
Jesús y la Iglesia deben ser el centro de nuestras vidas
Por el Exmo. Monseñor James D. Conley
Con gran alegría tengo la oportunidad de dialogar con la comunidad hispana a través de El Pueblo Católico, para compartir mi experiencia como Obispo Auxiliar y como hermano en la fe, en esta querida Arquidiócesis de Denver.
Es difícil de creer que el sábado 30 de mayo marcó el primer aniversario de mi ordenación como Obispo Auxiliar de Denver. Al mirar atrás este año, le agradezco a Dios por su bondad conmigo y por haberme guiado con su mano misericordiosa durante este año de transición. Estoy también agradecido con tanta gente en la Arquidiócesis de Denver, por sus oraciones y apoyo, y por la manera en que he sido bienvenido por todos en el norte de Colorado.
De modo especial, estoy particularmente agradecido con el Arzobispo, Mons. Carlos Chaput, por su paciencia conmigo y por la manera como, con su palabra y su ejemplo, me ha enseñado como ser un obispo. Su liderazgo, su vida de oración y su amor por la Iglesia del norte de Colorado han sido invalorables para mí durante estos últimos 12 meses. Él ha sido un verdadero pastor según el corazón del Buen Pastor, el Señor Jesús, y ha sido a la vez un mentor y un amigo durante este tiempo de transición en mi vida.
Este último año no sólo ha pasado muy rápidamente para mí, sino que también ha estado lleno con muchas nuevas experiencias y desafíos a lo largo del camino.
Debido a que más del 50% de los católicos en la Arquidiócesis son hispano hablantes, el Arzobispo Chaput me pidió que estudiara español, para que pueda ayudarle a salir al encuentro más efectivamente de nuestros hermanos y hermanas hispano hablantes a lo largo de Colorado del norte. Por esta razón pasé seis semanas en febrero y marzo en un curso intensivo de español en Guadalajara, México.
Habiendo vivido yo mismo en un país extranjero por 12 años (Italia), sé cuán difícil puede ser aprender el idioma y las costumbres de una cultura extranjera. Mi experiencia en México fue un tiempo de gracia para mí y me dio una nueva apreciación por la riqueza y belleza de la cultura hispana. Sigo luchando con el idioma español, pero voy mejorando cada día. Ya he presidido dos Misas de Confirmación bilingües, y estoy seguro que tendré muchas más. También he podido rezar Laudes (la Liturgia de las Horas) en español cada mañana con el sacerdote con quien vivo, el P. Bernie Schmitz, Vicario para el Clero, quien pasó 10 años en Colombia en nuestra misión arquidiocesana en Montería. Esto ha sido muy útil.
También tenemos la gracia de contar con muchos sacerdotes cuya lengua materna es español y ellos han sido una gran bendición para mí durante este último año.
A donde viajo a lo largo de la Arquidiócesis de Denver, me encuentro con gente de la comunidad hispana y siempre soy recibido con una calidez y afecto que son motivadas por un profundo amor y respeto por la fe católica. Nuestros tiempos son difíciles en muchas maneras, pero la constante fuente de fuerza y consuelo en nuestras vidas es nuestra fe católica. Jesús y su Iglesia deben estar al centro de nuestras vidas y familias.
Este último domingo hemos celebrado la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. He rezado para que el Señor bendiga a cada uno de ustedes y de sus familias con sus siete dones. Le pido a nuestra Madre, la Virgen de Guadalupe, que así como obtuvo para los apóstoles el fuego del Espíritu, también rece por nosotros para que seamos nuevos apóstoles en este mundo que tanto necesita de nuestro testimonio.
Con la ayuda de la Guadalupana, ustedes, queridos hermanos, deben responder a la misión que Dios les confía como comunidad hispana en esta Arquidiócesis. Sean fieles al tesoro del que son portadores y compártanlo con generosidad.
Por favor, sigan rezando por mí. Espero seguir encontrándome con ustedes en los meses y años por venir. Que Dios los bendiga.