
Renovar la esperanza y buscar la justicia
Las leyes de inmigración deben ser justas y equilibradas
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.
La Fiesta de la Epifanía, que hemos celebrado el 4 de enero, da inicio a la Semana Nacional de la Migración que celebramos cada año en la Iglesia Católica. El tema de este año es “Renovando la esperanza, buscando la justicia”. El asunto de la inmigración es importante para nuestro país. Fue un tema controvertido antes de las elecciones, sin embargo, durante la campaña electoral fue apenas debatido. Yo espero que se convierta en un tema de gran y ferviente discusión durante la próxima sesión del Congreso. Es un tema de justicia tanto para los ciudadanos norteamericanos como para los inmigrantes.
Nuestra Iglesia está a favor de una inmigración ordenada y de una reforma integral en la cual nuestras fronteras sean protegidas y todas las personas sean respetadas. Ambos principios son muy importantes para el entendimiento católico de la migración, el cual encuentra su raíz última en la creencia cristiana de que todos somos migrantes en búsqueda de nuestra Patria Celestial.
La Semana Nacional de la Migración es un tiempo para que reflexionemos sobre cuán importante ha sido la inmigración para nuestro país. La mayoría de nosotros somos hijos, nietos o bisnietos de inmigrantes. Y de esta manera ha sido parte de la riqueza de nuestro país el hecho que mucha gente haya llegado con muchos dones desde diversos lugares. No muy distinto a los Reyes Magos que llegaron a Jesús desde diversos lugares ofreciéndole regalos significativos. Es importante reconocer que la inmigración ha hecho próspero a nuestro país. No hablo de la prosperidad económica sino de la riqueza cultural que nuestra diversidad brinda.
Estados Unidos es un país de inmigrantes. Nuestra herencia y nuestra fe cristiana nos obligan a buscar una solución justa a los problemas de nuestro actual sistema migratorio. Nuestra reacción no puede ser de hostilidad ante el inmigrante.
Debemos comprender que nuestro país tiene el deber de proteger sus fronteras, el deber de acoger a quienes inmigran legalmente; y la responsabilidad de enfrentar de manera justa lo inadecuado de las políticas y leyes de inmigración que han permitido que millones de inmigrantes no autorizados, pero trabajadores y honestos, vivan el riesgo constante de estar en las sombras de nuestra sociedad.
Ahora es el tiempo para “renovar la esperanza y buscar la justicia” en una reforma migratoria. Debemos urgir a nuestros nuevos líderes a crear leyes de inmigración y desarrollar políticas que sean justas y equilibradas, tanto para nuestro país como respetando la dignidad de las personas.