Junio 13, 2009
Palabras de apertura:
Foro de Inmigración con el Congresista Jared Polis
Gracias a todos por asistir el día de hoy. Preparemos nuestros corazones por un momento y comencemos con una oración:
Señor, Tu creaste al hombre y la mujer a tu imagen y les diste tu misma dignidad. Nos llamas a cada uno a ser agentes de tu justicia y tu misericordia en el mundo. Ayúdanos a construir una cultura de la vida, una cultura que defienda la vida con reverencia, la vida de los no nacidos, de los inmigrantes, de los pobres, los abandonados, los que sufren y los ancianos. Danos la fortaleza para vivir el evangelio no sólo de palabra, sino con nuestros corazones y acciones. Ayúdanos a perdonarnos mutuamente, a escucharnos y a servir a los que sufren y están en necesidad. Finalmente Señor, en todo lo que hacemos, llénanos del coraje para seguir a San Pablo cuando nos invita a “decir la verdad con amor”. Esto te lo pedimos confiando en tu bondad y en el nombre de tu Hijo, Jesucristo. Amén.
Tenemos mucho que cubrir el día de hoy y en muy poco tiempo sobre este asunto tan importante, así que seré breve. No quiero comenzar sin agradecer al Padre Greg Ames por su generosidad al abrir las puertas de su parroquia para nosotros el día de hoy. El Padre Greg tiene verdaderamente un corazón de pastor y agradezco mucho su apoyo. Quiero también agradecer a los Congresistas Polis y Gutiérrez por su valentía al presentar este asunto de nueva cuenta al público.
La Reforma de inmigración en este país ha estado trabada por más de tres años, y ambos, republicanos y demócratas, han creado esta parálisis. La crisis de inmigración fue creada por los dos partidos, por lo tanto debemos resolverla de la misma manera, involucrando a personas de los dos partidos o incluso sin partido, o aquellos que tienen convicciones distintas. Estoy seguro que el Congresista Polis y yo estaremos de acuerdo que tenemos desacuerdos – fuertes desacuerdos – en algunos asuntos sociales muy serios. Pero esos asuntos no son parte de la agenda hoy. Lo que es parte de la agenda hoy es el encontrar la manera de mejorar nuestras leyes de inmigración. Tenemos un interés mutuo en este trabajo tan importante y respeto la sinceridad y energía del Congresista Polis al tratar de hacer algo al respecto.
Esta mañana celebré la misa en un Congreso Hispano Pro-vida en la arquidiócesis. Sin duda que fue un buen prólogo para esta reunión. El compromiso de la Iglesia Católica con la dignidad del inmigrante, viene exactamente de la misma raíz que nuestro compromiso con la dignidad de los niños no nacidos. Todo católico que verdaderamente entiende su fe, sabe que el derecho a la vida precede y es el fundamento de cualquier otro derecho humano. No hay manera de sacarle la vuelta a este derecho fundamental a la vida. Pero el estar a favor de la vida significa también que tenemos que asegurarnos de que haya leyes y políticas que protejan a aquellos que ya nacieron pero que nadie más defenderá.
En los Estados Unidos le damos trabajo a un grupo de personas que construyen nuestros caminos, cosecha nuestras frutas, limpia nuestros hoteles y poda nuestros jardines. La gran mayoría de estos hombres y mujeres, al igual que millones de inmigrantes antes que ellos, cumplen con nuestras leyes y simplemente buscan una mejor vida para sus familias. Muchos de ellos tienen niños que son ciudadanos americanos, que han vivido en los Estados Unidos por tanto tiempo que no conocen otra tierra. Pero viven en un limbo legal. Ellos son vitales para nuestra economía y aun así, miles de familias han sido separadas por arrestos y deportaciones.
Tenemos que recordar que la manera como tratamos a los débiles, a los enfermos, a los ancianos, a los niños no nacidos y a los forasteros refleja nuestra propia humanidad. Nos convertimos en lo que hacemos, para bien o para mal. La Iglesia Católica respeta las leyes, incluyendo las leyes de inmigración. No promovemos o ayudamos a nadie a que rompa la ley. Creemos que los Estados Unidos tiene el derecho a instituciones públicas serias, fronteras seguras y una inmigración ordenada y regulada.
Pero no podemos ignorar a las personas en necesidad y no nos callaremos ante leyes que no funcionan – o antes leyes que en su implementación crean contradicciones y sufrimiento. A pesar de todo el debate público tan acalorado de los últimos años, los estadounidenses aun nos encontramos en medio de un sistema de inmigración que no sirve a nadie. De manera urgente necesitamos una reforma migratoria que resuelva nuestras necesidades económicas y de seguridad, pero que también regularice el estatus de muchos inmigrantes indocumentados decentes que contribuyen al crecimiento de nuestra sociedad. Tenemos un nuevo congreso y un nuevo presidente en Washington. Ellos tienes la oportunidad extraordinaria de actuar de manera rápida y justa para solucionar este problema.
Nos convertimos en lo que hacemos, para bien o para mal. Si actuamos y hablamos como intolerantes, en eso nos convertimos. Si actuamos con justicia, inteligencia, sentido común y misericordia, entonces nos convertimos en algo muy distinto. Nos convertimos en las personas y la nación que Dios intentó que fuésemos. La actual crisis de inmigración en nuestro país es una prueba a nuestra humanidad. Si la pasamos o no, depende de nosotros. Por eso es que esta reunión es tan importante. Por eso estamos aquí hoy. Y por eso es que espero que todos los aquí presentes participen vigorosa y desinteresadamente en el trabajo para se apruebe una reforma a las leyes de inmigración. El futuro de nuestro país depende de ello.
Gracias y Dios los bendiga.
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