
Pascua: la gran fiesta de la esperanza
Ella hunde sus raíces en la fe y florece en el gozo
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.
Un amigo alguna vez describió la vida espiritual de esta manera: cada uno de nosotros es un niño con un instinto por la belleza, y Dios quien es la belleza detrás de toda belleza, es la presencia escondida que naturalmente buscamos tocar. Nosotros pasamos la vida buscando esa belleza. Pero la creación es tan hermosa y nosotros somos tan pequeños, que podemos realizar muy poco ... hasta que Dios se inclina para proveernos de un banco para que nos paremos sobre él, entonces nos podremos estirar y tocar Su rostro.
Las piernas de ese banco son la fe, la esperanza y el amor -y estas tres "virtudes teologales" es lo que le pido a Dios para que nos llene de ellas a cada uno de nosotros en este tiempo de Pascua.
Fe, nos da sentido. Los seres humanos fueron hechos con un sentido; sólo la fe nos provee de esto; y sin ello el alma moriría. La fe no es simplemente doctrina, sin embargo, ésta es esencial. La fe no es un sentimiento, o conocimiento, o ley, sin embargo todas ellas juegan un rol vital en nuestra vida de fe. Fe es la certeza que Dios existe y nos ama. Porque se ha revelado a sí mismo de una manera que no deja mucho espacio al desacuerdo - Su presencia palpable en nuestras vidas.
Por su puesto la ironía, como alguna vez escribió C.S. Lewis, es que lo más difícil de creer es algo que acabamos de predicar o defender de otro. Antes de ascender donde Su Padre, Jesús le dijo a Sus discípulos que prediquen y difundan la Buena Nueva. Ese mandamiento nos incluye a nosotros. Pero quitando la verdad a otra persona, deja un lugar vacío en nuestros corazones. La única manera de rellenar ese espacio es retornar a Dios y rogarle por Su presencia. Esta es una razón importante por la que rezamos.
La Esperanza nos da gozo. Todo cristiano tarde o temprano descubre que sus capacidades son muy pobres y sus pecados muy tercos para poder ser el discípulo que el mundo necesita...a menos que el milagro de Pascua sea verdad y que Jesús Resucitado, una vez muerto retorne a la vida, sea real y esté presente en nuestras vidas. La esperanza hunde sus raíces en la fe y florece en el gozo. Al final del día, no hay santos no felices. Pascua es la gran fiesta de la esperanza, y desde la tumba vacía, todos estamos viviendo la mañana de la Resurrección cada día. Somos parte de un triunfo sin fin de la vida - un mensaje que se dice por sí mismo, en este mundo, en contra de una cultura de la muerte. La misión de todo creyente es ser un testimonio de la esperanza - un agente de esperanza.
Finalmente, el amor da vida. El amor de Cristo en la cruz le da vida al mundo en Pascua. Todo amor es fructífero. Todas las vidas de las personas animadas por el amor son fertilizadas y crean nueva vida de acuerdo a su vocación única - algunos en la carne, otros en el espíritu, pero nueva vida. Mientras amemos mejor, más nos convertimos en las manos de Dios, esculpiendo la nueva belleza de una creación redimida. El amor nos lleva a Dios mismo. Y desde nuestros corazones, el amor llama a dos virtudes que surgen de ahí: humildad, que nos permite olvidarnos de nosotros mismos y valorar la dignidad de los demás; y el coraje, que nos permite vivir y hablar de la verdad ... no como un arma, sino como un don. No es suficiente hablar la verdad. Necesitamos, como escribió Pablo, hablar de la verdad en el amor.
La vida espiritual de todo cristiano debería arder de las palabras que Jesús compartió con sus apóstoles en la noche que fue entregado: "Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado" (Jn. 15, 12). El sufrimiento y la muerte de Cristo el Viernes Santo trajeron fruto en nuestra Salvación. Cuando buscamos amar con la intensidad de Cristo - como hicieron los apóstoles; como todo discípulo está llamado a hacerlo- la luz de la Resurrección de Cristo entrará en nuestra familia y empezará a transformar toda vida que toquemos.
Tal amor cambió el mundo alguna vez. Puede hacer lo mismo ahora. Que Dios les otorgue una Pascua bendita - y les dé fe y esperanza, amor, humildad y coraje para vivir la Pascua cada día del año.
Esta columna del Arzobispo Charles fue publicada en la edición de abril de “El Pueblo Católico”, Pascua del 2002.