
De buñuelos, naranjas y voluntad
Por Abraham Morales
Estuvimos comiendo buñuelos por varios días después de Navidad, (los cuales, no es por nada, pero le quedan muy ricos a mi suegra). Como al tercer día, iba yo a comerme uno más, cuando me percaté que junto a los buñuelos había una canasta con naranjas. Por primera vez en tres días me enfrenté a la decisión de comerme otro delicioso buñuelo, que por muy rico que esté, no es saludable, o por el otro lado comer una naranja, que por muy saludable que sea, no se me antojaba mucho, sobretodo con el friíto y la época de comilonas que nos damos entre Navidad y Año Nuevo. No te voy a decir todavía qué me comí, si la naranja o el buñuelo. Pero lo que si te digo es que estas dos opciones que tuve frente a mi, me recordaron las opciones a las que nos enfrentamos en nuestras vidas.
Sabemos las propiedades de la naranja, sobre todo que es rica en vitamina C. Pero al menos a mi, no siempre me dan ganas de comerme una. Sé que es buena para mi, que además de saludable tiene un buen sabor, que me la puedo comer con chile en polvo para hacerla mas atractiva, etc. Aun así, no siempre que veo una, se me antoja comerla, a veces se me hace una fruta aburrida, y luego hay que “trabajar” antes de comerla, no te la puedes comer como una manzana. Necesitas pelarla o bien partirla.
Por otro lado, estoy consciente que el buñuelo es harina, aceite, azúcar y canela, entre otros ingredientes, que tiene muchos carbohidratos, y que realmente no es saludable para mi cuerpo. Pero a pesar de saber todo, me gana el antojo, el disfrutar de esa comida, y termino comiéndome más de uno.
En esta época del año que nos formulamos propósitos, y que muchos quizá fallemos en dejar un mal hábito o crear uno bueno nuevo (como comer menos postres y más fruta), la clave está en nuestra fuerza de voluntad y cómo la ponemos a trabajar. Me llama la atención que se escriben y se ponen a la venta muchos libros sobre cómo iniciar una dieta, cómo empezar a hacer ejercicios, pero por el otro lado vemos los comerciales de los productos mágicos que con una píldora te hacen adelgazar y que con un aparato de ejercicios novedoso tendrías como por arte de magia el cuerpazo que siempre has querido. Los libros te hablan de un plan a seguir, y es muy bueno. Y los aparatos y productos “mágicos” te dicen que el esfuerzo de tu parte es mínimo. Ninguno de los dos te habla de lo más importante, la fuerza de voluntad que está dentro de ti. Y esa, no se logra de la noche a la mañana. Tener fuerza de voluntad significa optar por lo bueno aunque en apariencia no se vea así. Es dominar nuestros deseos o pasiones y elegir basado en el bien, no en la conveniencia o nuestra preferencia. Yo sé, es bien difícil. Por ejemplo, proponerse hacer más ejercicio. La diferencia entre que lo propongas, lo inicies, y sobre todo que perseveres, está en esa lucha interna entre tus excusas con tu conciencia que te dice que es bueno para ti. A propósito, dicen los que saben, que toma dos semanas el poder desarrollar y establecer un hábito nuevo; así que a echarle ganas a aquello que te hayas propuesto para este 2009.
Y como no siempre es fácil dominar nuestros deseos, contamos con un bello regalo que ayuda a cultivar nuestra voluntad: las virtudes, las cuales nos ayudan a guiar nuestra conducta de acuerdo a la razón y la fe. Las virtudes principales, llamadas cardinales son: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Si cada vez que vamos a tomar una decisión importante, o a veces no tan importante, tuviéramos presentes estos cuatro pilares: ser prudentes, buscar la justicia, con fortaleza y templanza, nuestro mundo sería otro. Y tu y yo también. Sin embargo, vivimos en una cultura de lo fácil y de lo instantáneo. Quick and easy, es lo que se promueve. Entre más rápido y fácil, mejor. Y eso puede hacer que nos olvidemos de lo que es bueno y que tomemos decisiones con pereza, con indiferencia, con egoísmo.
La lucha entre el buñuelo y la naranja es un ejemplo muy simple, pero nos recuerda que así es nuestra vida. Tomamos decisiones a todo nivel, unas de mayor profundidad moral que otras, pero al final casi siempre nos enfrentamos a lo mismo: a que se ve rico y atractivo por fuera, pero que por dentro me hará mal, o a lo que se ve aburrido y sin chiste por fuera, y que quizá su sabor no sea el mejor, pero que por dentro me hará un bien verdadero. Y si hablamos de voluntades, la de Dios es que todos seamos felices. Ese deseo de ser felices Dios lo colocó dentro de nosotros para llevarnos a Él, para que lo busquemos, pues Él es la fuente del Amor y única felicidad completa.
Que ese sea nuestro principal propósito este año, buscar a Dios, y que con nuestra fuerza de voluntad, y su ayuda, logremos también todas esas metas que nos proponemos.
¿Entonces qué crees que me comí cuando me di cuenta que las naranjas estaban a un lado de los buñuelos? ¡Una naranja! Me costó, pero lo logré. Pero te confieso, al ratito regrese por el buñuelo, esta vez sin siquiera voltear a ver a esas infortunadas naranjas que no tienen la culpa de mi debilidad… Pero ya estoy haciendo mas ejercicio ¡Lo prometo!
Paz,
Abraham
Abraham Morales es director asociado del Ministerio Hispano en Denver. Le puedes escribir a abraham.morales@archden.org