
Reflexiones Pascuales
Por Luis Soto
¿Alguna vez has visto una película dos veces? Da la impresión que no sabe igual, ya te sabes el final. O bien, ¿Alguna ves has visto una película con alguien que ya se sabe el final y te la está contando? ¿Molesta verdad? Queremos vivir la incertidumbre y descubrir por nosotros mismos las piezas que desconocemos para aventurarnos a adivinar quién es el asesino o la culpable. Algo así siento que a veces nos pasa cuando vivimos cada año la Pascua de Resurrección.
Llega la Semana Santa y la vivimos como una película de la que ya sabemos el final. Participamos en los servicios de la Última Cena, los servicios del Viernes Santo y en cierta manera los vivimos confiados con la certidumbre de saber el final. Escuchamos los relatos de la pasión, pero de alguna manera pensamos que en la Vigilia Pascual celebraremos su resurrección, dado que verdaderamente resucitó.
La experiencia de los apóstoles fue totalmente otra. Lo vieron morir, lo enterraron, lo velaron, lo lloraron, se desanimaron, sintieron que todo había acabado, tocaron fondo… Por eso cuando lo vieron vivo, su gozo era tanto. No cabían de júbilo… Los textos nos dicen que no podían creerlo, que estaban atónitos, asombrados, no cabían de felicidad (Lc 24, 41; Jn 20, 20). Varios de ellos dudaron, al grado que Jesús tuvo que echarles en cara su dureza e incredulidad (Mc 16, 14). Sto. Tomás incluso retó la credulidad de los demás y retó al mismo Cristo (Jn 20, 24-25). Pero fue precisamente por esa experiencia de la muerte del Señor y la alegría de verlo resucitado y que fueron capaces de hacer lo que hicieron. Pero fue por las dos, por vivir su muerte y saborear su resurrección.
El Evangelio de San Mateo afirma que lo primero que hicieron después de verle vivo fue seguir sus órdenes y se regresaron a Galilea (Mt 28, 16), lugar simbólico, lugar donde Jesús los había encontrado por primera vez, donde los había llamado a una vida de entrega y seguimiento. En otras palabras y para nosotros hoy, la primera respuesta a la experiencia gozosa del Señor resucitado es ir a Galilea, a tu Galilea, a mi Galilea. Al lugar, el momento, las emociones, las revelaciones, las verdades, las situaciones, las personas, que nos hicieron un día decirle que sí al Señor. Experimentar la Pascua año con año es para todos nosotros, los que creemos en Cristo, recomenzar, de nuevo y con nuevos bríos. Volver al amor de antes, al amor primero (Ap 2, 4).
El Evangelio de San Marcos dice que lo primero que hicieron fue salir a predicar y confirmar lo que predicaban con señales (Mc 16, 20). Para nosotros hoy es el mismo llamado. Si hemos experimentado, pero en verdad experimentado, desde la muerte a hasta la resurrección, la Pascua del Señor, nuestra reacción debe ser predicarlo, anunciarlo, gritarlo, colaborar con él como dice San Mateo. Pero también afirma en la última línea del versículo 20, la última línea del Evangelio de San Marcos, que confirmaban con señales lo que anunciaban con la boca. Qué importante es para aquellos que decimos creer en el Señor Resucitado que lo prediquemos, pero sobre todo que lo confirmemos con señales. Y no hay mejor señal que el testimonio de vida. Si de verdad queremos vivir una Pascua de Resurrección la gente al vernos debe sin duda, decir, verdaderamente Jesús Está Vivo.
En el Evangelio de San Lucas, las reacciones son más variadas. Dice que Jesús les explicó las escrituras (Lc 24, 45). Sería una buena celebración de la Resurrección del Señor el que nos esforzáramos por conocer más y mejor las escrituras para comprenderlo. Cristo Resucitado tiene el poder de, como lo hizo con los apóstoles “abrir nuestras inteligencias” (Lc 24, 45) para comprender el mundo, sus situaciones, sus intenciones, sus dificultades, sus alegrías, sus placeres, de manera distinta. Para comprenderlo a la luz de la experiencia de Cristo Resucitado. Los ojos de aquel que ha experimentado a Cristo Resucitado y cuya inteligencia se ha abierto a esa nueva realidad, ya no ven el mundo igual. Lo ven todo a través del los ojos del Resucitado. Dice San Lucas también que su reacción fue expresar su gozo en el Templo bendiciendo a Dios (Lc 24, 52-53). Quizá deba ser nuestra reacción también, dedicar más tiempo en nuestra comunidad parroquial, sólo ahí se descubrirá al verdadero Jesús Resucitado, en medio de nosotros.
Para San Juan, la conclusión es creer, la Fe. Parece simple, pero sin duda sobrepasa todas. Muchos hablamos de Cristo resucitado y de Cristo Vivo, pero ¿de verdad lo creemos? Si es así, entonces actuemos como cristianos que no sabíamos el final de la película, que estamos dispuestos a encontrarlo, en nuestra propia Galilea; que estamos dispuestos a anunciarlo y confirmar lo que anunciamos con nuestra vida, aun cuando tenga consecuencias no placenteras para nosotros; que estamos dispuestos a conocerle, descubrirle, y que dejaremos abrir nuestras inteligencias y ver el mundo desde los ojos de Cristo.
Si ya te sabías el final, espero haber podido agregarle un nuevo final a la película: nuestra respuesta. ¡Ánimo, Jesús Está Vivo!