your senators and representative. Demand that current health-care proposals be changed to respect Catholic and pro-life concerns. And equally important for all of us: We need to do it now.
ACTION ALERT
Vital background information on the current health-care debate can found at www.usccb.org/healthcare and www.archden.org.
Contact information for federal lawmakers can be found at www.nchla.org or www.usccb.org/action.
To send a pre-written, instant e-mail message to Congress go to www.usccb.org/action.
To call the U.S. Capitol switchboard, dial (202) 224-3121.
Se hizo una promesa; es el momento de cumplirla
Hace ocho semanas el Presidente Obama prometió durante una sesión conjunta del Congreso que “su” plan de reforma de salud no incluiría ni proporcionaría fondos públicos para el aborto. Esta promesa fue convincente porque tenía sentido. Como han demostrado las encuestas, la mayoría de los norteamericanos no quieren el aborto o su financiamiento incluido en cualquier plan de salud que use fondos públicos.
El apoyo del Presidente al “derecho” federal al aborto es algo tan evidente que él ya lo ha puesto por escrito. Guste o no, los votantes pueden asumir que el Presidente nombrará jueces que comparten su punto de vista. Por tanto, la causa principal por la que luchan los votantes “pro-choice” (a favor del aborto) está asegurada bajo el liderazgo de Obama. Estas son malas noticias para nosotros, pero también le da espacio a la Casa Blanca para entrar en negociación y formar acuerdos. Excluir el financiamiento al aborto de la reforma de salud presentada por el Presidente – y quiero decir excluirlo verdaderamente y no disfrazarlo furtivamente bajo la cubierta de algún juego engañoso – debería ser una concesión fácil de hacer para el Congreso y la Casa Blanca. Es un precio modesto que ellos podrían pagar por obtener el apoyo de los católicos y de otras organizaciones pro-vida, o por lo menos por su neutralidad. También podría darle credibilidad a Washington, es decir, dejarían de ser palabras vacías cuando se habla sobre el “estar de acuerdo.”
Ocho semanas después, ya no existe un plan “presidencial”. En su lugar, desde el 1 de noviembre, el Congreso ha elaborado cinco propuestas diferentes, incluyendo una versión conciliada por los diputados, con un total de casi 2,000 páginas de una compleja y amplia legislación. Muy pocos ciudadanos han leído el texto. Y todavía mucho menos personas entienden realmente sus implicaciones. Pero todas las propuestas tienen algo en común: ninguna de ellas cumple con la promesa presidencial.
Recordemos que los Obispos Católicos de los Estados Unidos han insistido por décadas por una reforma nacional de salud nacional, mucho antes que los medios de comunicación lo sacaran a la luz como un tema importante. La Iglesia considera que el tener acceso a servicios básicos de salud es un derecho, no un privilegio. Pero para que esto sea legítimo, los esfuerzos por una reforma de salud deben respetar la dignidad de la totalidad de la persona humana desde la concepción hasta la muerte natural. Esto incluye al ser que aún no ha nacido, al inmigrante y al anciano. Una reforma genuina también exige una fuerte protección al respeto de la conciencia de los profesionales e instituciones médicas. Y también exige que nuestros ideales se fundamenten en los cimientos de una razón objetiva. En otras palabras, la verdadera reforma debe ser económicamente realista y financieramente sustentable.
Desde agosto, los Obispos de los Estados Unidos y sus asesores han trabajado incansablemente con miembros del Congreso y personal de la Casa Blanca tratando de elaborar una legislación de reforma de salud que sea de mutua aceptación. La Iglesia en los Estados Unidos quiere encontrar un estar de acuerdo que permita a los católicos apoyar al Congreso y la Casa Blanca para asegurar el acceso a servicios básicos de salud a todo nuestro pueblo. Sin embargo, todo el esfuerzo de los miembros del Congreso preocupados por asegurar una legislación moralmente aceptable – a pesar incluso del extraordinario liderazgo del Diputado Demócrata Bart Stupak – ha sido rechazado, frecuentemente con una terminología política engañosa que parece deliberadamente creada para confundir.
Este es el resultado: El 28 de octubre el Cardenal de Chicago, Francis George y otros líderes de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (U.S.C.C.B. por sus siglas en inglés) han anunciado que todos los esfuerzos para enmendar adecuadamente las actuales propuestas de reforma de salud han fracasado. En otras palabras, ninguna de las actuales propuestas legislativas ofrece un “acuerdo común” legítimo en los temas que son vitales para los católicos. Y hasta la fecha, a pesar de la promesa original hecha por el Presidente, la Casa Blanca no ha hecho nada para resolver ese problema.
Hay que decirlo claramente: Todas las soluciones para una reforma de salud actualmente presentadas al Congreso violan potencialmente, en una forma grave, la dignidad humana. A menos que estas propuestas sean inmediatamente enmendadas para que reflejen las preocupaciones del congresista Stupak, de otros miembros del Congreso que piensan como él, y los líderes de la comunidad católica nacional, los católicos deben oponerse vigorosamente y ayudar para que esta peligrosa legislación no sea una realidad.
Monseñor James Conley y un servidor hablaremos directamente al pueblo de la Arquidiócesis sobre este asunto urgente a través de una carta que será leída en todas las Misas y en todas las Parroquias este fin de semana del 7 y 8 de noviembre. Las parroquias tendrán a su disposición material detallando los temas vitales que siguen pendientes en el debate sobre la reforma de salud, y que urge a los fieles a contactar inmediatamente a sus representantes federales.
El debate sobre la reforma de salud en el Congreso se ha visto enajenado por un cúmulo de afirmaciones confusas, complejas y en ocasiones francamente deshonestas contenidas las 2,000 páginas de legislación que actualmente están tomando su forma final y ya se acerca a su voto. No nos dejemos engañar. Contacte a sus senadores y representantes. Exija que las actuales propuestas de salud sean cambiadas para respetar las preocupaciones católicas y pro-vida. Pero necesitamos hacerlo ahora mismo, esto es de vital importancia.
Información fundamental sobre el actual debate de salud puede encontrarse en: www.usccb.org/healthcare y www.archden.org. Información para contactar a los legisladores federales puede encontrarse en: www.nchla.org o www.usccb.org/action.
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