
Colecta Anual del Arzobispo
Mucha gente y ministerios dependen de ello
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.
Cada año alrededor de esta época nos embarcamos en una campaña críticamente importante para nuestra Iglesia local: la Colecta Anual del Arzobispo (conocida por sus siglas en inglés ACA). Estas son las razones por las que es tan importante, especialmente ahora.
Cuando pensamos en la Iglesia usualmente pensamos primero en nuestra propia parroquia. Esto es lógico porque ahí es donde vivimos la mayor parte de nuestra vida como católicos. En nuestras parroquias nos encontramos con Jesucristo en la Eucaristía y en la Palabra de Dios. Ahí es donde las parejas se casan, los bebés son bautizados, los pecados son confesados y las familias se reúnen para los funerales de sus seres queridos.
Pero una comprensión católica de la Iglesia es mucho más amplia que nuestras parroquias. En efecto, cada una de nuestras parroquias es una expresión local de la más amplia Iglesia arquidiocesana y cada parte de esta Iglesia más amplia, ya sea en el rincón nor-oeste de Colorado o en el corazón de Denver, es una parte esencial del Cuerpo de Cristo. La ACA es una forma fundamental para contribuir con esa comunidad de fe que es la Iglesia del norte de Colorado. Nosotros creemos que la Iglesia es la presencia constante de Cristo en el mundo. Nosotros somos llamados como parte de su Iglesia a hacer lo que Jesús hizo y esto puede ser resumido en tres breves puntos.
Lo primero a lo que la Iglesia está llamada es a la Evangeliza-ción; en otras palabras, proclamar a Jesucristo como Señor y Salvador, incluso cuando el mensaje del Evangelio no es bienvenido en el mundo que nos rodea.
La segunda misión de la Iglesia es la de construir una comunidad de fe al interior a través de la educación y la fraternidad.
Lo tercero a lo que la Iglesia está llamada, y que nuestra Arquidiócesis trata siempre de hacer, es preocuparse por aquellos que sufren necesidad, especialmente en estos tiempos de dificultades económicas. Jesús nunca exigió que las personas creyeran en Él para que Él las amara, las sanara ó entrara en sus vidas. Como Iglesia tenemos el deber de ser la presencia de Cristo en la vida de otros, incluso de aquellos que no son creyentes. Esa es la razón por la cual nunca me avergüenzo de pedir ayuda económica a través de la ACA.
El dinero es un medio importante para ayudar a otros. En efecto, los hechos de los apóstoles nos describen a Pedro y Pablo realizando frecuentes colectas para los pobres y para la Iglesia Madre en Jerusalén.
Compartir nuestros recursos es un importante signo de fe. Todos nosotros creyentes, incluyendo obispos, y sacerdotes, deberíamos donar de lo que tenemos a Dios, idealmente el 10% de nuestros ingresos; pero si eso no es posible, por lo menos algún porcentaje que sea regular y que implique algún sacrificio de nuestros recursos personales.
Mientras más generosos seamos con Dios, más nos dará Dios a cambio. Nuestra colecta es literalmente el medio de vida de más de 40 ministerios arquidiocesanos, apoyando de distintas maneras, todo lo incluido desde educación católica hasta nuestros esfuerzos pro-vidas, el ministerio hispano, la formación de nuestros seminaristas y Caridades Católicas. En otras palabras, la ACA es absolutamente vital para el trabajo constante de nuestra Iglesia en el norte de Colorado.
Estoy agradecido por el don de haber sido llamado a servir como su obispo. Debido a este llamado, una de mis tareas es la de invitar a cada uno de ustedes a responder a la acción del Espíritu Santo en nuestras propias vidas. Por favor sean tan generosos como les sea posible este año cuando se les solicite su contribución a la ACA. Muchos, muchísimos valiosos ministerios dependen del éxito de la ACA que implica, en última instancia que dependen de usted y de mí. Qué Dios bendiga su bondad.