
Con inmenso gozo las Hermanas Clarisas Capuchinas celebran 20 años en Denver
Su vida de intensa oración son una bendición para la Iglesia del Norte de Colorado
Por Rossana Goñi (*)
Estoy agradecido por el trabajo de sus manos y corazones”, con estas sentidas palabras, el Arzobispo de Denver, Monseñor Charles J. Chaput, O.F.M. Cap. reconoció la valiosa presencia de las Hermanas Clarisas Capuchinas, quienes acaban de cumplir su vigésimo aniversario de labor y presencia en la Arquidiócesis de Denver.
En la Eucaristía de acción de gracias por el aniversario, Mons. Chaput destacó el testimonio de las hermanas a quienes alentó diciendo que “necesitamos asegurarnos que nuestras vidas encarnen clara y sencillamente el Evangelio vivido por San Francisco y Santa Clara”. El Arzobispo presidió la Eucaristía celebrada el día en que la Iglesia recuerda a Santa Isabel de Hungría, quien según él, con sólo 23 años, murió habiendo hecho mucho en su vida: “esto nos recuerda el trabajo que debemos realizar sin importar cuán mayores seamos”.
Llegada de las Clarisas Capuchinas a Denver
Fue en el año 1988 cuando 10 monjas de clausura procedentes de la ciudad de Guanajuato (México), llegaron a la ciudad de Denver para establecer su primer monasterio en esta ciudad bajo el nombre Nuestra Señora de la Luz. Hoy, 20 años después, con inmensa alegría las Clarisas dieron gracias a Dios por las bendiciones recibidas a lo largo de este tiempo, recordando que fueron invitadas a la Arquidiócesis de Denver por el Arzobispo Chaput, quien en ese entonces era el Provincial de los Capuchinos en esta zona de Estados Unidos. Luego fueron recibidas y acogidas por el entonces Arzobispo de Denver, hoy Cardenal Francis Stafford. Con la llegada de las Clarisas, se completó la presencia de las tres órdenes franciscanas en la Provincia: frailes capuchinos, Hermanas Clarisas y la Tercera Orden Franciscana.
Santa Clara y sus hijas espirituales
La Orden de las Hermanas Clarisas fue fundada por Santa Clara en el siglo XIII bajo la guía e inspiración de San Francisco de Asís. Ella elaboró la regla de la Orden que fue aprobada el 9 de agosto de 1253, sólo dos días antes de su muerte.
Y tres siglos después, en Nápoles, Italia, las Clarisas fueron establecidas como parte de la renovación de la Orden Franciscana. Los reformadores fueron llamados Capuchinos precisamente porque sus túnicas llevaban una sencilla capucha.
Según la Abadesa del Monasterio de las Clarisas en Denver, Madre María de Cristo, Santa Clara es la primera y única mujer, cuya regla escrita explícitamente para una orden femenina, fue reconocida y aprobada por la Iglesia. Esta regla “contempla dos aspectos fundamentales de nuestro carisma –señala la religiosa- la oración y la contemplación”. Así pues, un día en la vida de las Clarisas incluye por un lado, el rezo de la Liturgia de las Horas, tiempo de oración contemplativa, devoción eucarística, participación en la Santa Misa, y por otro lado, tiempo para trabajar. Este trabajo consiste entre otras cosas, en preparar y vender deliciosas galletas de manteca (generalmente más de 80 cajas por semana, mientras que en tiempo festivo llegan a más de 80 cajas diarias). Además elaboran túnicas y mantienen en perfecto estado el Monasterio así como el hermoso Oratorio St. Patrick, que conserva el estilo de las misiones hispanas y que está junto al Monasterio, ubicado en 3325 Pecos St. En medio de la vida de silencio, oración y trabajo, las Clarisas disfrutan también de espacios de recreación entre las hermanas.
La vocación de las Clarisas Capuchinas
El Oratorio St. Patrick, está abierto al público todos los domingos a las 11 de la mañana para la celebración de la Santa Misa, y los jueves, todo el día para la Adoración Eucarística. Asimismo, los jueves de 7 a 9 de la noche, el público en general puede llegar al Oratorio para rezar el Oficio con las hermanas y hermanos capuchinos.
La vocación religiosa de las Clarisas se desarrolla de manera silenciosa y serena dentro del Claustro. Sin embargo, ello no les impide estar al tanto de lo que ocurre en el mundo. Según la Madre María de Cristo, “vemos las noticias en Internet y en la televisión”. Y en ocasiones especiales “vemos televisión, como durante la visita del Papa a Estados Unidos, o los debates electorales”. Además, eventualmente ven el canal católico de la Madre Angélica, EWTN. De esta forma, las hermanas de claustro, siempre se mantienen al tanto de lo que sucede en el mundo y de aquello por lo que deben rezar. También reciben pedidos de oraciones de la gente de la arquidiócesis, tanto por teléfono como por su página web. “Estamos aquí para todas las personas que nos necesiten y somos muy felices de poder rezar por ellas. Ojala todos se sientan cómodos y libres para llamarnos y pedir oraciones por sus intenciones” señalaron las hermanas.
“Y si alguna joven está interesada en nuestra vocación y vida religiosa, que nos llame. Puede venir a visitarnos y tener una experiencia con nosotras” dijo la Abadesa. “La vida de una franciscana incluye la pobreza, la confianza en la providencia, la sencillez y la vida fraterna en comunidad”.
Por otro lado, la castidad y el claustro son signos de la consagración a Dios que realizan las Clarisas. El claustro protege y promueve la intimidad y la paz de una vida entregada a la acción del Espíritu Santo. Asimismo se vive el espíritu de sencillez, que las lleva a vivir sin lujos. Esto se ve claramente en el interior del Monasterio, amoblado de manera sencilla y austera, según su estilo de vida.
Confianza en la providencia divina
Las Clarisas buscan servir a Dios en pobreza y humildad, confiando completamente en su providencia. Ellas viven de los frutos de las labores manuales que realizan en el convento, pero también aceptan con gratitud las donaciones que generosamente realizan las personas. “Hemos tenido problemas con la reparación de algunas filtraciones en el techo del monasterio” dijo la abadesa, quien comentó que actualmente están haciendo una evaluación completa de las instalaciones, algunas de las cuales tienen más de 101 años de antigüedad.
“Tenemos benefactores y amigos que nos ayudan” dijo la Madre María de Cristo quien agradeció mucho la ayuda que reciben tanto en donaciones, alimentos, transporte, y compras de diversas personas y parroquias, tomando en cuenta que ellas no pueden salir del convento debido al claustro. “Estamos inmensamente agradecidas a la Providencia, y seguiremos confiando en ella” dijo la religiosa.
Finalmente, comentando el significado de su vigésimo aniversario en Denver, la Madre María de Cristo dijo: “Para nosotras, éste es un tiempo de renovar el ánimo y dar gracias a Dios por lo que ha hecho en estos 20 años, así como para seguir confiando en sus caminos, con la certeza que Él estará con nosotras los siguientes 20 años, o el tiempo que Él nos quiera aquí”. Se trata de un tiempo para “agradecer, reevaluar nuestra vida y proyectarnos al futuro. Tiempo de reflexión, y de mirar al pasado y al futuro, con mucha esperanza”, agregó. “Nuestro aniversario es un tiempo muy importante para reflexionar, y para continuar en nuestro caminar” concluyó la abadesa.
* La nota pudo ser escrita gracias a la cobertura que realizó Roxanne King, editora del Denver Catholic Register.
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

