
Una madre emprendedora y dedicada
Sandra Muñoz es una mujer atenta a las necesidades de sus hijas y disponible para ayudar a los demás
Sandra Muñoz es de Tamaulipas- México, tiene 45 años, y hace 21 años se casó con José de Jesús Robles con quien tiene dos hijas; Alejandra de 19 años y Guadalupe de 17 años. Hace aproximadamente seis años, Jesús fue transferido por razones de trabajo a Denver, desde entonces toda la familia vive acá y han aprendido a sumarse al acelerado ritmo de vida de esta ciudad sin perder de vista lo esencial: la fe, la unidad y la entrega generosa a la comunidad. El servicio a Dios es la fuente que nutre la vida de esta generosa mujer, quien constantemente sirve como voluntaria en las diversas actividades del Ministerio Hispano en Denver. En esta edición “El Pueblo Católico” conversó con Sandra, Alejandra y Lupita sobre los secretos de cómo esta madre administra su tiempo entre su familia, el trabajo y su servicio voluntario y cómo ha logrado involucrar a sus hijas en su servicio a la Iglesia.
Por Lara Montoya

Sandra ha sido siempre una mujer muy activa, ha ayudado a mantener a su familia desempeñando trabajos de limpieza, asistente de oficina, orientadora familiar, dando clases de Comienzos Brillantes -estimulación temprana en niños de 0 a 4 años-, Escuela para Padres y Madres de familia, así como en programas de salud, trabajos que le han permitido recorrer el estado de Colorado y conocerlo como si fuera su propia casa.
Además, Sandra ayuda constantemente en las diferentes actividades del Ministerio Hispano y El Pueblo Católico, trayendo con ella la mayoría de veces a sus dos hijas, Alejandra y Lupita. “Mi mamá está siempre en todo-señala Alejandra - siempre ha tenido un buen corazón, yo creo que eso la lleva a involucrarse en todo y es hermoso ver como en todos lados siempre da lo mejor”. Alejandra señala que su madre siempre ha sido una mujer luchadora y trabajadora, “gracias a ella tengo las ambiciones que tengo, pues ella nunca se conforma”. Por su parte, Lupita agrega que una de las cosas que su mamá repite constantemente es que “hay que invertir primero para luego disfrutar, ese es su lema y nos lo ha sabido infundir a nosotras”.
Acción y devoción
Pero ¿cómo hace Sandra para que esa energía no se convierta en un activismo y su servicio y dedicación en un descuido a su familia? Sandra lo explica así: “sin la voluntad de Dios, creo que me sería muy difícil coordinar la familia, el trabajo y el servicio comunitario. Es gracias a Dios que siempre he podido acomodar mis horarios de trabajo, de tal manera que no descuido lo primordial, que es mi familia. En cuanto al servicio comunitario, con disciplina y organización he podido usar mi tiempo de manera eficaz, por lo que el realizar servicio comunitario no sólo es un gozo, si no una enorme bendición, ya que siempre es más lo que recibo que lo que doy. Realizar servicio comunitario es en parte compartir con los demás algo de lo mucho que Papa Dios y mi Virgencita de Guadalupe me han dado”.
Y esa disciplina de la que habla Sandra, ha sido una de las enseñanzas que sus hijas más valoran, “en mi casa siempre hubo un sentido muy fuerte de la responsabilidad –comparte Alejandra-, mi mamá nos decía que si queríamos salir, primero teníamos que cumplir con nuestras tareas, y no puedo negar que eso era difícil y a veces duro, yo me acuerdo que me quejaba y le decía que mis amigos no tenían esas responsabilidades, que estaban siempre en la calle jugando hasta tarde. No me daba cuenta del regalo tan grande que era la disciplina que mi madre nos inculcó, pero ahora que veo los frutos doy gracias a Dios por eso, porque ser responsable y disciplinada me ha ayudado en la vida en todo”.
Servicio solidario en familia
Sandra Señala que muchas veces sus hijas la han acompañado en servicios de voluntariado, “esto nos ha permitido el permanecer unidas, conocernos mejor y respetarnos con cualidades y defectos. En muchas ocasiones se me han rebelado, pero ha sido por cansancio o porque su agenda siempre ha sido muy ocupada, pero creo que es la manera en como pido las cosas, con bastante sentido del humor y respeto lo que más las motiva, desde luego creo es también por que han crecido en un ambiente lleno de generosidad”.
Ambas hijas acompañan a Sandra en sus servicios a la comunidad no porque se les obligue a hacerlo, sino porque desde niñas sus padres las han educado en la fe y el amor a los demás. “Dios Nuestro Señor -dijo Sandra- ha guiado nuestros pasos para trabajar en equipo, mi esposo y yo les hemos enseñado y orientado para que puedan crear su propia independencia, crear conciencia de su papel como individuos responsables”. “Mi admiración y respeto a mi esposo Jesús, porque sin su amor y apoyo sería imposible todo lo anteriormente mencionado. Humildemente deseo una vida llena de bendiciones a todas las madres del mundo”, enfatizó finalmente Sandra.