
En el Año del Sacerdote …
Oremos para que nuestros sacerdotes sean imagen de Jesucristo
Por Mons. Jorge De los Santos
En el momento de escribir estas palabras me encuentro participando en la Convención anual de los Sacerdotes Hispanos en Estados Unidos cuyo tema es "La Identidad del Sacerdote en Cristo". Como parte de la celebración del Año del Sacerdote proclamado, para toda la Iglesia católica, por el Santo Padre
Papa Benedicto XVI.
Mi reflexión se dio inicio con la celebración Eucarística presidida por Mons. John R. Manz, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Chicago, quien haciendo alusión al Año del Sacerdote, dijo que en este año los sacerdotes éramos los festejados, y Mons. Manz agregaba que comúnmente los festejados son los que reciben regalos, pero en nuestro caso el ser festejados no es para recibir sino es la oportunidad que la Iglesia nos presenta para disponernos a una mayor entrega de nosotros mismos, para darnos mejor a Cristo y a los demás, para asemejarnos más a Jesús. El Año del Sacerdote nos impulsa no a recibir sino a entregar nuestra persona a Cristo más y mejor. Mons. Manz nos recordaba que el sacerdote no debe caminar separado adelante del pueblo, ni detrás del pueblo sino caminar con y entre el pueblo, hombro con hombro y en esos momentos recordé las palabras de San Agustén quien decía: por ustedes soy su Obispo, con ustedes soy su hermano.
La lectura del Evangelio de ese día me clarificaba este mensaje divino pues nos narraba el pasaje en el que por el camino los discípulos del Señor discutían entre sí sobre quien de ellos era el más importante, a lo que Jesús les respondió: "quien quiera ser el primero que se haga el último y quien quiera ser el más importante que se haga el servidor de todos". Ésta es una de las características más importantes que debemos cultivar los sacerdotes; el servicio generoso, humilde, entregado. El Señor nos llama a la sencillez de servir y no a la arrogancia de ser servidos. Cristo es el Señor y sin embargo actúa como siervo y que ridículos los hombres cuando siendo siervos queremos actuar como "señores". Repito, debemos ser como Jesús y no lo opuesto a Jesús.
La imagen emblemática de esta Convención de Sacerdotes Hispanos es un sacerdote que de espaldas se encuentra frente a un espejo, y en el espejo no se encuentra reflejada la imagen del sacerdote sino que refleja la imagen de Cristo.
Esta es nuestra identidad, la vida de nosotros sacerdotes debe reflejar ante los demás quien es Cristo. La vida del sacerdote debe ser como lo afirma San Pablo: "ya no soy yo quien vive sino es Cristo quien vive en mí", por lo tanto, los criterios de Cristo Jesús deben ser mis criterios, los sentimientos de Cristo deben ser mis sentimientos y el estilo de vida de Jesús debe ser mi estilo de vida. El Señor nos enseña que nuestra vida debe reflejar un amor y una confianza absoluta en el Padre, en otras palabras, una fe firme, inquebrantable, un amor indiviso, la alegría que nos da el vivir en la esperanza. Jesucristo con su vida nos enseña a ser hombres de oración asidua, que hagan espacio en su interior para que el Espíritu Santo sea quien actúe y no nuestra humanidad tan inclinada al pecado, el sacerdote debe mantener siempre la llama ardiente del Espíritu en su espíritu.
Ser imagen de Cristo también significa que debemos de cultivar las virtudes humanas que descubrimos en Jesús quien elevó nuestra dignidad humana al hacerse hombre como nosotros, cultivar virtudes como la compasión para podernos identificar con el hermano que sufre, que se alegra, que necesita, que da gracias; necesitamos esa humildad y sencillez de Jesús para saber tratar con respeto y dignidad al hermano que se acerca a nosotros muchas veces buscando encontrar a Dios; debemos cultivar la virtud de la comprensión para saber entender al hermano desde su realidad y no desde la nuestra sin necesidad de juzgarlo; debemos cultivar la virtud de la fortaleza para afrontar las adversidades que la vida nos presenta y de la perseverancia para no claudicar en el cumplimiento de nuestra misión que es la misión que Cristo ha dejado a su Iglesia; debemos cultivar la virtud de la generosidad para poder darnos sin reserva a Dios en los demás; como sacerdotes debemos cultivar la virtud de la laboriosidad para poder trabajar sin descanso por el Reino de los Cielos sólo para la gloria de Dios; debemos cultivar la virtud de la fidelidad para no andar en la búsqueda de otros dioses falsos obra de nuestras manos; y la virtud de la templanza para saber controlarnos a nosotros mismos.
Son muchas mas las cualidades que descubrimos en Jesús y que en estos momentos no pretendo enumerarlas todas. Lo que sí quiero dejar en claro, es que el sacerdote siempre debe hacer todo lo posible por ser la imagen de Cristo ante los hombres, y si no es así, si en lugar de buscar a Cristo nos buscamos a nosotros mismos, tengan el valor de hacérnoslo saber.
Absolutamente no somos perfectos, somos humanos que también fallamos y es por eso que siempre habremos de necesitar de sus oraciones. Recen por sus sacerdotes para que cada vez seamos imagen más fiel de Jesucristo, para que seamos servidores fieles del Señor en una íntima unión con Dios. Oren por sus sacerdotes pues ustedes siempre están en nuestras oraciones.