
Una Feliz Pascua
La vida: un regalo de Dios que hay que cuidar con gran fervor
Por Rossana Goñi
Son ya más de 10 años que vivo en Denver, y en este tiempo he tenido la oportunidad de conocer a mucha gente que poco a poco ha ido formando parte importante de mi vida. Personas de todas las edades, que con el pasar de los días conozco y quiero más. Personas que Dios ha puesto en mi camino y de quienes he aprendido mucho, con quienes me he enriquecido y sigo enriqueciendome.
En medio de la Cuaresma, camino hacia la Pascua, tuve dos experiencias muy intensas entre estas personas que conozco. Ambas permitieron que profundice en el don de la vida, don que nos viene de Dios.
Todos hemos nacido y todos sabemos –aunque no lo enfrentemos y no queramos recordar- que vamos a morir. Un miércoles tuve la hermosa noticia del nacimiento de la hijita de una muy buena amiga mexicana. La pequeña y tan delicada bebé se llama Gianna María. Nombrada en honor de la gran santa contemporánea italiana Gianna Beretta, conocida también como la “madre coraje”, porque a pesar de saber que, por efecto de un cáncer, estaba en riesgo de muerte al estar embarazada de su hija, continuó con el embarazo y pidió salvar la vida de su hijita antes que la de ella. Y así fue, su hija nació un 21 de abril y Gianna partió una semana después a la Casa del Padre, convirtiéndose años más tarde en un modelo pro-vida para el mundo.
El día que nació la bebé de mi amiga, tuve otra enorme bendición. Visité en un hospicio (lugar para personas que sólo están esperando morir) a una amiga muy querida, una dama norteamericana, que conocí desde que llegué a estas tierras. Estaba dormida alrededor de toda su familia esperando que Dios la llevara a su encuentro. Frágil, muy frágil… al rezar el Rosario al lado de ella, pensé mucho en el misterioso y hermoso don de la vida, ante tanto contraste del día. La veía y era como ver la llamita de una vela que se iba apagando con sólo la brisa del viento.
A ese momento llegaremos todos. De una u otra forma pasaremos por lo mismo. En algún momento cercano o lejano pasaremos también a despedirnos de esta tierra y partiremos a un lugar mejor… si nos preparamos para ello.
El don de la vida es un regalo que viene sólo de Dios. Es Él y sólo Él quien ha dispuesto que estemos aquí “de paso” por un tiempo que podrá ser largo o muy corto. Lo cierto es que nos debemos esforzar por vivir ese tiempo –regalo de Dios– de la mejor manera. Cada día mejor.
Contemplar la delicadeza y ternura de un bebé recién nacido, y al mismo tiempo contemplar la fragilidad de una persona que está camino al Cielo, son experiencias tan opuestas pero tan hermosas a la vez.
La vida nos ha sido dada sólo por un tiempo, y no sabemos cuánto. Lo que sí sabemos es que llegará a un fin. Cuaresma ha sido un buen tiempo para prepararnos mejor para logar la meta anhelada: el Cielo. ¿Cómo llegar ahí? En esta Semana Santa, Dios nos enseña que se hizo hombre, como tú, como yo, para que aprendamos a ser como Él. Esa es la única razón de nuestras vidas, esforzarnos cada minuto por no sólo parecernos, sino SER como el mismo Señor Jesús. La vida es un regalo de Dios que apunta a ser eterno. Sólo depende de nosotros que así sea.
La pequeña Gianna vino de Dios; mi querida amiga ya partió donde Él –tengo esa certeza por el testimonio de vida cristiana que dio a quienes la conocimos-. Dios es el inicio y el fin de nuestra existencia. Todo empieza porque Él lo quiere, y termina porque Él lo dispone también.
De nuestra libertad depende que nuestra vida continúe eternamente junto a Él o eternamente de espaldas a Él.
El estar aquí es un paso, el llegar allá es la Gloria eterna. Junto al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo, a Santa María, San José, y los santos que han llegado a la Patria Celestial.
Nuestra vida nos fue dada y está hecha para la eternidad. Podremos ver el rostro de Dios algún día. No paremos hasta lograrlo.
¡Feliz Pascua de Resurrección!
El 28 de abril es la fiesta de Gianna Beretta, pídele por alguna intención que tengas, sobre todo si se relaciona con el don de la vida.