
Dios es Amor ¿Y nosotros los católicos?
Llamados a amar, servir y donarnos todos los días de nuestra vida
Por Luis Soto
Decimos, siguiendo las palabras de San Juan en su primera carta, que “Dios es amor” (1Jn 4,8), no sólo que ama, o es bueno, o practica el amor, sino que ES AMOR. La esencia de Dios es amor. Es el creer en esto lo que es fundamento de la vida del cristiano. Su Santidad Benedicto XVI lo dice mejor: “Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida” (Deus Caritas Est 1). Siguiendo las palabras del Papa, ser cristiano es ser alguien que ha creído en el amor de Dios, en que Dios es amor, y ha optado por hacer presente el amor de Dios en su vida y la vida de los que lo rodean.
Desafortunadamente, el amor se ha convertido en una de las palabras peor utilizadas hoy en día. La usamos para referirnos a sexo, a la felicidad, a telenovelas frívolas, a canciones vulgares, o bien para justificar infidelidades vergonzosas, como la del ya famoso ex-sacerdote de Miami. A nombre de un supuesto amor lastimamos, ofendemos, nos vengamos, engañamos, nos aprovechamos. El amor, degradado a puro sexo, se ha convertido en mercancía de consumo barato.
La verdad es que en todas las definiciones etimológicas que busquemos de la palabra, ésta siempre va a tener una connotación sobrenatural, que va más allá de nosotros, una connotación divina. El amor es ser capaz de ser más de lo que yo soy. Amar es salir de mí y ver en el otro mi bien supremo. El amor es sacrificial, amor sin sacrificio es palabra hueca. El amor tiene que ver con eternidad, no tiene fin. El amor es entrega, don de sí mismo, darse a los demás. El amor es perdón, a pesar de las dificultades para entenderlo, aun cuando no se pueda olvidar. El amor es compadecer, sufrir con el que sufre, llorar con el que llora, reír con el que ríe. El amor es verdad, pero verdad plena, no aquella que depende de puntos de vista. EL AMOR, ES DIOS.
Como cristianos que hemos creído en Dios, que hemos creído que somos criaturas e Hijos de Dios, creemos que somos su imagen. Esto es profundo, somos imagen del amor, dado que Dios es amor. La misión del cristiano en la vida puede ser expresada como ser imagen y semejanza de su creador, Dios. En otras palabras, la opción fundamental del cristiano es luchar día a día por manifestar en nosotros el amor de Dios. Que cuando alguien nos vea o nos escuche, vea y escuche en nosotros al menos una imagen del Amor que es Dios.
Si somos imagen de Dios, nuestra vida debe ser y manifestar lo escrito más arriba sobre el amor. Es decir, nuestra vida debe tener una connotación sobrenatural, debe ir más allá de nosotros mismos, para ser de Dios. Debemos salir de nosotros mismos y ver en los demás nuestro bien supremo; debemos saber que esto que nosotros somos, al ser de Dios, es eterno y sabe a vida eterna; debemos saber que nos realizamos plenamente, dado que realizamos nuestra identidad, cuando perdonamos, cuando nos entregamos, cuando nos compadecemos, cuando vivimos en la verdad, cuando somos imagen del Dios que es amor. El amor es nuestro “ADN”, porque el que nos “inventó”, es amor.
Amar no es una opción para el que cree en Cristo, viene implícito, es parte del paquete de la fe. No puedes decir que eres católico pero que no te importa el sufrimiento de los demás. No puedes decir que eres católico, pero que no te importan las vidas que se pierden por abortos, injusticias o violencia. No puedes dejar que la práctica del amor y la caridad para con el prójimo sea un acto al azar.
Muchos pensamos que haremos un acto de amor con nuestro prójimo si nos encontramos a una viejita que necesita cruzar la calle, o si necesito escuchar a alguien hoy. Pero no es así, el amor debe ser una opción, algo que buscamos hacer en el día a día y no sólo si se presenta la oportunidad.
Por eso es que la Iglesia realiza trabajos a través de instituciones como Caridades Católicas o, de manera más cercana a nosotros los hispanos, a través del Centro San Juan Diego, que este mes cumple 6 años de existencia sirviendo a nuestra comunidad hispana. Es fácil y bello decir que Dios es amor, es fácil y bello decir que creemos en el amor de Dios, pero ¿acaso nos hemos preguntado si nosotros mismos somos y actuamos con amor? Dios es amor, pero ¿Qué tal nosotros? ¿Actuamos y vivimos como seres que son amor, o más bien le damos la espalda al amor? Recordemos que cada vez que vivimos y actuamos fuera del amor, estamos viviendo y actuando fuera de nuestra identidad más íntima. “El que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.” (1Jn 4,7).