
“Diferentes maneras para integrarnos"
Una familia bajo el mismo Dios, la importancia de decir gracias
(Conclusión)
Por Luis Soto
El mes pasado escribí la primera parte de esta reflexión. Como dije antes, la pregunta del momento es ¿qué podemos hacer para promover una comunidad integrada, una visión común? Muchos párrocos hoy en día dicen que sienten estar liderando dos parroquias bajo el mismo techo.
Primero, tenemos que entender que el hecho que los participantes de la misa en español no se conozcan o se hablen con aquellos que participan en la misa en inglés, no es nada nuevo. De la misma manera los que participan en la misa de 8 de la mañana en inglés, por ejemplo, no conocen o no se hablan con los que participan en la misa de 10 de la mañana en inglés también. En otras palabras, no es necesariamente esto lo que nos divide, pero si podemos resaltar algunas razones.
Me gustaría mencionar tres elementos que como comunidad católica nos hace vivir un sentido de división o nos hace pensar que estamos divididos:
1) El lenguaje, a pesar de lo escrito más arriba, sin duda que el idioma nos divide. Por supuesto que la uniformidad en el idioma no es el signo de la unidad de la Iglesia, pero sin duda contribuye a desarrollar un sentimiento de división. Mi recomendación es aprender el idioma. Esto es lo mejor, no sólo para nuestra Iglesia, sino para nosotros, familiar y profesionalmente. No debería haber ningún líder de la Iglesia, que dirija así sea el menor de los ministerios o el más pequeño de los grupos, que no hable inglés.
Cada persona que tiene una posición de liderazgo en la Iglesia de hoy debe, por fuerza, hablar suficiente inglés como para comunicarse con su párroco o con quien haga falta sobre su grupo. Esto no es imposible, la mayoría de nosotros somos capaces de comunicarnos en nuestros trabajos. Por necesidad, hemos aprendido el vocabulario necesario para mencionar las herramientas, los materiales, etc. que usamos en el día a día. Lo mismo deberíamos hacer en nuestro ministerio eclesial.
2) Cultura, sin duda que culturalmente somos distintos. Entendemos la vida, la fe, Dios, la familia, la comunidad, la sociedad de manera distinta. Nuestra cultura hispana está llena de bendiciones y grandes valores que nos hacen sentir que lo tenemos todo.
Culturalmente, debemos abrirnos a conocer y valorar la cultura estadounidense. Si la puntualidad es importante para la cultura estadounidense, entonces aprendamos a vivirla; si la organización lo es, aprendamos a ser organizados y planeados, a fin de cuentas nos beneficiará a nosotros; si el cuidado en la administración de los recursos es esencial, seamos capaces de ser administradores.
3) Corresponsabilidad, (digo corresponsabilidad, “stewardship” en inglés, para referirme a nuestras donaciones monetarias a la Iglesia, por supuesto que “stewardship” va mucho más allá que el dar dinero a la Iglesia) para muchos una fuente de división es que los hispanos no contribuimos de la misma manera que lo hacen otros grupos a la Iglesia.
Si algo tenemos que reconocer a la comunidad norteamericana, entre muchos otros valores, es su gran cultura de la generosidad, del dar, de la caridad financiera. Ningún país del mundo da más dinero a obras caritativas que Norteamérica.
Nosotros, como hispanos, debemos romper muchas barreras culturales para poder abrirnos a una actitud de generosidad con nuestra Iglesia. Yo no acepto ni puedo aceptar que las Iglesias que están sufriendo económicamente, o incluso en riesgo de cerrarse, son aquellas que han abierto sus puertas a los hispanos. Si algo tenemos que cambiar, hagámoslo.
En este proceso de promover una visión integrada, una visión de una sola familia bajo Dios, debemos avanzar en estos tres elementos explicados. Sólo lo haremos si tomamos conciencia que nosotros somos la comunidad que ha llegado. Por supuesto que merecemos y debemos ser tratados con todo respeto y ser bienvenidos como miembros de la misma Iglesia católica, pero siempre reconociendo que los que llegamos después somos nosotros.
Sugiero un pequeño paso para tu comunidad parroquial. Qué tal si un domingo los miembros del equipo de liderazgo de tu parroquia, aquellos que hablan inglés, asisten a las misas en inglés de tu parroquia. Piden permiso al párroco para dar un anuncio al final. Se suben y dicen algo como lo que sigue: “en nombre de la comunidad hispana presente en esta parroquia, queremos decirles “gracias”. Gracias porque nos han abierto las puertas de su comunidad parroquial, la comunidad parroquial que ustedes o sus padres fundaron. A veces no hacemos las cosas como ustedes esperan, pero tengan muy claro que queremos ser parte de su comunidad y formar una sola Iglesia con ustedes. Gracias a su apoyo y apertura, nuestros niños aprenden la fe en nuestro idioma, lo cual es para nosotros muy importante. Gracias a su apertura y generosidad, aprendemos a vivir más fielmente nuestra fe católica. Queremos corregir lo que no hagamos bien, queremos ser fuente de bendición para nuestra parroquia, que también la vemos ya como nuestra, trabajemos juntos para formar una comunidad unida”.
Al final de la misa que otros miembros de la comunidad hispana repartan una estampa de la Virgen de Guadalupe con una oración, o una rosa, o una estampa de San Juan Diego.
Me platican después si esto no comienza a romper barreras, incluso las del idioma, culturales o económicas. A veces perdemos demasiado tiempo confrontando y no nos hemos tomado el tiempo para decir gracias, para trabajar en la reconciliación. A fin de cuentas somos miembros de la misma familia, nuestro apellido, hispano o anglo, es el mismo: católico.