
¿Cuánto vale tu vida?
Los valores en tu vida te ayudan a discernir si tu vida está puesta en lo esencial
Por Luis Soto
Uno de los temas centrales de su Santidad Benedicto XVI en sus años como Sumo Pontífice, ha sido el tema del relativismo. O lo que él llama la lógica relativista de la sociedad actual. Bajo esta lógica relativista, no hay verdades absolutas, todo es negociable, todo depende de la opinión de cada uno o del ángulo desde el cual se mira. La verdad es relativa y por lo tanto, hasta la misma fe en Dios o su existencia se convierte en relativa. Me parece muy claro que este es uno de los problemas fundamentales de la sociedad actual. Un tema que no es nuevo y que fue anunciado por varios filósofos en el siglo XIX y principios del XX. Desde la lógica relativista todo es permitido, todo depende de las circunstancias, de la persona, y de cualquier elemento que se quiera traer a consideración. Nada es pecado, dado que lo que puede ser pecado para uno, no lo es para otro, todo depende de la persona. En otras palabras, bajo la lógica relativista la verdad se diluye, incluso mi propia verdad, si es que existe alguna. Y cuando digo la verdad, me refiero incluso a Aquel que es la Verdad.
La sociedad relativista de la actualidad nos invita a simplemente hacer lo que hagamos por instinto, no por convicción, no porque en ello quepa alguna verdad. Pero está totalmente comprobado que los hombres y las mujeres que llegan lejos en su vida y trascienden, no fueron así. Fueron hombres y mujeres que creyeron firmemente en algo, hasta el punto de morir por ello. Y creyeron que eso era la verdad, aun cuando la mayoría pensara algo distinto.
Quiero aprovechar la columna de este mes para invitarte a que te hagas una pregunta o más de una quizás: ¿Hay algo dentro de ti, ya sea una creencia, una convicción, una verdad, que la consideras superior a las demás? ¿Hay alguna verdad que si alguna vez alguien la maltrata llorarías y harías duelo? ¿Hay algo por lo cual lucharías hasta la muerte para asegurar que se mantenga y se respete? ¿Hay algo por lo cual celebrarías y harías fiesta si se honra o se logra? A veces nos cuesta mucho llegar a esas realidades, pero si lo logras, estarías llegando al corazón de tus valores más íntimos. Cuando decimos que la sociedad actual ha perdido el rumbo, es relativista y le faltan valores, nos referimos a esto, a que ya no hay nada que se considere como sagrado, inviolable, intocable.
Si quieres, haz una pausa aquí y pregúntate, ¿cuales son esos valores, convicciones, que responden a las preguntas de más arriba en tu vida? ¿Es tu familia, son tus hijos, es tu trabajo, es tu dinero, es tu posición, es tu honor, es tu vida, es la vida de todos los hombres y mujeres, es la dignidad de cada persona humana, es el respeto, es la disciplina, es la responsabilidad, es la puntualidad, son tus padres, es tu salud, es la humildad, es el amor, es el éxito, es la justicia, es la solidaridad, es la autenticidad, es la felicidad, es el perdón, es tu fe, es Dios, es Jesucristo? La lista puede seguir…escoge tres o cinco, ahora de entre ellos, trata de poner un orden. ¿Cuál de ellos está por encima de los otros? ¿Cuál es el número dos, tres o cuatro?
Cuando uno tiene claros sus valores, no nada mas los tiene de adorno o para presumirlos, sino que los considera tan grandes y apreciados que los vive día a día. Tener en claro cuales son tus valores superiores te ayudará a tomar las decisiones correctas al momento que se necesite, te ayudará a autodeterminarte y decidir por ti mismo, basado siempre en lo que es importante y valioso para ti.
¿Qué has hecho hoy para demostrar que ese valor que está en la cima de tu escala de valores es apreciado por ti y lo defiendes contra todo y contra todos? O bien, ¿Qué has hecho hoy para demostrar que tal o cual valor, no lo es para ti y no es considerado por ti como un valor? ¿Qué necesitas hacer más seguido para dejar en claro que esto o aquello es un valor importante para ti? El tema de los valores parece ser simple, pero en el fondo, puede marcar tu vida y hacer la diferencia entre ser mediocre o ser persona de convicción y de valor.
Además, cuando encuentres tus valores más íntimos y apreciados, no se trata sólo de disfrutarlos y quererlos de manera egoísta, sino que debes dar la vida porque los demás lo vivan y lo disfruten tanto o más que tú. Hay algunos que dicen, la vida es un valor para mí, pero no lo puedo imponer a los demás. Una lógica que parece interesante, pero que no sale del relativismo. Si la vida, o la familia, o la justicia es un valor para mí, debo hacer todo lo que esté en mis manos para que lo sea para todo el mundo. O como dice una canción “la vida no vale nada si no es para perecer, porque otros puedan tener lo que uno disfruta y ama”, y tu vida y la mía y la de todos nuestros hermanos y hermanas valen, porque están llenas de valor, de valores.