Mensaje de Cuaresma
Vive como si Jesucristo fuese verdaderamente el Señor de tu vida
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.
Hace setenta años el gran escritor católico francés, George Bernanos, publicó un pequeño ensayo titulado “Sermón de un agnóstico en la Fiesta de Santa Teresita”. Bernanos amaba profundamente a la Iglesia, pero también podía ser crudamente franco cuando se trataba de él y de los demás creyentes.
Sobretodo, tenía un penetrante sentido irónico acerca de los cómodos, los satisfechos y los mediocres que adoptaban la postura de católicos, ya sean laicos o miembros del clero. En su ensayo, se imaginaba “lo que cualquier agnóstico decente de inteligencia promedio podría decir, si por algún motivo imposible el párroco lo dejaría pararse por un momento en el púlpito el día dedicado a Santa Teresita de Lisieux”.
“Queridos hermanos –dice el agnóstico desde el púlpito– muchos no creyentes no son tan duros como ustedes lo imaginan … pero cuando buscamos a Cristo hoy, en este mundo, los encontramos a ustedes y sólo a ustedes … son ustedes los cristianos quienes participan de la divinidad como lo proclama su Liturgia; son ustedes “hombres divinos” quienes desde la ascensión de Cristo han sido sus representantes en la tierra … ustedes son la sal de la tierra. Entonces, si el mundo pierde su sabor, ¿a quién le echaría la culpa?... El Nuevo Testamento es eternamente joven. Son ustedes quienes están viejos… Debido a que ustedes no viven su fe, su fe ha cesado en ser algo viviente”.
Bernanos tenía poco aprecio por los letrados, orgullosos o religiosos superficiales. Él creía, en cambio, en las pequeñas flores –las Teresitas de Lisieux– que sostienen a la Iglesia y que convierten al mundo por la pureza, sencillez, inocencia y celo por su fe. Ese tipo de fe inocente es un don. Pero es un don que cada uno de nosotros puede pedir, y que cada uno de nosotros recibirá si tenemos la valentía de escogerlo y actuar de acuerdo a ello. Las únicas personas que realmente han cambiado el mundo son los santos. Cada uno de nosotros puede ser uno de ellos. Pero necesitamos querer ser santos, y luego necesitamos seguir el camino que viene con ello.
Bernanos escribió alguna vez que el optimismo del mundo moderno, incluyendo sus “políticas de esperanza”, es como un pasar silbando por un cementerio. Es un substituto barato para una esperanza verdadera y “una forma astuta de egoísmo, una manera de aislarnos de la desdicha de otros”, teniendo pensamientos felices o progresistas. La esperanza verdadera “debe ser ganada. Sólo podremos alcanzar la esperanza a través de la verdad, bajo el costo de gran esfuerzo y mucha esperanza … la Esperanza es una virtud, una fuerza; una determinación heroica del alma. Y la más alta expresión de la esperanza es el vencimiento sobre la desesperanza”.
Sólo lograremos la esperanza a través de la verdad. Y lo que ello significa es esto: desde el momento en que Jesús dijo, “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, el pronunciamiento público más importante que cualquiera puede hacer es “Jesucristo es el Señor”.
El pasado Miércoles de Ceniza marcó el inicio de la Cuaresma. Para nosotros los católicos es un tiempo para ser honestos; tener una mirada firme a la verdad de nuestras vidas. Cada año, Dios nos ofrece este gran tiempo litúrgico de humildad, como una oportunidad para recordar quiénes somos como creyentes, reflexionar sobriamente en nuestras acciones y reenfocarnos en la fuente de nuestra esperanza, la verdadera esperanza para un mundo sangriento y desesperanzado: Jesucristo. Esto lo hacemos a través de la oración, el silencio, el sacramento de la reconciliación, buscando y reconciliándonos con aquellos a quienes hemos herido, perdonando a aquellos que nos han herido, mostrando nuestra generosidad con los pobres y –como nos lo ha recordado de manera especial el Papa Benedicto este año– ayunando, no sólo de alimentos pero de todas aquellas cosas que nos distraen de Dios quien nos hizo y nos ama.
Si nos llamamos cristianos, entonces vivamos de acuerdo a ello. Empecemos hoy con esta Cuaresma, para que la gente que nos vea, vea más bien la presencia de Jesucristo.
La columna del Arzobispo Chaput de este mes fue adaptada de la Conferencia que ofreció el 23 de Febrero en la Iglesia Saint Basil en la Universidad de Toronto, Canadá.
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